cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 24-05-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email
Los largos “tiempos” (I)
30-03-2007, Miguel A. García Puñales

Los largos “tiempos” en el escenario social cubano
Primera parte

Los tiempos sociales parecen volar, existen estudios documentados que demuestran una relación bastante lineal entre el incremento del volumen de la información en cada vez menor tiempo real y la aceleración de los procesos sociales.

A fin de cuentas desde que el hombre fue consciente del valor práctico de la transmisión de conocimientos – en su más amplia acepción- inició de forma también consciente la organización de dicha transferencia; lo que dio lugar a los primigenios sistemas educativos.

En los tiempos que corren y desde la aparición de los medios masivos de información, la comunicación transcurre por autopistas cada vez más veloces, con una tendencia cada vez más acusada a la eliminación de los intermediarios - al menos en las fases intermedias y terminales del fenómeno informativo- aunque justo es decirlo, el control casi monopólico del software permite la aparición de nuevos tipos de manipulaciones.

En el caso cubano, la clase gobernante es consciente que la llamada “Aceleración de los procesos históricos” depende en primerísima instancia del volumen y velocidad de la información y estos no son posibles sin los medios tecnológicos para ello. Con lo que la ecuación se simplifica de forma infinitesimal; limitando la tecnología de los portadores de información en manos de la población y reduciendo al mínimo los emisores, se ralentizará el devenir social encausándolo hacia la meta deseada por los diseñadores de la entelequia manipuladora.

Los motivos están más que claros; la clase gobernante cubana sería feliz si hubiera logrado por arte de magia retener el tiempo en la Cuba de la Guerra Fría; justo en la fase en que nadie escuchaba, es decir en la fase de totalitarismo con un pueblo silente con la mirada alucinada en un “futuro luminoso” existente sólo en discursos y en textos “científicos”.

Fue la etapa en que lograron paralizar el tiempo y se hicieron maestros en la técnica de la desinformación total. Para ello contaban no sólo con el control total del país y los medios sino además con una casualidad de tipo geográfica; nuestra condición de isla.

Durante esos años disminuyeron drásticamente -por falta de reposición- los radios receptores y los que comenzaron a vender tiempo después de factura alemana o soviética, llegaban a manos de la población con los reguladores de banda manipulados.

Teniendo en cuenta la imposibilidad de recepción de emisiones externas en abierto de la señal televisiva, la inexistencia por entonces de ordenadores personales - mucho menos de la Red de redes, verdadera ciencia ficción por entonces- e incluso la limitación de visitantes extranjeros; los reflejos internos de la información mundial eran poco menos que descartables.

No obstante, a pesar de los proyectos de autarquía informativa –que no económica para un país organizado a base de subvención extranjera- era la propia población la encargada de instrumentar vías autóctonas de información. Recuerdo en 1969, en plena zafra de loa “10 millones” como un grupo de jóvenes lograron en un campamento cañero de las provincias habaneras fabricar casi sin recursos una especie de “radio galena” que por obra de un estudiante de telecomunicaciones lograba sintonizar la emisora WQEM y con más frecuencia de la deseada por los comisarios políticos, también la BBC y hasta la VOA. Hoy mi antiguo compañero de estudios se gana la vida en La Habana conectando canales de televisión extranjeros, por supuesto al margen de las disposiciones oficiales.

Los discos y revistas foráneas circulaban gracias a la importación de tales “materiales subversivos” por parte de los marinos y personal de las compañías aéreas. Es que no hay nada como lo vedado para despertar la curiosidad del ser humano y el ansia de conocer al detalle aquello que se le oculta.

Sin embargo eran gotas de agua en un océano de desinformación. En el año 1980 se llegó al punto de inflexión.

Durante años nos aleccionaron en las escuelas sobre la “miseria” que acompañaba la vida del exilio y lo arrepentidos que estaban los “apátridas” de haber tomado la decisión de buscar nuevos horizontes. En una época que recibir correspondencia del exterior marginaba de cualquier posibilidad social, incluido el acceso al trabajo; la información sobre las condiciones de vida de los que se “iban” era más una intuición que un conocimiento cierto.

A fines de los setenta, de pronto el gobierno de La Habana decidió permitir la visita al país de la “comunidad cubana en el exterior”. Ya se sabe que fue un operativo de inteligencia con fines políticos y de recaudación económica, que por cierto manipuló a una buena parte de los que aceptaron el envite. Sin embargo, tuvo consecuencias no calculadas por el régimen.

Absolutamente todos los que viajaban a la isla narraban la realidad de sus vidas y no eran sólo las posibilidades económicas de los más exitosos lo que impresionó a mi generación, era la libertad con que se expresaban y la realidad inexcusable de que se movían en un entorno de independencia para nosotros impensable. De alguna forma se rompía el bloqueo informativo.

El contacto entre familias derrumbó el muro construido tercamente por la dictadura; a partir de esa fecha todo dejó de ser igual. La conocida “olla de presión” cubana cargó vapor. Los sucesos de las embajadas del Perú y Venezuela fueron el detonante.

El ataque de histeria rabiosa del Nerón cubano al retirar la custodia de las mencionadas embajadas, demostró que existían miles, quizá cientos de miles de personas que estaban dispuestas a abandonar el “paraíso” de la forma más expedita posible, ni que pensar en las cantidades que lo harían si tuvieran oportunidad de una salida reglada y sin mayores riesgos.

La apertura del puerto del Mariel comenzó como una nueva versión de Camarioca. Es bueno recordar los aspectos generales de la primera operación de apertura de fronteras:

A mediados de los sesenta (1964), la playa matancera de Camarioca se estableció unilateralmente por el gobierno cubano como origen de un puente marítimo para que los familiares residentes en los Estados Unidos viajaran a la Isla con el fin de trasladar a suelo americano a sus seres queridos. La operación, que tenía como objetivo presionar acuerdos migratorios con el gobierno del norte, tuvo resultados inesperados para la tiranía.

El 1966, un año después de la “operación Camarioca”, además del reinicio del flujo migratorio en los llamados “vuelos de la libertad”, el gobierno americano aprueba la llamada Ley Jhonson, también conocida como “Acta de exclusión cubana”, poniendo en evidencia que detrás del “Telón de azúcar” se encontraban millones de cubanos dispuestos a huir del futuro luminoso que nunca llegaba.

La dicotomía cierre-apertura de fronteras conveniente al gobierno comunista, mantiene desde entonces un ciclo de aproximadamente 15 años entre una y otra apertura (1965-1980-1994); evidentemente se relaciona con un ciclo político-demográfico recurrente, que podría acelerarse en su cuarta versión –quizás para 2008-2009- en dependencia de factores extraordinarios, como la muerte del dictador por ejemplo; nada descabellado de creer si se observa con cuanta insistencia evitan las autoridades cubanas informar la verdad sobre la salud del gobernante (detonante interno) y cuantos recursos han movido las tropas costeras estadounidenses para evitar una oleada masiva de emigrantes a corto plazo .

El ciclo político se vincula a eventos externos de política internacional –algo más de tres ciclos presidenciales en la mayoría de las democracias, incluida la americana- y su consecuente reflejo dentro de la política interna de nuestra nación. Dada la capacidad camaleónica de la tiranía -especialista en mantener el mismo discurso coactivo con variaciones gramaticales recurrentes- le permite ganar tiempo constantemente en su único objetivo de gobierno; mantenerse en el poder absoluto a toda costa, como el boxeador que se abraza al contrario mientras mira al reloj, sobre todo si sabe que la pelea está vendida por los jueces.

El ciclo demográfico se vincula a la reposición generacional, relativamente corta en un país donde la mayoría de edad civil se obtiene a los 18 años de edad, la responsabilidad penal plena a los 16 –incluida la pena de muerte- y que sin embargo mantiene algunas figuras legales –relativas a propiedad y migración- con un límite mínimo de 21 años. O donde es lo mismo, las nuevas generaciones adoctrinadas mediante el dogmático sistema nacional de enseñanza, arriban pronto -demasiado pronto para gusto del gobierno- a la comprensión de la verdadera faz del sistema y pasan al segundo estadío; la simulación para poder sobrevivir. Mientras, esperan “su oportunidad”.

Es el ciclo del escapismo.


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com