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Estados Unidos y Cuba.

21-03-2007, Pedro Corzo

Una Alianza en Disputa.

Esta reflexión me la han motivado, críticas, análisis y cuestionamientos que he estado escuchando o leyendo hace casi cinco décadas y aunque dicen que la verdad es una sola, es evidente que se puede contemplar de diferentes ángulos.

Con frecuencia amigos, personas que estimo y respeto por su dignidad y talento, critican severamente a Estados Unidos en lo que atañe a Cuba. Por eso aquí van mis puntos de vistas que pueden ser tan acertados o errados como los de cualquiera que haya opinado al respecto.

De los cuestionamientos a Estados Unidos en relación con el proceso de lucha contra el régimen totalitario poco tengo que agregar a las justificadas críticas e interrogantes que muchos de mis compatriotas se han hecho en estas últimas décadas. Me sumo a los que opinan que el “Caso Cuba” ha sido evaluado de forma equivocada por parte de las autoridades estadounidenses, pero también estoy entre los que creen que la oposición democrática cubana que se alió a este país en la década del 60 no fue lo suficientemente precisa en aspectos tan importantes como su independencia en la elaboración de los proyectos y la ejecución de los mismos, y creo que no lo fueron porque estaban conscientes de que solo un aliado poderoso podía suministrarle lo necesario para enfrentar un régimen que ya estaba sentado en el regazo del oso soviético.

Me atrevo a comparar la decisión de los patriotas cubanos que en los 60 buscaron la ayuda de Washington sin definir antes ciertos aspectos muy importantes, a la disposición de otros patriotas que en 1901 acataron la Enmienda Platt como un mal menor, porque entendían que aunque fuera de una manera menguada, el país de todos accedía a la independencia.

Por otra parte es también cierto que los que decidieron enfrentarse por su cuenta y riesgos al régimen pro soviético de la Habana incurrieron en errores en la elaboración de sus planes y acciones, aparte de que nunca consiguieron suficientes recursos para oponerse al enemigo. Justo es decir que como si fuera poco, los que se encontraban fuera de Cuba, tenían tras sus huellas a los agentes federales que siempre han tenido bien definidas sus responsabilidades, en eso que los gobiernos califican como Seguridad Nacional.

La alianza de Castro con el Kremlin le dio a su régimen excelentes frutos en lo que atañe a conservar el poder y por otra parte es indiscutible que la asociación de sectores de la oposición cubana a Washington para derrocar la dictadura no fue exitosa, entre otras consideraciones, porque este país tiene leyes que sus dirigentes deben respetar y una opinión publica que sanciona cada cuatro años la gestión de sus gobernantes lo que hace que la ayuda que viene de las riveras del Potomac fluya a veces como tempestuosa corriente y otras como delicado riachuelo en tiempo de sequía. Una diferencia abismal con el Moscú de las utopías, donde un jerarca y su corte decidían a su conveniencia.

La causa democrática cubana ha tenido pocos aliados pero salvo contadas excepciones como lo fue Don Rómulo Betancourt, los cofrades no lo han sido por convicción sino porque Estados Unidos se lo planteó, o el régimen cubano estaba afectando sus intereses. La conducta de la mayor parte de los gobiernos, no digo todos por si alguien me dice que encontró la aguja en el pajar, ha sido de indiferencia en el mejor de los casos y de abierta complicidad en los peores.

Sobran ejemplos que tipifican una conducta favorable al régimen de la isla por parte de gerencias de signos políticos contrarios. Los gobiernos del hemisferio en estas décadas; dictaduras militares o democracias de cualquier signo- democristianos, socialdemócratas, liberales y conservadores- no fueron capaces de implementar una estrategia a favor de los demócratas cubanos. Veamos.

Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en dos ocasiones en representación de un partido socialdemócrata, nunca respaldó un proceso de cambio político en la isla y la dictadura de la Junta Militar de Argentina coopero abiertamente con el totalitarismo cubano. El también dictador Augusto Pinochet en los casi 20 años que duró su régimen nunca prestó apoyo a los enemigos del castrismo. Los supo usar pero no ayudar mas lejos de lo que le convenía.

América Latina no ha sido sensible ante la problemática cubana y otro tanto podríamos decir en relación a Haití. No escuchan ni ven lo que no quieren escuchar o mirar. Un ejemplo son las Cumbres Iberoamericana, una especie de juegos olímpicos de la política, allí solo están presentes los intereses y no los principios que a boca llena proclaman lo dirigentes latinoamericanos. La engavetada resolución de Viñas del Mar es uno de los muchos ejemplos de la gran farsa de una supuesta hermandad de pueblos que la actuación de los lideres hace imposible que se concrete, aunque también amplios sectores populares tienen responsabilidad, porque solo se dan cuenta de lo que significa el castrismo cuando las garras le están acariciando la garganta.

Algunos de los países mas importantes del hemisferio-Brasil, Argentina, Chile- cuando estuvieron bajo dictaduras militares, que se suponían enemigas a muerte del castrismo, ni después, cuando se establecieron en ellos las democracias actuaron a favor del pueblo cubano. Todos hicieron caso omiso de lo que ocurría en la mayor de las Antillas y le dejaron a Estados Unidos la responsabilidad de asumir un papel protagónico en el conflicto del pueblo de la isla con la dictadura, rol que no cesan de criticar pero que ningún país latinoamericano ha estado dispuesto a asumir en la forma, estilo y manera que consideren conveniente y beneficiosa para una transición a la democracia en Cuba.

En lo que respecta a la solidaridad humana, mas allá de casos individuales que sin duda tienen importancia, nunca establecieron una estrategia de protección a refugiados. Solo dos países latinoamericanos instituyeron una política regular para dar patrocinio a aquellos que querían salir de la Isla del Doctor Castro: Venezuela, en los gobierno de Carlos Andrés Pérez y Luís Herrera Campins y Costa Rica. México que tan generoso fue con los exiliados españoles no jugó el mismo rol con los de Cuba, tampoco Argentina que recibió a cientos de nazis que huían de la justicia aliada.

Sin embargo Estados Unidos, a pesar de sus contradicciones políticas y de decisiones que algunos califican como traidoras, ha sido el refugio por antonomasia de aquellos que por cualquier motivo abandonaron la isla. Los gobiernos de este país implementaron una política de estado -en esa época los exiliados o emigrantes, hay de todo, no tenían el poder del voto-, que favorece a las personas de origen cubano concediéndoles la residencia y prestándoles una asistencia social por un periodo de varios meses que satisface ampliamente las necesidades del individuo y su familia.

Curiosamente, salvo excepciones muy puntuales como el presidente salvadoreño Francisco Flores y varios mandatarios costarricenses los líderes políticos latinoamericanos se vuelven enemigos de Castro cuando dejan la presidencia. Solo fuera del poder claman que en Cuba hay una dictadura y que el gobierno de la isla debe cambiar. Cuando gobiernan callan, cómplices por omisión y a veces por participación, en la tragedia de la isla.

¿Dónde están la hermandad y la solidaridad que tan enfáticamente se proclama, la política y la de gente, esa que recibe a refugiados y no deporta a los que han perdido su hogar o pueden ir a prisión en su país, esa que apoya a la oposición democrática cubana sin temer a las reacciones y protestas de los aliados del totalitarismo castrista.

Pero retornemos a Estados Unidos y su política hacia Cuba, sin dudas una gestión plagada de traspiés y contradicciones. Ha sido un error o pecado de ingenuidad el que algunos hayan creído que los gobiernos de Estados Unidos han intervenido en el “problema cubano” por convicción y libre de intereses. Los cambios de estrategias hacia el régimen totalitario siempre han estado relacionado con las fórmulas políticas que mejor se ajustan a los planes de Washington, no a las necesidades de los cubanos que dentro y fuera del país han enfrentado al totalitarismo en estas casi cinco décadas.

Bahía de Cochinos esta fresco en la memoria, la mal coordinada ayuda a los alzados en armas o la contradictoria asistencia al movimiento clandestino de la oposición en la década del 60 y 70. Por eso aquellos que establecen vínculos, necesarios y en ocasiones imprescindibles, con un gobierno y sus dependencias no deben pasar por alto que tienen que procurarse medios propios porque en cualquier momento, cualquier día y en cualquier ocasión esas autoridades, pueden retirarle la escalera.

Pero antes de concluir es un deber mencionar a los muchos estadounidenses, independientemente a los gobiernos que ha tenido este país que se identificaron con la causa democrática cubana cumpliendo prisión, muriendo en combate o ante el paredón de fusilamiento. Ningún otro país tiene un mayor número de sus naturales muertos en Cuba. Aunque este trabajo pretende reflexionar sobre intereses no es posible obviar el coraje, la dignidad y la identificación de muchos estadounidenses con la causa contraria al totalitarismo castrista. Los cubanos también aportaron mucho a este país en su lucha contra el comunismo internacional y ese es un punto que en su momento se debe investigar y divulgar.

En fin, Estados Unidos actúa como lo que es, la nación mas poderosa del mundo. Su gobierno esta para dirigir y conducir al mejor puerto posible los intereses de su pueblo. Reclamar otra cosa, tal vez sea justo pero no tiene sentido. Hay que ser realista, para echar una guerra, ideológica, política o militar uno tiene que ser dueño de su pólvora, virtual o real, pero dueño, no se puede estar a merced de las regalías de las grandes potencias o de aliados que se involucran las mas de las veces por propia conveniencia y en cierta medida, ese ha sido uno de nuestros yerros.

Entiendo. Comprendo. Repito. El hecho que Estados Unidos haya establecido una política hacia el régimen totalitario que en su opinión se ajusta a sus conveniencias, tanto cuando nos dieron armas, entrenaron hombres o en los foros internacionales en los que denuncia la violación de los derechos humanos en Cuba.

También creo que lo que han hechos las republicas de América Latina ha sido también en función de sus intereses, que lógicamente tienen que primar por encima de los nuestros, lo que sucede es que la mayor parte de las veces han sido mudos y sordos a los problemas que padecen los cubanos ante el régimen y no actúan, salvo muy contadas ocasiones, por propia iniciativa en un tema tan controversial para su política domestica como es la dictadura de Fidel Castro.

Es una realidad que optan por el silencio cómplice y aplazan la confrontación permitiéndole a los desestabilizadores de oficio, ejemplos sobran, que se fortalezcan, organicen y generen el necesario caos que solo desaparecerá con la Pax Castrista. Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, son ejemplos de esconder la basura bajo la alfombra, ¿cuantos faltan?.

Pedro Corzo
Marzo
2007


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