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El escritor Julio San Francisco
03-02-2007, Aguila, Nicolás

Palabras de Nicolás Águila en homenaje al escritor Julio San Francisco en el acto de la Fundación Hispano Cubana el 31 de marzo de 2007

Queridos amigos:

Agradezco a la Fundación Hispano Cubana y particularmente al escritor Orlando Fondevila, facilitador de esta tradicional tertulia de los miércoles, el privilegio de poder decir unas breves palabras sobre el narrador y poeta Julio San Francisco.

Nos reúne esta noche la amistad y la poesía. Y aquí estoy sobre todo en calidad de amigo, y no como el crítico que no soy –que no quiero ser—, porque soy demasiado parcial para la neutralidad de la exégesis equidistante.

Julio no ha sido el único caso en Cuba de autor inédito durante ese ‘quinquenio gris’ que ya dura casi medio siglo. Pero fue el primero, cuando no el único, que decidió publicarse él mismo por su cuenta y riesgo. Y un día de 1986 nos sorprendió en La Habana a todos los amigos (y sobre todo a los de la Seguridad del Estado) con un poemario ‘underground’ impreso a mimeógrafo, que era su ajuste de cuentas individual y generacional con el régimen castrista. Una especie de ‘samizdat’ con el sugestivo título de ‘Acrobacia Roja’, que lo dice todo.

Estaban llegando a la Isla los aires frescos de la perestroika. Caían las vendas de los ojos (o las caretas), y de repente los ciegos de ayer empezaban a ver con claridad. El deseo de cambio se convertía en un clamor general. Parecía acercarse el final después de tantos quinquenios destructivos... Muchos fueron incluso más lejos y se quitaban la mordaza, pasando abiertamente a la disidencia.

Julio San Francisco decidió no ser cronista a posteriori, sino reportero in situ, para denunciar puntualmente las violaciones de los derechos humanos del régimen y de algún modo acelerar su fin. Le cabe el mérito, junto a Raúl Rivero y otras valiosas figuras, de haber sido uno de los iniciadores del periodismo independiente en Cuba.

Fundó con Rafael Solano la agencia Habana Press, de la cual fue vicepresidente, cuyo fin era, paradójicamente, reportar hacia el exterior para que la noticia llegara de rebote al pueblo de Cuba. De esa labor a pecho descubierto, bajo el acoso constante de la policía política, saldría el emocionante reportaje en tiempo real sobre las octavillas lanzadas en La Habana por las avionetas de Hermanos al Rescate, mientras la población recogía los volantes y leía el mensaje esperanzador que le llegaba del cielo.

El periodista conoció enseguida el precio que se paga en Cuba por ser independiente. Sufrío persecución política y acoso policial constante. Hasta que finalmente enfermó y tuvo que marchar al exilio en 1997.

Llegado al destierro madrileño, como disidente y escritor de la llamada "generación gaveta", trajo consigo el grueso de su producción inédita que pudo conservar. Pero no se durmió en los laureles y siguío escribiendo poesía y narrativa. Llegó a terminar incluso una novela, aún inédita, que lleva un prólogo de Luis María Anson.

Ha publicado recientemente un excelente libro de cuentos del absurdo ('Nada y otros cuentos del absurdo'), pero antes había reunido parte de su producción poética escrita entre La Habana y Madrid, en el poemario 'Todo mi Corazón y otros Agravios', donde, entre otros poemas de sostenida calidad, descuella "El desterrado", digno de figurar en la más exigente antología de la poesía del destierro cubano.

En "El desterrado", el poeta sufre al vacío la desolación del exilio inicial mientras contempla el mundo circundante de cerca pero desde la distancia infranqueable del desarraigo, sobrecogido más que sentado en un banco del Parque del Retiro:

El parque madrileño que frecuento tiene frío
y yo tengo frío
y el banco donde me siento tiene frío…

El poema abre así con un desgarrador aliento a lo León Felipe, aludiendo a una frialdad que nada tiene que ver con el parte del tiempo. Y luego puntualiza, por contraste con una pareja de enamorados que se pasea por el mismo parque, la verdadera naturaleza de ese frío, hecho de las carencias y querencias del desterrado.

"Las cosas que te perdiste", por otro lado, hace un balance entre irónico y sentimental de la ruptura de la pareja y consigue alcanzar una elevada tensión discursiva mediante el acertado empleo de la reiteración anafórica. Este y otros poemas de 'Todo mi Corazón....' a mi juicio son de una factura muy acabada, tanto por los logros formales como por su integración temática, en el plano del contenido, dentro de lo que constituye un canto desesperado de una voz que clama en el destierro.

Parte de esa producción poética la vi nacer y crecer hace diez años durante mis días madrileños iniciales, cuando Julio San Francisco andaba en busca de un heterónimo y de una cura de reposo, después de la dura prueba que le tocó vivir como periodista independiente dentro de la Isla. Por lo que quizás yo carezca de la suficiente distancia crítica para decir la última palabra sobre su poesía, si nos atenemos a aquello de que no se puede ser juez y parte al mismo tiempo.

Es por eso que celebro que una destacada académica de Universidad de La Sorbona, más distante de su obra y con más autoridad y más afinados instrumentos de medición crítica, haya puesto su empeño en destacar la obra poética de Julio San Francisco en esa prestigiosa institución docente.

Vaya, que al poeta y acróbata del ‘samizdat’ precursor se le lee y estudia ahora en La Sorbona. ¡Enhorabuena, don Julio!


 


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