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1959: ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA
20-01-2007, Pedro Corzo

Qué ocurrió en la sociedad cubana para que un individuo y su corte pudieran asumir el control de la misma sin que aparentemente existiese una organización con capacidad suficiente para imponer un nuevo sistema y menos aún para sostener por décadas un gobierno repleto de contradicciones teóricas y prácticas donde la única coherencia ha radicado en su capacidad de conservar el poder político aún a costa de incumplir la utopía que decía inspirarlo.

Para algunos analistas lo ocurrido en Cuba es producto de una conspiración o algo similar, pero veamos las diferentes hipótesis:

Hay quien plantea que el comunismo internacional patrocinó el proyecto sobre Cuba desde los años 20 y para otros, los poderosos del Potomac al ver que el régimen iniciado en 1959 se asociaba al Kremlin favorecieron tal unión para tener en América Latina una "vidriera" en la que Pueblos y Gobiernos pudieran apreciar el fracaso de tales teorías.

No falta quienes exponen que el pueblo había agotado sus expectativas políticas y que al haber perdido la confianza en sus líderes tradicionales, junto a los perjuicios que al orgullo ciudadano habían provocado los intervencionismos estadounidense, 1898, 1909 y 1933, hacían que en la memoria colectiva de la nación subyacieran niveles de frustración que solo estaban a la espera del momento oportuno para expresarse con extrema sensibilidad y fuerza.

Otros insisten que todo lo que acontece en Cuba es producto de la profunda vocación imperialista de sus habitantes que siempre están en la procura de coyunturas políticas que les permitan proyectarse internacionalmente aunque para ello tengan que involucrar en sus debates internos naciones extranjeras y corran el riesgo de que su soberanía resulte lesionada.

También nos podemos preguntar porqué una isla que era la más próspera del Caribe y que gozaba de niveles de desarrollo económico y social superiores a los de la mayoría de las repúblicas americanas fue escenario de una Revolución extremista que contó con un masivo apoyo popular y que en otros países del hemisferio donde la pobreza, discriminación e injusticias eran más flagrantes no se produjesen acontecimientos semejantes, máxime, cuando muchos de estos países sufrieron después la desestabilización insurreccional que auspiciaba el gobierno castro-comunista que se instauró en la isla.

No pocos -y entre éstos se encuentran fundamentalmente personas comprometidas con el proceso insurreccional y revolucionario que a posteriori se excluyeron- aducen que lo acontecido en la isla es consecuencia del golpe militar del general Fulgencio Batista el 10 de Marzo de 1952 que como una especie de agente catalizador neutralizó, destruyó y engendró fuerzas políticas que desestabilizaron la sociedad provocando junto a la crisis institucional la conciencia pública de que la sociedad demandaba una cura a fondo que erradicase las angustias ético-morales que periódicamente la afligían.

Hay quienes a lo anterior agregan que la sociedad cubana, gracias a los progresos obtenidos gozaba de una población relativamente educada y consciente de sus derechos y que tendía por esos motivos a procurar una mayor justicia para los desposeídos.

Señalan que en la comunidad nacional estaba haciendo acto de presencia un liderazgo emergente de franco carácter progresista, que aunque no compartía los extremismos en los que desde el principio incurrió la Revolución no dudó en sumarse a ésta con la convicción de que el rumbo y la velocidad política podrían ser reducidos en el momento que lo creyesen conveniente. Pecado de ingenuidad y soberbia porque la Revolución los manipuló tanto en cuanto fueron útiles por su fidelidad sin cuestionamiento.

No faltan quienes insisten en que todo lo acontecido es producto de la sincronía, conjunto de acontecimientos que concurren en un momento determinado de la historia, porque consideran que no es razonable que por sus propios meritos un proceso político con un liderazgo caótico en un país de tan limitado peso especifico en los asuntos mundiales lograse un protagonismo relevante y lo conservase por tanto tiempo.

Es posible que los progresos tecnológicos, particularmente en las comunicaciones, hayan jugado una función clave en la ascensión y confirmación de la Revolución y sus dirigentes porque el país tenía una densa red informativa notable por su eficiencia y en esta red se destacaba la televisiva que fue el vehículo más idóneo para difundir el mensaje del Nuevo Orden y hacer conocer a niveles de familiaridad a los líderes del Proceso revolucionario que hábilmente saturaron ese medio y todos los demás que existían en el país.

El posterior control de los medios informativos a través de las coletillas, la censura y la confiscación, junto a una especie de sacralización de la Revolución y los Revolucionarios, fueron factores que también gestaron en las masas populares la creencia de que los líderes no solo eran todopoderosos sino que poseían todos los conocimientos.

Puede ser también que lo ocurrido solo haya sido producto de un ingenioso discurso populista bien salpicado de promesas de justicia social y nacionalismo con sofisticadas dosis represivas que fueron incorporando en la conciencia de la tribu que la unanimidad en el pensamiento y la acción eran claves para sobrevivir y poder cumplir las tareas que la Revolución asignaba.

Pero algunos analistas consideran que fue la represión abierta y descarnada, junto al control económico del país que convertían al gobernante en benefactor o inquisidor según el caso, los factores que determinaron que el gobierno asumiese la dirección total de la nación, sin embargo esto no explica la complicidad por omisión o participación de individuos y sectores de la sociedad que se incorporaron voluntariamente a la materialización del proyecto y que por motivos sociales, filosóficos, económicos y hasta religiosos eran enemigos naturales de lo que se estaba desarrollando en la republica y a los que por sus posiciones sociales y capacidad intelectual les era fácil apreciar lo impropio de muchas actuaciones del régimen y sus lideres.

Es difícil racionalizar por que en 1959, muchos ciudadanos de un civismo activo y comprometido no denunciaron los juicios al estilo del que se efectuó contra Sosa Blanco, el doble proceso judicial a los pilotos, los fusilamientos sin proceso judicial adecuado, el golpe de estado contra el presidente Manuel Urrutia que dirigió Fidel Castro, las injustificadas denuncias y posterior encarcelamiento del comandante Hubert Matos y otras muchas barbaridades que se cometieron sin justificación alguna y que presagiaban lo que vendría después.

No es fácil comprender por que muchos políticos profesionales se sumaron al proceso cuando la mayoría de sus colegas eran discriminados arbitrariamente. Tampoco se entiende porque los consuetudinarios evasores de impuesto decidieron pagarle al fisco y menos aun se razona como avaros propietarios de bienes inmuebles hacían generosas donaciones a organismos gubernamentales. No se concibe por que sectores de ciertas comunidades económicas que estaban siendo afectados en sus intereses de una forma escalonada pero firme creyeron el mensaje gubernamental de que "solo iba a caer la cabeza de quien le precedía."

Es sin duda inaudito que la mayoría de la población respaldase la consigna "Elecciones para que", que aceptase la militarización de la sociedad y no pocos se hiciesen ecos de la consigna, "Esta es tu casa Fidel.

Aspectos de lo antes expuesto pudieron o no haber influido en el período insurreccional y en el posterior proceso revolucionario; es más, tal vez falten otros elementos o simplemente uno que los sintetice a todos, pero sí seria prudente agregar otra hipótesis y esta se fundamenta en el individuo que protagonizó el 1959 del Miedo y la Esperanza -como lo calificara hace varios años el Dr. José Illan en una entrevista en el programa radial "La Peña Azul" que dirige el Dr. Salvador Lew - y que aún tiene en el drama nacional, a pesar de su controversial estado de salud, el papel principal.

Me refiero a Fidel Castro y es que estoy entre los que opinan que la historia es caprichosa, engendradora constante de contradicciones y fenómenos y que su estudio es contemplar un perenne debate entre lo justo y lo injusto en como lo imposible se hace posible tal y como ocurre en el mundo interior del individuo.

La Historia genera sus propios culebrones, novelas intrincadas en la que héroes y villanos actúan por su cuenta independiente de la actuación de los otros personajes y cuando esto acontece la Historia le regala a la humanidad que la realiza personalidades que a veces son excrecencias de sí misma y otras paradigmas de lo mejor del ser humano, pero que tanto uno como lo otro, poseen la capacidad de interpretar las utopías de sus semejantes y sintetizar en su persona la voluntad que puedan albergar sus contemporáneos.

Solo así es posible entender ocurrencias que contradicen el sentido común - el holocausto judío, el apartheid racista los gulak soviéticos y castristas, los genocidios de los hutus y tutsis por mencionar unos pocos acontecimientos de esta época- porque a pesar de su alta criminalidad e inhumanidad logran la participación cómplice de masas enfebrecidas que con su conducta podrían avergonzar a las hordas más primitivas.

Solo creyendo en esa capacidad de la historia de crear sus propias anomalías es posible aceptar racionalmente el poder que disfrutaron, con apoyo popular, Adolfo Hitler, José Stalin, Ayatolah Komeini y Fidel Castro, muestra fiel de los vestidos que es capaz de confeccionar y usar el hombre cuando las aberraciones le poseen.

 


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