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Las Redes de Colaboración (IV)
22-11-2006, Miguel A. García Puñales

Las condiciones en las que ha sabido moverse la dictadura cubana, le otorgan ventaja frente a sus adversarios. Disponiendo de un grupo importante de factores -que hemos analizado en las tres primeras partes de esta serie-, vale decir de apoyos estructurados en sistema; sería inocuo terminar el análisis sin hacer referencia a los mecanismos de formación de bastidores mediante contrapartes que en el ámbito de la alta geo-política internacional contribuyen al sostén del régimen.

Tres son las relaciones “legales” que le permiten al tirano ejercer como manipulador consumado, a saber;

• Las relaciones políticas con otros estados
• Las relaciones de colaboración con organismos internacionales
• Las relaciones económicas


En ese mismo orden abordaremos el análisis, no sin antes advertir al amigo lector que no espere brevedad y mucho menos profesionalidad periodística. Los ensayos que sirven de base para la publicación de la presente serie de artículos abarcan numerosas fuentes de consulta en diversas ramas de la investigación socio-económica, ciencias políticas y en general de las ciencias sociales aplicadas en esa especie de mare mágnum o ajiaco criollo al que suelen denominar “Cubanología”.

Alerto además; en ciertos medios se ha impuesto la moda “políticamente correcta” de aceptar como válidos sólo los análisis coincidentes con determinados patrones prefabricados -a los que prometo dedicar en breve algunas líneas- y entre esas pautas no suelen aceptarse ciertos enfoques de la realidad nacional, la de dentro y la de fuera de la Isla, pues contradicen intereses a veces no identificados muy claramente pero que subyacen a la espera de su cosecha.


Las relaciones políticas con otros estados:

 

Por obvias no nos referiremos a las relaciones con el bloque comunista que cayó con el muro de Berlín, a la manifiesta condición de satélite de la URSS –con la que jugaba a interpretar el papel de hijo pródigo más o menos bravucón- ni a los vínculos mucho más actuales con la China reciclada; ni siquiera a las estrechas relaciones con determinados estados totalitarios, las relaciones entre iguales –por evidentes- son muy conocidas.

Nos referiremos a las relaciones con los estados que funcionan bajo regímenes democráticos, con independencia de su grado de desarrollo económico o a las diferentes integraciones en bloques políticos, económicos o militares, en este caso regionales o globales. Con todos ellos, el gobierno de La Habana ha establecido desde siempre una prioridad en sus relaciones; su vinculación más o menos estrecha con sus estructuras políticas, sobre todo con las estructuras de la sociedad civil –increíble en un estado que desarboló nada más llegar al poder el complejo entramado de interrelaciones sociales que heredó de sus antecesores- aunque en ningún caso haciendo asco a las relaciones con los diferentes partidos políticos de los estados democráticos, especialmente con los de la oposición, no siempre exclusivamente de izquierdas.

Sin embargo, todas esas prioridades se han supeditado a una estrategia a largo plazo, que no sólo funcionó, sino que aún funciona; la estrategia del antiamericanismo. De ella trataremos a continuación.

La bipolaridad política mundial en el período comprendido entre el inicio de la “Guerra Fría”, iniciada desde el mismo fin de la II Guerra Mundial –algunos historiadores la periodizan algo antes- y hasta la disolución del “Telón de Acero”, fue no sólo el escenario de una gigantesca carrera armamentista y pretexto para varias guerras no tan “frías” o de cientos de los llamados “Conflictos de baja intensidad”, fue –todavía lo es- una gigantesca guerra de propaganda política.

En esa guerra propagandística, los Estados Unidos de América fueron perdiendo calidad de imagen, en la misma medida que la estructura satélite de la URSS iba ganando -sobre todo en los llamados países del “tercer mundo”- el prestigio que suelen dar las ficciones y utopías. Los años cincuenta y sesenta fueron básicos en ese proceso, que terminó de cimentarse en los setenta durante la primera guerra cubierta en su totalidad después de la universalización de la señal televisiva; la guerra de Viet Nam.

En ese tiempo histórico concreto, comienza precisamente la dictadura cubana aportando su paletada de arena -que no granito- en la exacerbación del sentimiento antiamericano, que justo es decirlo; adquiere un grado bastante generalizado de universalización desde las plataformas de muchos aliados y beneficiarios de las políticas económicas y de seguridad aplicadas por Norteamérica.

Sobre esa base se establecieron las estructuras de inteligencia política de La Habana, así como la casi totalidad de sus actuales vínculos; pongamos la evidencia de los diferentes estamentos de la clase política europea. Clase política que llegó tarde y en el mejor de los casos con posturas afectadas a las presiones sobre el gobierno cubano para el logro de cambios reales en el tratamiento a los Derechos Humanos y a la crítica situación de ausencia de las garantías propias de un Estado de Derecho.

A lo largo de casi medio siglo ha logrado Castro operar con una ventaja - los primeros treinta años bajo el paraguas directo de una de las dos superpotencias de la época- , la ventaja que representa la continuidad directa en el poder. Por eso sus vínculos han sido siempre y más directamente -tal es el caso de Europa- con las estructuras políticas afines de ámbito territorial y de ser posible con los nacionalismos.

Conocedores de los diferentes mecanismos de formación de gobiernos en los estados democráticos, han preferido trabajar a largo plazo y por la base abarcando en todos los sentidos un cada vez más amplio abanico de estructuras.

Muchas son las figuras políticas que se han vinculado a La Habana desde años atrás, utilizando el mismo sistema que hemos descrito en artículos anteriores como válido para los intelectuales. Hoy en día se cuentan por miles los políticos en activo de diferentes agrupaciones de izquierdas que de alguna forma recibieron apoyo, estímulo e incluso formación en territorio cubano. Sin hacer asco a políticos situados no tan a la izquierda sino todo lo contrario, incluso de relaciones secretas con enemigos jurados.

Sólo de forma anecdótica referiré que hace ya algunos años tuve la oportunidad de ver y tocar una fotografía –al parecer auténtica- de los archivos cubanos, tomada en un aeropuerto militar de Luanda en plena guerra de Angola. En ella se veía claramente un abrazo entre ¡Raúl Castro y Augusto Pinochet! Y estamos hablando de una fecha posterior a 1975 –el ascenso de Pinochet al poder fue en septiembre de 1973- , la referencia documental hablaba sobre cierta participación del dictador chileno en la mediación de los acuerdos de paz en la primera etapa de la ocupación cubana en la nación subsahariana.

Anécdotas aparte es de señalar que por desgracia para los isleños, en el ámbito de la geopolítica mundial, Cuba sigue siendo la llave del Golfo de México, entendido como tal el trampolín a las Américas, sobre todo como un trampolín futuro a los que han sido definidos como el granero, la fábrica, el mercado y los gendarmes mundiales.

Vender la imagen de pequeño país amenazado por la gran nación del norte ha despertado simpatías en todo el orbe, incluso entre los aliados estratégicos de los EE. UU. Mantener relaciones con La Habana, justamente en la dirección contraria a la tendencia de la política exterior americana, sirve entre otras cosas para dar una imagen interior de independencia y poseer una carta adicional a la hora de relacionarse con la superpotencia mundial.

Casi cinco décadas de poder omnímodo dan ventaja evidente a la dictadura caribeña. Las democracias se renuevan de forma periódica, pero sólo las dictaduras totalitarias o las monarquías absolutas disponen del suficiente tiempo para convertir políticas personales en relaciones a largo plazo y dar continuidad lineal a las acciones de inteligencia sobre la clase política de otros estados.

Por otra parte en las condiciones de respeto a las libertades políticas y civiles que caracterizan a los estados modernos, el trabajo a largo plazo de dictaduras como la cubana con actuales o futuras personalidades de la sociedad civil aparentan constantemente ser el fruto de “buenas relaciones” o de “solidaridad”. Por sólo mencionar los casos conocidos del venezolano Hugo Chávez o del cocalero Evo Morales, profundamente vinculados a la esfera de influencia de la Isla, mucho antes de haber saltado a la palestra pública de sus respectivos países; o de otros dirigentes políticos del entorno tercermundista y europeo, estos con formación académica obtenida en sendas becas de La Habana como son los casos del líder indigenista ecuatoriano Antonio Vargas o el actual Secretario General de Izquierda Unida en España, Gaspar Llamazares.

Las posiciones alcanzadas por el estado cubano en el seno de organismos internacionales, le posibilita además maniobrar a su favor teniendo en cuenta los intereses de las contrapartes nacionales, ejecutando a su favor una enorme red de influencias de las que no son ajenas ni los organismos regionales en que participa, -algunos sin correspondencia real con su posición geográfica o política- ni las grandes organizaciones supranacionales, en las que mantiene una participación para nada en correspondencia con sus aportes concretos e incluso en franca contradicción a las disposiciones de las comisiones en que participa.


Las relaciones de colaboración con organismos internacionales.

Uno de los primeros aprendizajes prácticos de la dictadura cubana, pasó por el reconocimiento de las posibilidades que brindan a los estados totalitarios la gran mayoría de las instituciones internacionales. Sólo mencionaré algunas y que conste que se perfectamente que no aportamos nada nuevo, todo es material conocido y que puede ser consultado en numerosos documentos de las propias entidades.

Sólo para poner el ejemplo de ONU y de sus sistemas de organizaciones, empezaré por referirme al apoyo sostenido que obtuvo la isla durante el largo período de la Guerra Fría, por parte de la Unión Soviética y el sistema de estados satélites en todas las comisiones en que participaban, así como en la Asamblea General, el Sancto Sanctorum de lo “políticamente correcto”. .

Posteriormente, a finales de los años setenta la participación activa de Cuba en el engendro geo-político de los No Alineados –que llegó a presidir a partir de la VI Cumbre de 1979- le permitió ampliar relaciones con numerosos estados de su propio entorno y con los cuales no sostenía relaciones desde su expulsión como miembro de la OEA, luego de la invasión de guerrillas cubanas –plenamente demostradas- a la Venezuela de principios de los sesenta; la Venezuela de principios del siglo XXI ya se encuentra invadida sin que el estado “bolivariano” haga nada por impedirlo dada su condición de cómplice beneficiario.

Cuba, como muchos de los estados que integran los supuestos “no alineados” estaba clara y totalmente alineada en uno de los dos bloques de la Guerra Fría -de hecho ha sido el único estado del mundo que ha puesto al planeta a un ínfimo paso real de la guerra nuclear- pese a lo cual no obstante logró avanzar extraordinariamente en los diferentes posicionamientos del sistema de ONU y entidades paralelas. La “capacidad” de olvido en la comunidad internacional parece ser el mejor aliado del Gran Manipulador.

Baste recordar la gran cantidad de años durante los que mantuvo la dictadura cubana influencias en las tomas de decisiones de UNESCO, con permanente presencia en su sede parisina de funcionarios del estado cubano. O la innegable penetración alcanzada en el sistema OMS/OPS.

Ambas áreas se corresponden con los supuestos estandartes de los “logros” revolucionarios, es decir por una parte Educación y Cultura y por otra la Medicina.

Como “abanderado” de la “justicia para los pueblos” ha participado el estado totalitario cubano en la Comisión de Descolonización y de hecho se ha convertido en una especie de miembro permanente de la Comisión de Derechos Humanos, a pesar de que incumple sistemáticamente las resoluciones de dicha comisión.

Es relativamente simple si se tiene en cuenta que la ONU cuenta en su Asamblea General con una gran cantidad de representaciones de gobiernos que distan mucho de ser democracias plenas, incluso son numerosas las dictaduras que participan del alto organismo internacional. No en balde la estrategia de muchos de estos estados, Cuba la primera, consiste en atacar la composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad, prácticamente el único órgano en que no han logrado penetrar en mayoría.
Las relaciones económicas.


Es increíble como el gobierno de La Habana ha logrado también a lo largo de su existencia convertir su participación política en réditos económicos. Primero obteniendo subvenciones a cambio de la conversión de la Isla en un portaaviones soviético y al ejército cubano en una mercenaria legión extranjera, pero a la vez que establecía en occidente una amplia red de influencias mediante discretas inversiones de capitales en terceros países y sobre todo de un desastroso sistema de comercio exterior que han puesto a los cubanos en los primeros lugares entre los habitantes mas endeudados del planeta.

Sin embargo ese escenario se subraya justo en el momento de la caída del Muro de Berlín, aunque desde un decenio antes ya se encontraban inversores extranjeros explorando las posibilidades de un territorio que se vislumbra con un gran futuro en rentas de situación.

La venta de humo siempre ha sido la especialidad del gobierno totalitario, una simple mirada a la deuda cubana, demuestra la capacidad de endeudar el futuro de generaciones enteras de cubanos:
I. CUBA: Deuda en Moneda Fuerte* (Dic. 2004)
Nota: Billón americano = Mil millones
Acreedores por país Deuda (en US $)
Japón (1) $2.331 billones
Argentina (2) $1.967 billones
España(3) $1.765 billones
Francia (4) $1.316 billones
Venezuela (5) $992 millones
China (6) $682 millones
México (7) $480 millones
Italia (8) $447 millones
Reino Unido (9) $371 millones
Alemania (10) $317 millones
Holanda (11) $295 millones
Rusia [deudas de la era post-soviética] (12) $235 millones
República Checa (13) $226 millones
Bélgica (14) $221 millones
Panamá (15) $200 millones
Canadá (16) $90 millones
Austria (17) $79 millones
Brasil (18) $40 millones
Trinidad y Tobago (19) $30 millones
Uruguay (20) $30 millones
Suecia (21) $22 millones
Financiamiento exterior no revelado (22) $258 millones
Otra deuda histórica (23) $893 millones (est.)
*Basado en las tasas de cambio de noviembre 2004, redondeadas al millón más cercano.
TOTAL $13.288 billones (est.)

II. CUBA: Deuda No-Convertible (Est. 2004)
Gobiernos Acreedores Deuda (en rublos transferibles)
Rusia [deuda de la era soviética] (24) 20.848 billones
Rumania (25) 951 millones
Hungría (26) 200 millones
Polonia (27) 70 millones
TOTAL 22.069 billones
Nota: La deuda de la era soviética es sólo entre 1973 (fecha de ingreso oficial de Cuba en el CAME) y la caída del muro. La deuda anterior fue condonada en el momento de agregarse al CAME .
III. CUBA: Deuda Externa Per Capita
Cuba [solo moneda dura]: US $1,176 (est. 2004)
Cuba [incluyendo deuda en rublos]: US $3,100 (est. 2004) [28]

IV. CUBA: Deuda Externa Pre-Castro
Deuda Externa en 1958: US $48 millones [US $315 millones en dólares de 2004]
Deuda Externa Per Capita en 1958: US $7.38 [US $49 en dólares de 2004]
Fuente: CTP.”Deuda exterior cubana”. Abril de 2005.


Sin embargo, si una jugada maestra ha permitido a la dictadura establecer vínculos con el poder real de los estados democráticos ha sido la estrategia de simular un movimiento hacia una supuesta apertura económica. Apertura levemente insinuada a partir de la disolución del “campo socialista” y que ha radicado realmente en atraer capitales hacia las áreas que se suponen como muy rentables en un futuro de “transición” y real participación de la nación en la economía de mercado.

De esta forma ha logrado que importantes empresas –no sólo europeas- asistan al envite de verdaderas inversiones de riesgo, incluso bajo la generalizada modalidad de Joint Venture; lo que permite al estado cubano controlar las inversiones sin necesidad del consabido recurso de nuevas “nacionalizaciones”, al aplicar cualquiera de los conocidos mecanismos monopolistas del capitalismo de estado.

Esta relación progresiva le ha permitido recientemente deshacerse de los pequeños y medianos inversores extranjeros a los cuales ha ahogado con mecanismos retardadores e impagos –algunos grandes grupos financieros también han caído en la trampa, Bancomex, por ejemplo- a la vez que comenzar a utilizar a los grandes inversionistas como grupos efectivos de presión sobre sus respectivos gobiernos.

Alguien dijo alguna vez que no existe animal mas cobarde que un millón de dólares –en los tiempos que corren superado quizás solamente por un millón de euros- por tanto los que han jugado a la carta cubana se aprestan de todas las formas posibles a defender sus inversiones y ello pasa por presionar a sus respectivas clases políticas a mantener “buenas relaciones”, léase cumplir con las exigencias de un gobierno tiránico, a toda costa con tal de mantener no sólo la inversión, sino el posicionamiento supuestamente alcanzado. Aunque para ello pasen por encima de todos los principios en los que suelen sustentarse las sociedades de las que proceden los capitales.

A la probada táctica del débito con impagos crónicos ha sumado la tiranía en los últimos lustros la estrategia de insinuar levemente un movimiento hacia la economía de mercado –insinuaciones declaradamente en retroceso con la última oleada de comunismo ortodoxo- creíble sólo por aquellos que se empeñan en creer a toda costa.

Muchos estados acreedores sueñan aún con el cobro de añejas deudas. El autor de estas líneas escuchó con estupor a cierto embajador latinoamericano, en el ya lejano 1998, argumentar la posibilidad de un voto favorable al régimen de La Habana por parte de su gobierno en cierta comisión internacional, en espera de una solución favorable a una vieja deuda contraída por Cuba con los empresarios del referido país latino.

Si se quiere un ejemplo de manual, ahí está el documento enviado al presidente del actual gobierno español por parte de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, en el que exigen el mejoramiento de las relaciones con el gobierno cubano y establecen literalmente una diferencia entre el cumplimiento de los derechos humanos y los objetivos de las inversiones que efectúan en la isla caribeña.


Conclusiones:

Analizando solo las redes fruto de actividades “legales” del gobierno de La habana, puede entenderse con más o menos claridad el complejo entramado de intereses globales de los que se sirve la más añeja tiranía del planeta. Sólo que esta, enclavada en pleno corazón del mundo occidental, marcará a no dudarlo el destino de las débiles democracias de su entorno y quizás de otras zonas mas alejadas, en dependencia de si la solución a medio siglo de dictadura totalitaria se resuelve mediante una transición democrática verdadera o mediante un continuismo más o menos encubierto.

Claramente la solución al problema cubano es obviamente nuestro, pero ya debieran ponerse las pilas numerosos estados democráticos. Una solución inconclusa a los intereses de la verdadera nación cubana, mantendría a no dudarlo la inestabilidad en la zona y si una cosa ha demostrado la historia con relación a la Isla, es que de una forma u otra ha influido mucho más en asuntos globales que lo que fuera de esperar dada su extensión territorial y población. Aunque claro está, esperar que exista memoria histórica en determinados círculos políticos, es casi como pedir peras a un olmo. Nos toca a los cubanos no olvidar.


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