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Modelaciones para una hipotética “Transición”
14-10-2006, Miguel A. García Puñales

He leído tanto últimamente sobre el asunto que da nombre al presente artículo, que ya me siento abrumado de tantas hipótesis. Modelar el futuro es casi más difícil que adivinarlo y esto último ya de por sí es bien espinoso; el que crea lo contrario que le pregunte a tanto “vidente” pronosticador de tantas “caídas” de la tiranía, descritas a veces con tanta precisión en tiempo y espacio que he llegado a creer que estos adivinos son almas con una especie de conexión mental similar a la máquina del tiempo.

Sin embargo, las “modelaciones” de la hipotética transición cubana, rizan el rizo. Primero, porque salvo alguna que ha sido escrita en tiempo de ficción, todas las demás suelen esquivar el asunto más escabroso, es decir; ¿De verdad alguien cree, que por el simple hecho de fallecer Castro se va a desmoronar el sistema y se pasará automáticamente a una transición? O por el contrario, ¿De verdad alguien supone que todos esos “cambios” escritos sobre papel serán factibles de efectuar obviando lo que nadie puede modelar con un mínimo de acierto? Lo que nadie modela; se da por sentado que ocurrirá de forma espontánea y eso es posible…o no.

En fin, que mientras esperamos que el pueblo se lance a la calle, que los militares se subleven o que simplemente a la muerte del tirano todo se venga abajo como un castillo de naipes, nos dedicamos a hacer cábalas sobre cómo organizaremos la nación, de qué forma la convertiremos de nuevo a la riqueza y hasta cómo reconciliaremos armónicamente a las víctimas con sus victimarios.

A más de uno he oído personalmente en los últimos tiempos, reconocer que tiene aspiraciones políticas concretas; lo cual sería totalmente legítimo si no quedara tanto por hacer antes que nada de ello pueda concretarse, sobre todo si sobre tanta miseria material y moral que existe en el país no se apresuraran ya algunos “madrugadores” a proclamar su candidatura a Padre de la Patria… o a concejal del ayuntamiento de “Palo Cagao”, que en eso de aspiraciones políticas no hay nada escrito.

Por todo ello son de agradecer artículos como el publicado en las páginas de La Nueva Cuba por el Director de la Sección de Cultura, Eduardo Lolo el pasado 5 de enero.

Su análisis, -a partir de las similitudes evidentes entres dos grandes desastres; la situación del país al terminar la guerra contra el colonialismo español y el final por una vía u otra –esperemos- de la dictadura comunista, me ha traído a la memoria recuerdos de anteriores debates en que modestamente participé con argumentos similares, pero sobre todo me recordaron las evidencias que esgrimiera Rafael Díaz Balart en su discurso de febrero de 1999 en ocasión del 40 aniversario de la fundación de La Rosa Blanca.

Tanto en el artículo de Lolo, como en el mencionado discurso, se previene contra la repetición de algo por lo que ya transitó la nación cubana; la descapitalización de su población autóctona a favor de intereses foráneos.

Antes de continuar con los comentarios quisiera citar algunos fragmentos de las ideas de Díaz Balart, tomadas directamente de una edición con copyright de La Rosa Blanca y que me regaló hace algunos años mi amigo Rigoberto Carceller:

“ …Hay que estar preparados, desde aquí y desde ahora, para evitar que - al alumbrar la libertad - vuelva a suceder algo parecido al Tratado de París, firmado entre Estados Unidos y España el 10 de diciembre de 1898, sin permitir a los cubanos -después de un siglo de lucha - participar ni siquiera como observadores. Ese Tratado infame echó las bases para impedir que los cubanos, junto a la soberanía, pudieran obtener también una justa participación al comienzo de la vida económica de la nueva República. Solamente a través de los esfuerzos de todo el pueblo, de la política y de las leyes que hicieron los políticos en los 56 años de República, pudieron los cubanos acceder a la riqueza nacional. En la nueva Cuba libre que se acerca, hay que comenzar desde el principio, asegurando a los cubanos, a todos los cubanos, las oportunidades y facilidades para participar en la vida económica de la República y no solamente en la vida política y social…”

Y no es que me haya dado a estas alturas por creer en profetas – a pesar que la nación debe agradecer a la memoria de Rafael Díaz Balart el haber sido el único que acertó en su evaluación temprana de la figura de Fidel Castro y los males que acarrearía a la ingenua dama del gorro frigio- es que la similitud entre las miserias de la Cuba post Guerra de Independencia y la Cuba post Castro son algo más que una mera coincidencia. Ambas situaciones han sido el fruto de la incapacidad de los cubanos para llevar a buen puerto nuestra vida nacional y concluir con éxito lo que hemos comenzado; dando pie a intereses foráneos para su enriquecimiento a nuestra costa, aunque justo es decirlo, siempre con la complicidad ruin de una parte de nuestros compatriotas.

En las condiciones de una supuesta transición a la democracia –aquí ya me sumo al grupo de los “modeladores”- corresponderá al nuevo gobierno de la nación tomar las primeras y más importantes medidas para evitar ante todo que se consume “legalmente” el despojo que se viene fraguando desde dentro y desde fuera. Que en nombre de la “fraternidad” entre cubanos se legitimen privatizaciones fraudulentas a favor de los personeros actuales del régimen - que de hecho ya ostentan tal condición al enviar a sus familias al extranjero y exportar capitales que se encuentran graciosamente lavados, muchos de ellos en la geografía europea o latino americana y es casi seguro que también en territorio norteamericano- , que en nombre de las “buenas relaciones con otros estados” se vayan a admitir las transferencias del patrimonio nacional gestadas como botín de posicionamiento aventajado de numerosas compañías extranjeras.

Compañías que no han dudado ¡incluso! en manifestar públicamente su apoyo a la dictadura mediante el simple procedimiento de separar sus negocios del mantenimiento de los convenios internacionales de Derechos Humanos, Derechos Civiles y Sindicales apartándose de una actitud corporativa responsable e incluso ejecutando en sus instalaciones las órdenes directas de la Seguridad del Estado cubana, violando derechos inalienables de las personas.

Por otra parte de todo lo malo que heredará el gobierno que se erija por decisión democrática, existe un elemento pernicioso en sí mismo que se transformará en positivo; heredará el control total de los recursos de la Nación y estará en condiciones reales de legislar leyes y establecer tribunales que las hagan cumplir, estableciendo las restituciones de propiedades a quienes correspondan legítimamente o en su defecto creando las vías de indemnizaciones allí donde ello sea imposible en la práctica, pero por sobre todas las cosas creando las condiciones para capitalizar el trabajo pretérito de la población cubana.

Uno de los argumentos fundamentales de los “mesa redondistas” de La Habana para sembrar el miedo y la desconfianza entre la población, lo ha constituido desde siempre el problema de la propiedad inmobiliaria urbana. Algunos debates hemos tenido por estas tierras sobre ese aspecto con algunos defensores de la restitución de propiedades por la vía de la expropiación a ultranza. Publiqué un artículo sobre ese asunto en el número 11 de la Revista Hispano Cubana y algunas satisfacciones he tenido cuando he confirmado similares puntos de vista entre numerosos analistas.

El artículo sobre el Tratado de París al que he hecho referencia más arriba es uno de ellos. No se puede reconstruir la nueva República despojando a la población del único bien acumulado del fruto de su trabajo –que conste que no me estoy refiriendo a las mansiones de lujo de los personeros del régimen o inversores extranjeros que han adquirido propiedades en litigio- porque ese bien –cobrado más de una vez en su totalidad por el estado trasgresor- será el que le permita a una parte importante de la población contar con medios de aval para sus iniciativas emprendedoras.

Las condiciones socio-económica que se heredará de la actual dictadura; el nivel de marginalidad económica –tanto más cruel cuando se ceba en una población con un nivel alto de instrucción y por tanto totalmente consciente de la profundidad de su marginación- sólo se solucionará si a los cientos de miles de técnicos y profesionales formados se les facilitan las vías para el ejercicio creativo de sus profesiones, si a los sectores raciales históricamente arrinconados se les inserta realmente en la vida nacional, si a la mujer se le facilitan los mecanismos reales de igualdad –y no sólo se simula detrás de algunas leyes o estructuras sociales favorables, mientras se esconde nacionalmente el flagelo del maltrato femenino, oficialmente desconocido en la actualidad por la tiranía e incluso no reconocido como tal por la población ¡incluyendo a las afectadas!- en fin, si al común de los ciudadanos no se le brindan las oportunidades reales para vivir decorosamente de un trabajo con altos índices de productividad, mediante una política inteligente de inversiones de capital y creación de empleo.

Todo ello será posible si la Nación y sus riquezas retornan a las manos de la Sociedad Civil, con un estado eficiente, pero con un aparato de gobierno mínimo; trasladando a los territorios concretos la posibilidad de gobiernos locales eficientes y estimuladores de la actividad privada, mejorando aquellos elementos de seguridad social que garanticen la estabilidad y la atención a los sectores de menores ingresos, creando de nuevo una numerosa clase media, transformando al país de un estado de miseria generalizada hacia una estado de bienestar.

Pero para ello, estimados compatriotas, PRIMERO se debe producir el cambio, ¡necesariamente pacífico!, la guerra civil no es una opción sino para los más orates sueños castristas. Sin una presión interna y externa REAL, difícilmente creo que se pueda lograr y no se solucionará sólo con llamamientos. Los que están dentro de la Isla carecen de acceso real a la información y en todo caso interpretan los llamamientos grandilocuentes del exilio - en el mejor de los casos- como una utopía de quien se encuentra a buen resguardo del peligro y con las necesidades básicas satisfechas.

Ninguna modelación tiene valor real si no cuenta con los medios para su materialización y la modelación del cambio es AHORA, después ya será tarde y los medios para su materialización deben concretarse también en este momento. Las fuerzas interesadas en evitar un cambio real hace mucho tiempo que han puesto en marcha su maquinaria y probablemente la muerte del tirano nos coja de sorpresa a todos, mientras nos entretenemos en llenar cuartillas o en enfrentarnos unos con otros y si perdemos ese momento catalizador, si no sabemos dirigir nuestras acciones en el minuto preciso, entonces es probable que tengamos que desechar la esperanza.

Cuatro o cinco maniobras estratégicas serían suficientes para afianzar como gobierno a la línea continuista; que a cambio de retroceder como cabeza de la subversión hemisférica, reintegrar propiedades de ciudadanos norteamericanos y dar garantías de convertirse en barrera segura para el tráfico de drogas o el tránsito terrorista hacia la Unión americana –ejército tiene de sobra para ello- amén que de evitar una más que probable explosión migratoria, recibiría el probable beneplácito “hasta de Dios” para “legalizar” el despojo de una nación. Bajo la égida de una camarilla de este tipo, -“reconvertida” al estilo ruso- no sería difícil simular un estado “democrático”, con constitución incluida y población educada por más de medio siglo en la simulación, la doble moral y el oportunismo político.

Que no se repita el Tratado de París depende de los buenos cubanos, aunque desgraciadamente, cuando los pueblos tienen mala memoria, la historia suele repetirse.


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