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Esclavos cubanos en Curazao
13-10-2006, Aguila, Nicolás

Curazao era en el pasado, para la mayoría de los cubanos, apenas una marca de licor. Hoy en cambio representa un lugar de destino en el Caribe para centenares de cubanos que acuden a esa isla no en calidad de turistas, sino como trabajadores ‘cooperantes’. O sea, como parte de la fuerza de trabajo barata exportada por el régimen de Castro a todos los continentes. Un fenómeno que ya se conoce como ‘esclavitud posmoderna’.

En la Segunda Conferencia del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba (GIRSC), celebrada en la sede española del Parlamento Europeo en Madrid entre el pasado tres y cuatro de mayo, el problema de la sobreexplotación de los trabajadores cubanos, tanto en el país como en el exterior, por parte de empresas extranjeras en connivencia con el régimen de La Habana, fue la nota dominante en los debates que se llevaron a cabo esos dos días bajo el lema “los derechos laborales también son derechos humanos”.

Olivia Ocampo, activista cubana pro derechos humanos en Curazao, conmovió al público al rendir un detallado informe sobre las condiciones infrahumanas a las que cientos de cubanos se han visto sometidos en esa isla del sur del Caribe. Como trabajadores no contratados directamente, sino a través de una agencia reclutadora gubernamental con base en La Habana, reciben una paga extremadamente baja mientras que el gobierno cubano se queda con la mayor tajada, apropiándose de más del 90 por ciento de su salario.


Durante años, la señora Olivia Ocampo ha demostrado ser una defensora incansable de los cubanos ilegalmente subcontratados, sin derechos sindicales ni protección legal de ningún tipo, en los muelles y astilleros de Curazao, donde son sometidos a jornadas con frecuencia hasta de catorce horas, incluyendo fines de semana y días festivos.

Simplemente trabajan como esclavos.Y como esclavos, viven y duermen hacinados en albergues colectivos sin el menor confort. Sus condiciones de vida recuerdan los barracones esclavistas del siglo XIX, sin las más mínimas normas de higiene, especialmente en el peculiar ‘comedor obrero’ que les improvisaron a la intemperie con mesas plegables para exteriores donde el personal encargado de los suministros deja de un día para otro los alimentos expuestos a insectos y roedores.

Esta joven y valerosa activista ha denunciado en diversos foros los abusos sistemáticamente cometidos contra sus compatriotas que laboran en Curazao, cuyos pasaportes son celosamente retenidos por las autoridades consulares cubanas a fin de evitar cualquier defección en busca de libertad. Su estado de indefensión se agrava más aún a través del control y vigilancia del ‘personal de apoyo’ --nombre eufemístico que les dan a los agentes de la policía secreta que siguen todos los movimientos y contactos sociales de los ‘cooperantes en el extranjero’.

Pero a pesar de esa vigilancia paranoica, se han producido varios casos de defecciones (deserciones, en la jerga castrista), en los que ha tenido un papel decisivo la activista Olivia Ocampo, quien por otro lado ha sabido plantar cara a las autoridades locales cuando han intentado deportar a cubanos que solicitan asilo político. Su apelación a la mediación de ACNUR (agencia de las Naciones Unidas para los refugiados), así como el apoyo recibido de organizaciones sindicales en terceros países, ha impedido la repatriación de algunos cubanos que de lo contrario hubieran corrido una suerte incierta a manos del régimen de Castro.

“Lo que pasa es que me identifico con la vida y la suerte que corran ellos, porque yo también fui ‘un ciervo herido que busca en el monte amparo’”, confiesa Olivia, una graduada de letras que como buena cubana cita versos de José Martí. Y recuerda que, siendo adolescente, se vio obligada a realizar labores agrícolas de acuerdo con el programa de enseñanza ‘revolucionario’ aún vigente en Cuba hoy en día, conocido oficialmente como “Plan la escuela en el campo”. Lo que simple y llanamente significa que todos los estudiantes de la enseñanza media deben alternar las actividades en el aula con trabajo agrícola no remunerado cuatro horas al día, ya sea por la mañana o por la tarde.

El abuso y la explotación infantil a través del trabajo obligatorio en las escuelas resultó uno de los temas candentes planteados por diversos representantes de las organizaciones del exilio cubano en esta segunda conferencia del GIRSC. De modo que los comentarios de Olivia Ocampo aportaron un valioso trestimonio basado en su propia experiencia como estudiante en Cuba, señalando numerosos casos de acoso sexual por parte de profesores y de niñas con urgencias menstruales que eran obligadas a trabajar en el campo sin la menor protección sanitaria.

Olivia es sin duda un siervo herido que se ha curado mediante su activismo tenaz y valiente. Su denuncia constante de la explotación laboral en Curazao ha dado a conocer internacionalmente el caso, pero no ha logrado ningún mejoramiento significativo en la situación de los trabajadores cubanos en esa isla. Sin embargo, no por ello ha desistido en su lucha a favor de los derechos humanos y laborales en el lugar donde ella y su familia han decidido libremente fijar su residencia.

Curazao, al igual que Aruba y Bonaire, es una de las llamadas islas ABC en las Antillas Holandesas, con gobierno propio pero pertenecientes al Reino de los Países Bajos. Y como tal, tiene la obligación de observar las mismas normas de contratación y protección de los trabajadores que en la Unión Europea.

Liduinne Zumpolle --prestigiosa personalidad invitada a la conferencia del GIRSCC en su condición de presidenta de la organización Cuba-Futuro radicada en Holanda-- prometió elevar el caso sin dilación a distintas instituciones holandesas y europeas.

Pero, entretanto, Olivia Ocampo merece no sólo el mayor crédito por su posición firme y valiente en contra de esta nueva forma de esclavitud moderna. Dado que sobre ella y su familia pende la amenzaza real de posibles represalias y chantajes por parte de agentes encubiertos y cómplices del castrismo, merece asimismo el apoyo solidario de todos los que aman la libertad y se oponen a cualquier forma de opresión y esclavitud. Los derechos laborales también son derechos humanos.


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