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Elecciones en Brasil: Alckmin pinta favorito para segunda vuelta
05-10-2006, Aguila, Nicolás
Todavía falta un mes para la conclusión de la contienda electoral en Brasil, pero el resultado más significativo de los comicios del pasado domingo es que el candidato socialdemócrata Geraldo Alckmin (PSDB) se encamina a la segunda vuelta electoral como el favorito.
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Alckmin emergió de esta primera vuelta como el gran vencedor, mientras que el presidente brasileño y candidato por el PT, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, ha resultado el gran perdedor con todo y haber obtenido el mayor número de votos.
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Si hace poco más de una semana Lula contaba con el 59 por ciento de las intenciones de voto, frente al 31,8 por ciento de su adversario tucano (socialdemócrata), esta diferencia de más de 28 puntos porcentuales se redujo en la primera vuelta a menos de siete (48,61 % de Lula contra 41, 64 % de Alckmin).
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La caída en picada de Lula se debe al estallido, días antes de los comicios, del enésimo escándalo de corrupción de un gobierno que llegó al poder prometiendo probidad y regeneración y ha hecho todo lo contrario. Nada menos que a un grupo de cercanos colaboradores, incluyendo a su jefe de campaña, se les ocurrió comprar un documento falso (dossier) que implicaba en una supuesta trama de corrupción a su rival Alckmin y al candidato José Serra (PSDB), que ganó por amplio margen la gobernación de Sao Paulo en esta primera vuelta.
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Increíblemente, Lula se desmarcaba de este nuevo escándalo en el que otra vez se veían envueltos algunos personajes de su entorno íntimo. ¿Será posible que el Presidente no estuviera al corriente de las fechorías de sus hombres de confianza que utilizaban dinero negro con el fin de denigrar a sus rivales mediante una operación fraudulenta? O el compañero Lula está faltando a la verdad, o es tan incompetente que no se entera de lo que pasa ante sus ojos. Parece ser lo primero, pero en cualquiera de los dos casos queda claro que no está apto para ocupar la silla presidencial.
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La oposición, que para algo es oposición, lo atacó por ahí. E inmediatamente el candidato del PT sacó a relucir su pedigrí sindicalista acusando a la élite de querer desbancarlo del poder. Y aunque cueste creerlo, su lamento de antiguo obrero nordestino caló en el ‘povâo', o sea en el pueblo sencillo y humilde que desea seguir creyendo en uno de los ‘suyos’.
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Así y todo seguía como el incombustible favorito de todas las encuestas a pesar del ‘escándalo del dossier’, mientras que nadie le arrendaba las ganancias al socialdemócrata Alckmin, tachado de gélido y poco carismático. Y peor aún, de neoliberal, que es como decir la peste en los círculos intelectuales y académicos del Brasil.
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Así que, confiado en su holgada popularidad de cerca del 60 por ciento, el Presidente daba por hecha su reelección a la primera y optó por no asistir al debate por televisión junto a los demás candidatos. ¿Para qué someterse a preguntas incómodas de parte del tucano pesado, o de los otros dos candidatos de la izquierda ‘inmaculada’ que están al frente de sendos partidos disidentes del PT? ¿Para que le recordaran que ya son muchos escándalos y que todos le pican muy cerca y que lo único que hace es rasgarse las vestiduras y hacerse el sueco? Para eso, mejor se iba a una fábrica a dar un mitin obrero, que ahí es donde él se siente en su elemento. Y eso fue lo que hizo, escurriendo el bulto.
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Muy caro por cierto que le ha costado ausentarse del debate televisivo. Su asiento vacío causó muy mala impresión entre los televidentes. Los analistas lo criticaron, los opositores lo fustigaron, sus partidarios lo lamentaron y los votantes se lo cobraron. Lula se mostró esquivo y rehusó enfrentarse a sus contrincantes. Demostró tener miedo, y el que no la debe no la teme.
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A ese craso error táctico se sumó la divulgación de las fotos del dinero sucio incautado por la policía a dos miembros de la campaña del PT cuando intentaban comprar el famoso ‘dossier’. El resultado fue de un impacto psicológico tal que le malogró a Lula el triunfo que tenía asegurado en la primera vuelta.
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Hay que destacar que las encuestas sobre la intención de votos estuvieron acertadas, lo mismo las de Datafolha que las de la Ibope. Le pronosticaban al candidato petista una votación del 50 por ciento, con un margen de error de más-menos dos puntos, o sea dentro de un rango que iba del 48 % al 52 %. Y los resultados de los comicios se ajustan a esa proyección: Lula, a la baja, con menos del 49 por ciento de los votos válidos, en tanto que sus adversarios suman menos del 52 por ciento.
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Para la segunda vuelta, desde antes de los comicios del domingo, la encuestadora Datafolha ya situaba empatados al ex gobernador tucano y al presidente petista en un eventual balotaje que de hecho tendrá lugar el 29 de octubre. Con el viraje espectacular que se produjo en la primera vuelta, ahora sucede que la imagen de Alckmin se ha fortalecido. No se percibe como un perdedor y hasta su falta de carisma se transforma ante el electorado en la del candidato más serio y responsable. Ya pinta como favorito.
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Por otro lado, a Alckmin le resultará más fácil concertar alianzas con los demás partidos tradicionales, incluso en el empobrecido Nordeste, que es la plaza fuerte de Lula y del PT. El PSDB puede asimismo aumentar la mayoría con que ya cuenta en los estados del Sur y en Sâo Paulo, donde el electorado es más crítico y exigente con los políticos corruptos.
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Solamente en el populoso estado de Sâo Paulo -- decisivo en impedir la victoria de Lula el pasado domingo -- se concentra el 22 por ciento de los electores. Con esa baza, la gran batalla de los tucanos por revertir el voto, previa negociación en busca de nuevos aliados, tendría que librarse sobre todo en los importantes estados de Río de Janeiro y Minas Gerais, donde no sería difícil invertir la tendencia a votar a favor de Lula. Va a ser una lucha voto por voto.
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La campaña para la segunda vuelta sin duda será enconada y no menos emocionante. Se espera que Lula arrecie también sus ataques, pero por lo pronto está a la defensiva, tratando de explicar lo inexplicable. La carta de triunfo de la oposición socialdemócrata es el ‘escándalo del dossier’, que todavía tiene mucha cola y en el cual Alckmin saldrá seguramente beneficiado de las revelaciones con que nos sorprenderán los medios en los próximos días. Lo que sabemos es sólo la punta del iceberg.
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Queda aún por dilucidarse la cuestión del origen del dinero negro destinado a la compra del famoso dossier. Algo que a Lula no le hacía la menor falta estando en el pico de la popularidad, de modo que sólo le ha servido para reforzar la imagen del ‘malandro picareta’ movido por una pulsión incontrolable de hacer trampas sólo por puro vicio.
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Aparentemente, los privilegios del poder corrompen incluso a la más incorruptible ‘conciencia de clase’, que en la práctica no es más que una mezcla de resentimiento y envidia de los bienes ajenos. Creer que la humildad del ser humano proviene del origen social humilde es uno de esos falsos estereotipos con que nos han bombardeado siempre. Tal como hay pobres honrados, los hay bastante bandoleros. La piedra de toque es su actuación cuando ocupan un cargo administrativo. La pasta, o la ‘grana’ que dicen los brasileños, es capaz de hacerle perder el juicio a cualquier funcionario cuando cree que puede actuar sin fiscalización y con toda impunidad.
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El dinero sucio del famoso ‘dossier’ no eran, por cierto, reales brasileños extraídos de la famosa ‘caixa dois’ del fraude institucionalizado. Eran 800 000 dólares procedentes del exterior que llegaron en un avión oficial asignado al PT para la campaña electoral. Dicen que venía de México, pero este país bien pudo ser una escala de conexión o una maniobra de diversión. No hay que dudar que fueran petrodólares de la abultada billetera de Hugo Chávez. O incluso quién sabe si procedían de La Habana, donde el régimen castrista guarda celosamente en una ‘caja chica’ el dinero que le robaban a los bancos las guerrillas urbanas afines a Lula.
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Todo seguro que se sabrá y nadie impedirá el juicio a los implicados, sólo que será para después de las elecciones. Mientras tanto, ése va a ser con certeza el tema dominante en la campaña para la segunda vuelta. Lula va a tener que ofrecer algunas explicaciones serias y dar la cara, pues no se trata como él pretende de que la élite lo esté salpicando de lodo. Es él mismo quien se ha empeñado en revolcarse en el fango de la corrupción y debe pagar el precio.
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Tal como van las cosas, podría fácilmente perder la segunda vuelta. Pero si ganara, después de haber hecho palidecer los escándalos de Collor de Melo, casi seguramente que también se vería ante el dilema de renunciar o someterse al juicio político del impeachment.
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Eso sería un duro trauma para la sociedad brasileña y más valdría que el electorado tomara la decisión correcta de castigar a Lula. El neoliberalismo de los socialdemócratas no será peor que el bandolerismo petista.

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