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Sin solución a la vista (*)


06-03-2010, Juan González Febles

Opinión/ Viaje a la semilla

Cubamatinal/ De acuerdo con las cifras oficiales y las aportadas por el Instituto de la Memoria Histórica de Miami, el 30 de diciembre de 1958, menos de 5000 personas integraban la coalición anti batistiana. Esto resultó la suma de todo el potencial humano organizado en columnas militares rebeldes, resistencia cívica, terroristas urbanos, etc. Agrupó la capacidad de convocatoria del Movimiento 26 de julio, Directorio Revolucionario 13 de marzo, Organización Auténtica, Partido Socialista Popular y todo el andamiaje de lucha tanto cívica como militar y paramilitar que enfrentó y venció a la dictadura de Fulgencio Batista.

Por Juan González Febles

Lawton, La Habana, 4 de marzo de 2010, (PD) De acuerdo con estimados hechos a partir del censo de organizaciones y miembros activos de estas, realizado hace algunos años por la Asamblea Para Promover la Sociedad Civil y los estimados logrados como consecuencia de la recolección de firmas para el Proyecto Varela, totalizan en varias decenas de miles los opositores más o menos activos en Cuba.

Entonces, la pregunta que todo el mundo se hace es: ¿Cómo es posible que en la actualidad, los opositores pacíficos, no consigan lograr una actuación articulada dentro de Cuba? ¿Por qué no se ha vencido la fragmentación en el seno de la oposición interna cubana? ¿Qué factores hacen impensable o improbable el esfuerzo mancomunado?

Ante todo, debe reconocerse que las características de la Cuba pre castrista y las peculiaridades de gobernabilidad en Cuba en 1958 eran completa y absolutamente diferentes a las condiciones actuales y al escenario de gobernabilidad vigente. Durante el régimen de Batista, Cuba disfrutó la mayor prosperidad económica que conoció jamás.

Fidel Castro, desde su escondite en las montañas, ordenó una campaña de terror sin precedente en la historia republicana cubana. Los terroristas urbanos del 26 de julio y el Directorio Revolucionario principalmente, se consagraron a colocar bombas y a asesinar funcionarios públicos, con el propósito de hacer colapsar la vida social, económica y cultural del país. Algunos de ellos, convertidos en iconos del martirologio revolucionario, murieron cuando intentaban asesinar civiles, como sucedió con Enrique Hart, Urselia Díaz y otros santones del panteón castrista.

Las clases vivas y la iletrada burguesía nacional, se unieron al rechazo al régimen y llenaron generosamente las arcas de la insurrección armada. La corrupción y desmoralización prendieron en las estructuras militares del gobierno. Esto posibilitó que las partidas armadas de Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos realizaran un paseo militar desde la provincia de Oriente hasta las provincias centrales, bajo la mirada displicente de un ejército sobornado que apenas les combatió.

No resulta necesario hacer un esbozo sobre las condiciones actuales de Cuba. Mucho se habló y se habla del empobrecimiento generalizado, del carácter totalitario de su régimen y la alegada eficiencia de su policía política. Desde enero de 1959 se institucionalizó el terror con la implantación de la pena de muerte. Primeramente se alegó que sería aplicada a los criminales de guerra. Luego se procedió a su aplicación indiscriminada contra todos los que combatieron con las armas al nuevo régimen o simplemente a los que fueron clasificados como amenazas por este.

En términos de terror, sólo basta traer al recuerdo y la vergüenza el horrible crimen cometido contra los tres infelices jóvenes negros fusilados en 2003, cuando el régimen y su primera figura se aterraron y volvieron a matar.

En estas condiciones, alguien vislumbró la vía idónea para luchar contra la dictadura totalitaria castrista. En 1976, Ricardo Bofill Pagés fundó el Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Nació el Movimiento Pacífico de lucha por el rescate de la democracia y los derechos conculcados de todos los cubanos.

El movimiento fundado por Bofill, ha cumplido más de treinta años. Aunque se ha propagado a lo largo de toda la geografía insular, no se ven resultados concretos de tanta entrega y sacrificio.

Las comparaciones desventajosas entre el esfuerzo nacional y los exitosos y victoriosos movimientos libertarios de Europa del Este, hartan. Habría que buscar qué funcionó allí y qué es exactamente lo que no funciona acá. Hombres y mujeres que enfrentan la policía de Seguridad del Estado y las dantescas prisiones cubanas, se muestran incapaces de esfuerzos articulados. ¿Por qué?

Son varias las respuestas y no hay que dejarse llevar por las fórmulas simplistas. No se trata de que la policía de Seguridad del Estado sea imbatible. Tampoco, que como suele decirse, hayan penetrado hasta el tuétano al movimiento libertario. Contra esos factores es posible luchar y hasta vencer. Lo que marca las diferencias entre el movimiento liberador en Europa del Este y el que tiene lugar en Cuba, es básicamente la cercanía con los Estados Unidos de Norteamérica y la existencia de un exilio que derivó en clase política empoderada con intereses propios.

Estos intereses en muchas ocasiones andan divorciados de los de la Isla madre y sus luchadores pro democracia. Aún y cuando los aliados más leales del pueblo cubano en su lucha por el restablecimiento de la democracia, han sido y son el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos.

Para citar ejemplos. Ni en Chequia ni en Polonia funcionó una ley de ajuste o un programa de refugiados que han derivado en sangría permanente de recursos humanos para la lucha cruel contra el enemigo desalmado que tiene lugar en la actualidad. En todos los países hermanos tomados como ejemplo, la lucha política contra el comunismo, tuvo lugar sin programas de retiro o de refugio político institucionalizado.

Ni la ley de ajuste cubano, ni el programa de refugiados promovidos por USA constituyen en la actualidad apoyo al movimiento opositor interno. Al término de la guerra fría, dejaron de ser el oxígeno y la garantía de renuevo y supervivencia para el emergente movimiento pro democracia que fueron en su origen. Hoy sólo son una sangría permanente y en otro orden de cosas, una eventual fuente de corrupción y descrédito para Cuba y su movimiento opositor.

En Cuba existen tantos grupos opositores como organizaciones asentadas en Miami. Esto parece ser inevitable. Además de ocuparse en proporcionar apoyo económico, en no pocas ocasiones, también han dado órdenes o instrucciones. Es desde el exilio donde con buenas intenciones, se procede a la fragmentación del movimiento opositor cubano.

Alguien con buena o mala intención podría cuestionarse que si todo esto fuera posible, estaríamos ante una especie de vocación ontológica corruptora exilio-Estados Unidos, frente a una no menos ontológica vocación a ser corrompida por parte de la oposición democrática. Esto, que no es una buena noticia, no es del todo así. La dinámica de toda lucha crea jefes y líderes. Cuando influencias y fuerzas ajenas a esta dinámica natural intervienen, estamos abocados al escenario natural en que se desarrolla la lucha pro democracia en Cuba.

Por un momento, imaginen que en los tiempos en que Lech Walesa dirigía el sindicato Paralelo Solidaridad y enfrentaba al régimen comunista, alguien desde un exilio hubiera decidido financiar y apoyar dos o tres sindicatos paralelos, a partir de la fragmentación de Solidaridad. Imaginen que en Chequia, alguien por ‘ayudar’ hubiera promovido, financiado y estimulado la creación de dos o más Carta 77 o varios Foros Cívicos. Sólo, imagínenlo y sufran. Lo más probable es que desde entonces, se hubiera raido el terciopelo.

Sin programa de refugiados, embargo y sin los ridículos acuerdos migratorios, muy distinto sería el escenario de lucha cubano por la democracia. Sólo imaginen que la tercera parte del monto de ayuda aportado por USA en los últimos diez años, hubiera ingresado en la Isla y hubiera alcanzado su destino natural.

Es ciertamente injusto culpar a los luchadores por la libertad en Cuba de este desastre o deducir que todo esto es fruto del trabajo de esos pobres tipos que cumplen órdenes criminales, porque tienen más miedo que aquellos a los que pretenden intimidar. No obstante, en Cuba se lucha. Se hace con pasión y sin solución a la vista.
 

*Para Orlando Zapata que junto a Rogelio Menéndez, Ángel Moya y el Dr. Oscar Elías Biscet, hicieron que las piedras de La Habana cantaran a la libertad en el año 2002 y los primeros meses de 2003.


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