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El asiento del pueblo


23-01-2010, Beals, Herman

Opinión/ Ópticas


Cubamatinal/ Después de perder en la cuna del izquierdismo (liberalismo, como lo llaman en Estados Unidos), Barack Omaba y sus seguidores siguen empeñados en el suicidio político con su obstinada determinación de aprobar una ley de salud que la mayoría del país rechaza categóricamente.

Nueva York, 21 de enero/ Contra todos los pronósticos, el republicano Scott Brown derrocó a Martha Coakley para privar a los demócratas de su mayoría absoluta de 60 votos en el Senado, humillando de paso al presidente Obama y su arrogante política de anteponer el estado y su ideología a los deseos legítimos de la mayoría de sus compatriotas.

Aún antes de que la señora Coakley admitiera la derrota, sus correligionarios demócratas estaban tratando desesperadamente de atribuir el triunfo de Brown no a sus cualidades y el deseo de los votantes de Massachusetts de enviar un mensaje de advertencia a Obama, sino a la incompetencia de la candidata.

El día antes de la elección especial para reemplazar en el Senado a Ted Kennedy, quien murió el año pasado, un columnista del Boston Herald reflejó con sus insultos hacia la candidata la nueva estrategia: proteger al ocupante de la Casa Blanca.

El columnista Michael Graham afirmó que la candidata, quien es la fiscal general del estado de Massachusetts, que ella posee “la clase de estupidez política necesaria para que un demócrata pierda una elección al Senado en Massachusetts”.

Y continuó: “Hay que llevar a cabo un absoluto desastre de una campaña para perder frente a un republicano (en ese estado de Nueva Inglaterra). Y eso fue lo que hizo Martha Coakley. No fue el Hinderburg o el Titanic. Fue el Hindeburg estrellándose contra el Titanic”.
Es obvio ahora que la tarea de los demócratas es tratar de proteger a Obama y salvar sus iniciativas, en especial la reforma de la industria de la salud, una medida que rechaza casi el 60 por ciento de los estadounidenses.

Y no sólo eso. Menos de 48 horas de la elección, Obama viajó a Boston para tratar de salvar la candidatura demócrata. Mejor no lo hubiera hecho. A partir de ese momento, las encuestas –que serían ratificadas en la elección— se inclinaron aún más hacia Brown.
Obama, que parece perder su elocuencia cuando improvisa sus discursos, se burló una y otra vez de Brown porque maneja una camioneta GMC con más de 200.000 millas (unos 400.000 kilómetros).

Aparentemente Obama olvidó que su gobierno es prácticamente dueño de GMC y, en vez de alabar la extraordinaria duración del vehículo, optó por tratar de ridiculizar al candidato.

Brown era hasta ahora un senador en la asamblea estatal, con una atractiva familia, cuya mayor incursión a la fama había sido posar desnudo para una revista cuando era joven.

Fue obvio que Obama subestimó a Brown, quien realizó una campaña impecable y ganó miles de adeptos cuando, durante un debate con su oponente, corrigió al moderador diciéndole cuando éste señaló que la elección era para ocupar el asiento senatorial del fallecido Kennedy.

“Con todo respeto, no es el asiento de Kennedy. No es asiento de los demócratas. Es el asiento del pueblo”.

Los republicanos, una gran mayoría de los independientes y una buena porción de los mismos demócratas estuvieron de acuerdo con esas palabras y lo eligieron con una sólida mayoría.

Su elección significa que los demócratas quedaron ahora con 59 votos en el Senado y no con los 60 que tenían, y que eran necesarios para imponer la ley de reforma a la salud, según los estatutos legislativos, lo cual significa que la iniciativa favorita de Obama podría estar ahora en la sala de cuidados intensivos.


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