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La virgen de la patria perdida
08-09-2006, Miguel A. García Puñales

Acabo de presenciar la mayor concentración de cubanos en Madrid. Tal pareciera que la gran mayoría no sólo acude a la misa del día 8 a tributar a la madre de Dios; si no más bien a buscar la reafirmación de su identidad.

El pueblo cubano identifica –con razón- a la Caridad con la Patria. No es para menos, la virgen que acompañó a los cubanos en la manigua es permanente invocación de todos los que nacimos en el gran lagarto.

Sólo una vez he estado en su santuario y aunque era de admirar no me impresionaron tanto las permanentes ofrendas florales a los pies de su altar, ni siquiera el silencio cómplice del templo con los ruegos de los creyentes. Sin embargo el museo de las ofrendas a la Virgen de los Cubanos me dio para mucho meditar. Se cuentan por miles los regalos de fieles agradecidos, pero entre todos, los trofeos de guerra revelan la fe del hombre que puesto en situaciones límites invoca el favor de la Madre de todas las madres.

En un mismo anaquel se acumulan las medallas obtenidas por combates de uno y otro bando, de mambises y peninsulares, de soldados del ejército regular de Batista y de rebeldes de la Sierra Maestra, pero lo más impresionante es sobre todo el muestrario de ofrendas de soldados y oficiales cubanos, veteranos de las aventuras en África y otras partes del mundo.

En medio de un feroz ateísmo muchos hombres que salvaron la vida, arriesgaban las iras del sistema, acudiendo a cumplir su promesa con la santa. ¿Cuántos de ellos probablemente, eran a esa fecha militantes del Partido Comunista?

Es casi la única señal de real unidad entre cubanos. Católica o sincrética, con capa amarilla o vestida de malva, representa en sí misma lo que somos, una etnia mestiza y singular. Ya lo dice la popular canción, los cubanos dividimos el planeta en dos partes, los cubanos... y el resto de la humanidad.

Sin embargo largos años de bombardeo propagandístico han logrado vender la imagen de un problema que no es tal. El diferendo entre el gobierno de Castro y los Estados Unidos, lejos de ser el verdadero problema, no es más que su justificación.

Nos corresponde a nosotros y a nadie más difundir la verdad de nuestra tragedia nacional; El problema de Cuba es único y exclusivamente un problema entre el pueblo cubano y la dictadura que lo oprime. La utilización del diferendo es sólo la mejor arma propagandística de quien sabe que el antiamericanismo es una tendencia bastante extendida en una gran parte del mundo globalizado.

De eso vive una gran clase política e intelectual del orbe, veamos si no cómo es posible que tenga más repercusión en la prensa europea la protesta de algunos grupos de cubanos contra las últimas medidas del gobierno de la Unión americana, que por ejemplo, la masacre del remolcador 13 de Marzo. Noticia que pasó de puntillas por la prensa del viejo mundo.

A nadie más que a nosotros mismos podemos acusar del vacío informativo sobre la realidad de nuestra nación. Es nuestra responsabilidad, la mía, la suya, la del último vecino. La del párroco que oficia una misa en pleno corazón de Madrid y que siendo cubano hace de la homilía un discurso descafeinado, evitando llamar alto y claro a las cosas por su nombre.

Nada que ver con la prédica comprometida de algunos párrocos en el interior de la Isla y no precisamente de los más encumbrados. Nada que ver con el puñado de hombres que a fuer de consecuentes con sus ideas, cumplen largas penas de prisión.

A veces me pregunto cómo es posible que muchos cubanos se auto titulen emigrantes, cuando en la realidad pura y dura son exiliados. Porque exiliado es todo aquél al que se le impide residir en la tierra que le vio nacer y al que se le obliga a pedir permiso para visitar su cuna y la tierra que guarda a sus muertos.

En realidad somos todos apátridas, no por voluntad propia, es cierto. Como también es cierto que la mansedumbre con que muchos asumimos el exilio debiera llenarnos de vergüenza antes que de auto conmiseración.

No basta con pedirle a la virgen la libertad que nos fue arrebatada, es necesario luchar por ella. De lo contrario seguiremos viendo a nuestros ancianos arrastrar los pies en tierra extraña para acudir a la última cita con la virgen antes de dejar sus huesos perdidos en ignotos osarios donde la palabra extranjero adquiere su verdadero significado; extraño.

De nosotros depende que nuestros jóvenes sigan perdiendo los signos que una vez nos identificó como nación o que sigan derrochando la vida en los mares; buscando algo que ya habíamos recibido en herencia de nuestros padres.

Que a diferencia de la comunidad cubana en Miami, nos difuminemos dentro de una sociedad que nos acoge, pero que no es la nuestra, ni tendría por qué serla salvo en los vínculos de una parte de nuestras raíces culturales.

Si algún día Cuba vuelve a ser libre quisiera que mis huesos descansaran junto a los de mis seres queridos, bajo el sol ardiente o a la sombra de una palma real, igual da, pero allí.

Llevamos la patria en el corazón, pero la hemos perdido, no podemos legarla a nuestros hijos mas que en el sentimiento y es triste porque nadie más que nosotros mismos tenemos la culpa y en ella llevamos nuestra penitencia.

Virgen de los cubanos, a ti te invocamos para que nuestras razones, las de todos, hagan posible el derrumbe de esta Torre de Babel y recuperemos ¡al fin! La patria perdida.


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