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El diario de un embajador


18-10-2009, Hurtado, Rogelio Fabio

Opinión/ Ópticas

Cubamatinal/ Cae en mis manos ahora el diario del Sr. Ricardo Pascoe Pierce, donde este recogió sus experiencias, impresiones y comentarios acerca de su gestión como representante diplomático de los Estados Unidos Mexicanos en La Habana, durante los dos primeros años del presente siglo. Ya carece de actualidad literaria, pero para nosotros, siempre hambrientos de noticias, esta obra, aunque esté, fría es muy apetecible.

La Habana, 17 de octubre /PD/ Figura política del PRD azteca, Pascoe fue el primero escogido por el Presidente Fox para representar a su administración en la Isla. Aunque a menudo parece estar representándose a sí mismo, en contradicción permanente con su polémico canciller Jorge Castañeda; incluso por momentos da la impresión de ser el representante oficioso de Fidel Castro ante los mexicanos. No obstante, esta inclinación patente hacia la izquierda, le confiere a sus observaciones críticas mayor valor.

Al entrar el Embajador en escena, lo que está en el candelero es la batalla anual en Ginebra, durante el periodo de sesiones de la Alta Comisión para los derechos humanos de las Naciones Unidas, siempre vivida en La Habana diplomática con gran tensión, debida al simultáneo cabildeo del Minrex y la SINA en busca de los votos necesarios para salir airosos. En este punto, Pascoe no deja de esforzarse para obtener de su país sino el tradicional voto favorable al gobierno cubano, al menos una abstención. Hay que decir que el Embajador no oculta su desdén por la disidencia ni por la pertinencia en Cuba de la lucha por los Derechos Humanos. Al contrario, considera como el Gobierno al Bloqueo-Embargo como el verdadero problema político decisivo.

Su criterio respecto a la disidencia coincide con el que, en la página 90, le formula el Cardenal Jaime Ortega: …”los disidentes no cuentan con simpatías populares y, aunque sean muy conocidos afuera, no tienen un proyecto alternativo de país. Su única verdadera alternativa es irse de Cuba, en una balsa o un avión” Antes, refiriéndose a los disturbios del 5 de agosto de 1994, el Sr. Cardenal le ha dicho: “”No se veía el ejército por ningún lado, ni un policía…no hay esa tradición de represión y golpes de estado”, extremando su complaciente ceguera pro-gubernamental.

Es lamentable que no hayamos tenido conocimiento de esas declaraciones de inmediato. Por supuesto, ni el Embajador ni el sonriente Cardenal “saben” como el aparato represivo opera para mantener a los disidentes aislados de la amedrentada mayoría. Veremos, más adelante como el Embajador se quita la venda, a medida que descubre el recurso favorito de los grandes jefes cubanos: las crisis permanentes: “Cuando no hay crisis, Fidel las crea”. Le atribuye alguna en la página 74 a su amigo el difunto Papito Serguera.

Buen observador y psicólogo, Pascoe describe la forma de discutir cubana: “Tienen una enorme necesidad de convencer al público presente de sus opiniones y posturas y de ser “el último que habla”. Para lograr aquel objetivo, se empeñan en echar el cuerpo hacia delante, mover los brazos en todas las direcciones y hablar de los objetivos heroicos y éticos de la Revolución, de Fidel, del Che y de la lucha contra el imperialismo. Es un método que mata a la discusión seria y viable o participativa, pues es retórico y no discursivo. No permite réplicas ni interrupciones. Es una manera de sentir que el debate se ha “ganado” sin que realmente haya existido”. El Embajador asegura haber notado este estilo tanto en Serguera como en Julio Carranza, en realidad sabemos de quién lo han aprendido.

Respecto al desmayo sufrido por Fidel el 23 de junio del 2001 mientras hablaba en la Tribuna abierta del Cotorro, comenta Pascoe que, “ha sido una ventana extraordinaria hacia las entrañas del sistema político cubano, expuso su fragilidad relativa y la decisión de relevo de Fidel.”

Ya a la altura de la página 379, Pascoe ha aguzado la pupila: “Siento a Fidel como un ser consumido por un demonio interior. Una culpa terrible lo empuja adelante, lo hace querer ser el más perfecto de todos, el más heroico, el más honesto y consecuente…el pensamiento utópico que lo envuelve le da esa característica de lucidez y ceguera, al mismo tiempo. Es una reacción que lo lleva a ser un gobernante endemoniadamente activo. Sin duda alguna es de los gobernantes actuales más brillantes en cuanto a su capacidad de orientar las políticas de su país hacia algo que él desea, más allá del asunto de que si el país en su conjunto lo desea o no”

Indudablemente, Vicente Pascoe Pierce no desperdició el año y 9 meses que estuvo aquí.


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