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El periodismo independiente en Cuba


16-10-2009, Pedro Corzo

Opinión/ La profesión de informador


Cubamatinal/ Un Periodista Independiente, al margen de sus criterios políticos es el que corre el riesgo de perder la Paga o de ir a Prisión por informar sobre lo que el Patrón político o económico no quiere que se sepa.

Miami, 16 de octubre/ Sin lugar a dudas la avanzada de una sociedad sin mordazas, con posibilidades de criticar y construir más allá de la voluntad del totalitarismo del régimen cubano está en buena medida en la gestión informativa que realiza un grupo de periodistas que vencen día a día la férrea censura que la dictadura ha impuesto en la isla por cincuenta años.
 
Los bien llamados Periodistas Independientes no responden a los patrones informativos que el régimen ha impuesto a los laborantes del medio sino que ellos actúan en base a que la información a ofrecer es de interés público y no debe ser censurada por autoridad alguna.
 
Ser periodista independiente no significa ser activista político per. se, como algunos detractores de oficio de las personas que cuestionan al régimen cubano pretenden establecer cuando refieren que los llamados Periodistas Independientes vierten opiniones políticas y tienen criterios políticos contrarios al gobierno tratando así de desacreditar la gestión informativa de estos individuos como si un periodista fuera un ente ajeno a la sociedad en que se desenvuelve.
 
Un Periodista Independiente, al margen de sus criterios políticos es el que corre el riesgo de perder la Paga o de ir a Prisión por informar sobre lo que el Patrón político o económico no quiere que se sepa.
 
En ese punto estriba la independencia y no en la filosofía o la doctrina que defienda o ataque al periodista y en base a ese concepto podemos decir que si un laborante de la prensa oficial violenta al censor propio o al gubernamental en su trabajo informativo es a partir de ese momento un Periodista Independiente sin importar su fe política y de donde viene el salario; si el periodista cumple su oficio de informar libre y ampliamente, sin restricción alguna, sin importar posibles afectaciones está cumpliendo con el principio básico del oficio y es por lo tanto plenamente soberano.
 
En Cuba por cinco décadas ha existido un periodismo oficial, ausente de críticas y cuestionamiento a la acción gubernamental; un periodismo de sobrevivencia en el que la autocensura tiene un importante rol pero en el que el Censor es el director principal.
 
El periodismo doctrinal,(circunscrito a valoraciones ideológicas), fortalecido por el control de los medios de comunicación por parte del régimen (único empleador y propietario) junto al temor a represalias policiales si se cruzan las fronteras informativas que la dictadura ha trazado imposibilitan la expresión del análisis independiente, opinión, y lo que es aún peor, la diversidad informativa que es el mejor medio para que una sociedad sea capaz de tener juicios propios y decidir así su destino.
 
El periodista cubano se mediatizó. Se transformó en vocero de consignas oficiales. En cantor de logros ciertos o falsos de la clase gobernante. El juicio propio se supeditó a lo políticamente correcto. La noticia no era espontánea expresión de un acontecer sino la crónica de una conveniencia.
 
Pero esto no se produjo por generación espontánea. Existía tal vez un plan y la voluntad de imponer en Cuba una prensa doctrinal pero quizás la gestión fue facilitada cuando trabajadores de la Prensa en los albores de la Revolución de 1959 perdieron su juicio crítico y se convirtieron en alabarderos de una nueva fe que elevaba al dictador en ciernes a rango de Redentor y estos hombres y mujeres respetados y admirados por su independencia de criterios y conductas por la población, tal vez y sin proponérselos, se transformaron en eficientes catequistas del nuevo orden.
 
Después, con apoyo de no pocos periodistas surgió la infamante coletilla,(el juicio oficial sobre una información determinada que podía serle adversa  a algún propósito del gobierno) y como colofón el apoyo de laborantes de la prensa a la estatización de los medios de comunicación.
 
Así, con mucha complicidad, silencio y también heroísmo por los que se opusieron, muchos trabajadores de la prensa fueron a prisión y al exilio después de haberse opuesto al régimen en la isla no obstante, (no hago referencia a los que desertaron cuando aún disertaban sobre los logros de la Revolución); la libertad de prensa en Cuba fue abolida, extinguida y perseguida hasta que este grupo de hombres y mujeres y las organizaciones que han creado  iniciaron el rescate dentro de la isla de las mejores tradiciones del Periodismo Libre Cubano.
 
Ojala que estos Periodistas Independientes y los que se sumen no pierdan nunca la perspectiva de que el oficio exige informar aún lo que nos disgusta y que ese mismo oficio implica un serio grado de responsabilidad en lo que comunicamos y que tanto la critica, el elogio o el simple juicio aunque no nos lo propongamos va a influir en cierta medida en la ciudadanía y que en consecuencia podemos colaborar con nuestro trabajo en la constitución de una sociedad justa y estable, o lo contrario, la creación de nuevas víctimas y victimarios.


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