cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 29-03-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email

 La óptica, la adminis-traidora y el fracasado


15-10-2009, Sinue Escolarte

Opinión/ De lo cotidiano                              
 
 
Cubamatinal/ Hace casi un año que vago entre las sombras. Me cuesta trabajo precisar el entorno. Solo llevando con la mano mi viejo bifocal hasta la posición correcta, consigo precisar lo que leo. El esfuerzo que realizo para escribir se me hace doloroso sobre todo para la espalda que se resiste a la posición donde la colocan mis ojos. Los viejos y rayados lentes que hace años me acompañan, se niega a sostenerse en el correcto lugar. No se si la nariz ha adelgazado y la montura queda holgada sobre ella, o si las patas se han abierto para hacer que la cabalgadura sea mas suave facilitando que se deslicen hacia la punta. Lo cierto es que no veo bien con ellos hace bastante y su repercusión, estaba yendo a parar a mi esqueleto, a mi rendimiento laboral.
 

 
La Habana, 15 de octubre/ Hasta aquí la odisea que relato es personal y llevadera. Cuando comprendí que así no podía continuar, que estaba obligado a adquirir unos nuevas gafas para ver y sentirme mejor, empezó de verdad el martirio mental.
 
El primer contacto con quien me atendió en la óptica de la calzada del 10 de Octubre era suficiente para regresar a la oscuridad y seguir con los viejos espejuelos y dolores. Pero soy testarudo, creo en la humanidad. Por eso pensé. Tal vez la persona que me ignora necesite de mis servicios médicos alguna vez. Entonces, tendré la oportunidad de demostrarle como, cuando se recibe un trato correcto, profesional y afable, las enfermedades pueden mejorar solas, hasta en un 50%.
 
"Señorita por favor pudiera atenderme?"... La pregunta parte de la indiferencia con que soy recibido sin haber otros clientes en el salón. Estaba parado frente a ella pero no lo parecía. La expresión por la pregunta lo dijo todo. Supuse entonces que como el favorecido seria yo, debo ser el que la aborde y no lo contrario. Quien tiene que seducirla en este caso y en este país, soy yo, el que paga, aquí donde la escasez sobrepasa "cualquier dinero"  y la queja resulta un entretenimiento para el cliente afectado y el que oferta admirado.
 
Su mirada se incrustó en la pared para responder y que escuchara de rebote. "-Dígame-". De nuevo quede sin entender. Tengo la receta en la mano y esto es una óptica, pensé. No me deje provocar por su elocuente lenguaje extraverbal y continué siendo flexible. "Vengo para hacerme unos espejuelos señorita" Por fin su mirada se posó sobre algo mío. La receta, y sin mucho miramiento, en fraternal complicidad, contestó, "-esa graduación bifocal no la hay-"
 
Humildemente como me había inducido previamente, en tono bajo y armónico como me parecía mejor, casi de suplica para evitar que se exasperara con mi letanía, pregunté "...ni separados los hay compañerita?" tomó de nuevo la receta en sus manos y exclamó con la vista fija en el pan con croqueta que merendaba," -separada si compañero, aunque se dificulta, es altísima su graduación-" notándose una franca variación en el acento y el semblante hacia la molestia. Con este detalle el imprescindible obstáculo no dejaba de existir. El obstáculo en Cuba es un entrenamiento constante, sostenido, perenne, inevitable, por eso con solo 11 millones de habitantes, tenemos al campeón del mundo en los 110 metros con vallas, capaz de bajar de los 13 segundos cada vez que lo desea.
 
"Necesito unos de cerca por favor"... dije, sin ocultar la alegría que inevitablemente sentía al lograr vencerlo por esta vez.
 
Las armaduras rodaron como dados sobre el mostrador. Cayeron unas sobre otras de un sobre que sostenía. El silencio, la pasividad de la dependiente me empujó a coger una y examinarla. De inmediato, sin preámbulo ni explicación la tomó de mi mano y comenzó a escribir el pagaré. Sorprendido quedé cuando me estiró el comprobante pronunciando, -son $48,50-. "No es necesario medir la distancia pupilar señorita?" señalé, con delicadeza y sencillez evitando irritarla. Su mirada se fijó de mala gana en mi entrecejo para balbucear con la regla entre los ojos "-64-", e incluirlo en el papel. "-Tiene teléfono-?" fue lo ultimo que preguntó y luego de anotarlo, gritó "-el próximo-"
 
Todo fue muy rápido, así que imaginé que el tiempo para disfrutarlos también seria corto. "-En 15 días puede venir por ellos-". "Gracias" le devolví y, con la esperanza de saber que al fin  trabajaría con comodidad en breve, me marche ilusionado de la óptica de mi barrio, la que me toca según mi dirección. En Cuba, todo está organizado. Los cubanos tenemos una farmacia, una óptica, una bodega, una carnicería, un medico de familia y hasta una funeraria. En eso nadie nos gana, todo está organizado aquí.
 
15 días después, la misma empleada nos recibió y sin esperar la pregunta, desde su atrincherada mesa de trabajo disparó. "-El taller está cerrado compañeros, por lo menos en un mes no habrá espejuelos para nadie, miren el cartel en la puerta que lo dice clarito-" Emergí como un rayo de entre la muchedumbre que impacientes, esperábamos la hora de apertura ya retrasada en media hora. "...Señorita, estoy  sin trabajar" intente decir...pero me cortó, "-no tenemos la culpa compañero, es el taller que tiene problemas-" Tuve que aceptar, pero aquella ilusión que experimenté dos semanas atrás, comenzó a disiparse.
 
30 días después, estiré mi comprobante sobre el mostrador sin hablar, el que no la miró fui yo, me di el gusto. No estaba optimista aunque quería disfrutar la sorpresa. La muchacha buscó en el libro pausadamente sin decir nada como siempre, bajo la presión de mi mirada y la inquietud de mis dedos redoblando sobre el buró. Su vista recorría el papel sumiéndome en la intriga. La respuesta fue tajante, "-el suyo no ha entrado compañero-". "Usted dijo 15 días, luego un mes, sigo sin trabajar" "-lo sentimos, pero hay atrasos en el taller y su graduación es muy difícil-" "....Cuando debo volver?" comente intentando mantener el control, "-déme su teléfono y lo llamamos a su casa-" por segunda vez le daba el teléfono. Que compañero... ni compañero...repetía para mis adentros mientras me retiraba desilusionado.
 
El teléfono nunca sonó proveniente de allí. Habían pasado dos meses más y seguía sin poder trabajar o lo hacia a media maquina con mi viejo y rayado bifocal y sus patas mas abiertas. Me detenía preguntar, el temor al trato que recibiría, a la justificación que me darían y a la reacción que pudiera tener por la perdida del control emocional. El conflicto, acercamiento evitación me invadía, pero debía reclamar si quería conseguir el objetivo. Ya habían pasado 6 meses desde que decidí adentrarme en esta aventura infinita y me sentía francamente disgustado, impotente, molesto.
 
La adminis-traidora, de tanto cruzarnos me conocía, "-es usted el de los 8.50 de graduación-" "si", tímidamente contesté, -pues ya están, !que trabajo nos costó¡." -Pase por la mesa a recogerlos por favor" "Trajo los anteriores?"- esbozando una agradable sonrisa que amablemente le devolví. No los tenia encima, no pensé que aquellos sirvieran para nada.
 
En unos minutos estaba de vuelta y me dirigí a la muchacha de la mirada vaga que consumía un exquisito cigarro con el salón repleto, exactamente frente al letrero que señala no fumar. Ninguno de los presentes quería quedarse sin sus lentes o que se les demoraran demasiado, así que todos, tragaban humo junto a ella sin dejar notar la insatisfacción. De nuevo el rostro serio, sin mediar palabra alguna, me entregó el sobre que contenía las añoradas gafas, y se lo agradecí. Hasta pensé comprarle una merienda de las que les dan y venden los trabajadores de Etecsa que incluye, pan con jamón y refresco por 1 CUC.
 
Coloqué mis nuevos espejuelos en su destino pudiendo apreciar que me quedaban sueltos, casi, como el viejo y rayado bifocal que ahora caído de un lado, hemipléjico, continuaba estoico alumbrando mi supervivencia. Así que pediría que los ajustaran. Me parecía que en tiempos atrás ese paso se incluia en el servicio por el pago. Pero debían ser imaginaciones mías.
 
Al voltearme para  cortejar a la muchacha y solicitarle su ayuda, uno de los cristales cayó espontáneamente, sonando vibrante contra el suelo ante la vista de todos. La exclamación publica hizo que recordara un home rum con bases llenas en el latino y Armadito el tintorero haciendo conteo de protección. Fue entonces que aprecie al intentar colocarlo en su lugar, que era más pequeño que el aro y no había manera de que ajustara en su interior. No se había caído antes, gracias a la acción de un pegamento que cuidadosamente le habían aplicado en el borde. Me acerqué a la muchacha de la cara seria y el hablar desviado, la del cigarro y el pan con croqueta, quien con un ademán sugerente, como testigo presencial de lo ocurrido, señaló  para la puerta de la adminis-traidora, otra vez, en silencio.
 
No se trata de un error de escritura, adminis-traidora, era lo que a esa altura parecía aquella señora que luego de escuchar la exhaustiva explicación que le di, no de muy buena gana, me ordenó que se los llevara al técnico para que los arreglara. Es lógico, debo ser yo que soy el que pago quien los lleve, aunque ella esté a dos pasos del técnico y posea la autoridad y obligación. Me negué rebelde con causa y conseguí que "gustosamente",  los llevara.
 
Un rato después al recibirlos arreglados, no había manera que viera bien. Los habían martillado y pegado para que no se desprendiera el cristal, quedando retenido a la fuerza dentro del aro y con algunas deformidades mínimas, sin lograr ajustarlos al centro óptico pues aquella armadura, que había rodado como dados en el mostrador 6 meses atrás, nunca se me probó y era más grande que mi cara, por eso, no había forma de que quedara firme en su normal altura. La paciencia se agotaba sin querer, sin solución, comenzaba a dolerme la frustración.
 
Casi un año después sigo entre las sombras. La promesa de resolver de inmediato hecha por la adminis-traidora, sin cumplirse. La llamada que me hará cuando lleguen mis lentes, los últimos que mandó a hacer, sin ocurrir a pesar de haberle dado el teléfono por tercera vez. El taller, continúa con dificultades, cerrado, con problemas, sin vergüenza. Mi graduación ahora es otra, y yo, con el viejo bifocal rayado, parapléjico, que hace tres años uso y los dolores en la espalda, espero por ella en mi hospital todos los días, con la esperanza de demostrarle alguna vez, que cuando se recibe un trato correcto, profesional y afable, las enfermedades pueden mejorar solas hasta en un 50%. Aunque no la identifique, pues ahora soy un medico, ciego y fracasado.


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com