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Elecciones en Honduras, Sí.


06-10-2009, Pedro Corzo

Opinión/ Solución electoral

Cubamatinal/ Para los que en la Cuba de 1959, mas que escuchar sintieron con  pesar  la consigna Elecciones para qué, no les queda duda que la mejor solución que se puede encontrar a la  situación interna e internacional que enfrenta Honduras desde el 28 de junio del presente año,  es la celebración de comicios en los que el Pueblo pueda elegir sin restricciones un nuevo gobierno.

Miami, 5 de octubre/ Algunas de las reacciones internacionales ante los sucesos hondureños no tienen respuesta, pero lo más inexplicable es el rechazo a que la crisis encuentre solución en los comicios del próximo 28 de noviembre, pautados bajo el gobierno de Manuel Zelaya,  en las que en elecciones plurales, debidamente verificadas y observadas,  la ciudadanía pueda elegir sus nuevos gobernantes.

Los gobiernos democráticos del hemisferio siempre han propugnado que las crisis de sus vecinos se resuelvan con elecciones, de ahí que cualquier observador imparcial se sienta confundido ante el rechazo de la Organización de Estados Americanos y varios de los países más importantes del hemisferio, a unos comicios que puedan ser observado por instancias internacionales.

La OEA demandó en su momento que el dictador Augusto Pinochet realizara elecciones en Chile y otro tanto le exigió a las  Juntas Militares de Argentina, Brasil y Uruguay. La legitimidad de Michelle Bachelet, Cristina Fernández, Luiz Inacio Lula Da Silva y de Tabaré Vázquez, parte de las elecciones que convocaron y permitieron militares de dictaduras sangrientas, que no tienen semejanza alguna con el gobierno de Roberto Micheletti en Honduras.

Es cierto que el voto, aun el mas libre y plural,  no resuelve por completo los problemas de la sociedad moderna, ya que se ha demostrado hasta la saciedad que pueden ser manipulado por los factores del poder, del tinte que estos sean, de ahí la importancia de una institucionalidad fuerte, de una sociedad civil organizada, consciente de sus derechos y deberes.

El sufragio secreto y directo, a pesar de no ser perfecto,  sigue siendo el mejor instrumento conocido para elegir a nuestros gobernantes.

Lo que ocurrió en Honduras es complejo. Difícil de enmarcar en el clásico golpe de estado porque los militares no gobiernan, no se ha creado una nefasta Junta de Gobierno, los poderes legislativos y judicial están en funciones, al igual que el Poder Electoral. Las limitaciones al derecho publico solo se manifiesta cuando se altera de forma critica la gobernabilidad,  facultad de la que disfrutan todos los  gobiernos del mundo.

Por supuesto que deponer un presidente legítimamente electo no puede ser visto con buena voluntad, pero también se deben tener en cuenta las condiciones en que ocurrieron los hechos, las causas que lo motivaron y la situación política posterior a la defenestración del mandatario en cuestión.

No hay dudas que el derrocamiento de Zelaya pudo haber sido más formal y que se violentaron sus derechos ciudadanos cuando fue sacado a la fuerza del país, pero  los otros poderes del estado afirman que no se violentó la constitución con su separación, porque se cumplieron todos los requerimientos legales para una decisión tan extrema.

Es evidente que países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua han reaccionado más por motivos ideológicos y de alianzas políticas, que por respeto a la legalidad.

Hugo Chávez  ha impuesto en su país una dictadura institucional e intenta aplastar a los opositores recurriendo a artimañas legales. Rafael Correa pretende controlar la prensa y manipuló el congreso y lo ajustó, según lo han acusado sectores de su país, a su conveniencia. Evo Morales es un déspota que se pasea por el racismo más radical. Daniel Ortega sigue siendo un dictador capaz de robarse cualquier elección, como hizo con las municipales de noviembre del pasado año.

Otros gobiernos que lideran el rechazo al gobierno provisional hondureño son los de Argentina y Brasil. En Buenos Aires el gobierno de los Kichtner es producto de una sucesión electoral que busca perpetuarse en el poder, a la vez que trata de imponer una ley de prensa que limita la libertad de expresión.

Brasil es  caso aparte. Luís Inacio Lula da Silva, mas allá de las ideas políticas que abriga,  representa los intereses de un estado que tiene toda las posibilidades  de convertirse en una gran potencia, y en su momento rivalizar en algunos campos con Estados Unidos.

La reacción inicial de la Organización de Estados Americanos contra el derrocamiento de Manuel Zelaya se corresponde con el espíritu de la entidad, pero la ingerencia abusiva del Secretario General y del organismo como tal en el diferendo hondureño, violenta la autoridad del país centroamericano y falta a los muy proclamados principios de No Intervención y Soberanía de los Pueblos, tan defendidos por la izquierda política del hemisferio cuando conviene a sus intereses, ya que en esta ocasión ha reclamado la intervención de Estados Unidos.

Es evidente que la reacción de la OEA esta influenciada por el pensamiento político de José Miguel Insulza y el control que ejerce el presidente Hugo Chávez, gracias a su diplomacia del petróleo,  sobre al menos 20 de los países miembros del Consejo Permanente de la institución. También se aprecia que organizaciones como UNASUR y el ALBA, están afectando seriamente el desempeño de la OEA porque nunca en sus 61 años, había asumido un rol tan militante a favor de la solución de un conflicto.

Todo parece indicar que el firme apoyo que la mayoría de los hondureños prestan al gobierno de Roberto Micheletti, la clara ingerencia de Hugo Chávez en el país centroamericano y la operación de permitir el ingreso de Manuel Zelaya a la embajada de Brasil, después de haber estado en el exterior en  la víspera de la Asamblea General de Naciones Unidas, ha permitido que algunos gobiernos miembros de la OEA, contemplen mas reflexivamente lo que parece ser, como afirman algunos analistas, una conspiración de gobiernos a favor de un aliado en desgracia.

De la crisis se pueden sacar, en la opinión de varios analistas, al menos dos conclusiones importantes.

Para muchos especialistas en temas latinoamericanos, esta es la primera vez que Estados Unidos no tiene un rol protagónico en la solución de un conflicto  hemisférico,  y como si fuera poco, su conducta ante la situación hondureña no satisface a ninguna de las partes involucradas en el problema.

Por otra parte la firmeza de las convicciones de quienes derrocaron a Manuel Zelaya está dando frutos. El viejo proverbio “La fuerza invita al diálogo y el diálogo a las concesiones”,   se demostró cuando Insulza “El Soberbio”, que había rechazado una entrevista con Michelleti a pesar de que este había sido designado Presidente por los otros dos poderes del estado, tuvo que aceptar sostener un encuentro con el mandatario provisional en una base militar, porque se percató que para negociar tenía que hablar con quien contaba con mas apoyo popular y que también controlaba el poder político.

El pueblo hondureño y sus dirigentes han soportado el aislamiento que quieren imponerle sus pares de América Latina, Estados Unidos y la Unión Europea. Honduras rechaza la intromisión en sus asuntos internos y sin falso pudor, reclama darse el gobierno que satisfaga sus aspiraciones ciudadanas.

Si todos los pueblos y sus líderes actuaran así, no habría espacio para dictadores por hermosas que fueran sus promesas.


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