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Una Sucesión en Vida
04-09-2006, Pedro Corzo

Si algo ha quedado claro con los últimos acontecimientos que han tenido lugar en Cuba es que en ese país no rige un sistema republicano. Podrán titularle como mejor se ajuste a las conveniencias del Conductor y sus partidarios, pero después que en la isla se designó un sucesor, como lo hace un manager de un equipo de béisbol cuando escoge un bateador en la Liga Americana, la realidad termina con las ilusiones.

Es paradójico que los últimos exponentes del socialismo real hayan considerado en su momento que el poder es hereditario. Fidel Castro y Kim il Sun eligieron sus sucesores en el marco de la familia y no del aparato ideológico con el que supuestamente gobernaban... Establecieron las bases para una dinastía al mejor estilo, no de los Borbones y Hamburgos, sino de las que dirigieron los destinos del antiguo Egipto. Las personalidades que decían representar el cambio, el fin de los privilegios, la extinción de las clases, la eliminación de la burguesía y la aristocracia, resultaron ser a la postre defensores del mundo que decían querer derribar.

Realidad que motiva una pregunta de parte de los herejes como el que escribe. De donde proviene la legitimidad de estos elegidos? Será que una gesta revolucionaria en su condición de fuente de derecho, así se expresaba Fidel Castro, faculta para determinar el presente y el futuro de un país. El faraón postrado acostumbraba decir que el pueblo de la isla había votado en 1959, lo que hace concluir que en la isla del doctor Castro los muerto también votan, porque del 59 a la fecha la mayoría de los que tenían conciencia y derecho al voto han desaparecido.

Hay que admitir que Fidel Castro ha actuado en el mejor estilo de los faraones. Es posible que hasta haya mandado a excavar en las montañas de la histórica Sierra Maestra una tumba que acoja sus inmortales restos. Imagino que en ella colocarían entre otras muchas reliquias el yate Granma, un pedazo de la pared del paredón de La Cabaña, el fusil con miras telescópicas, que todavía no se sabe si llego a usar, sus modestos relojes Rolex y por supuesto las grabaciones originales de sus discurso.

El mausoleo, con momia y toda la parafernalia que un faraón de gran linaje demanda, seria el sitio de obligada peregrinación para aquellos que se sienten obligados a honrar su memoria. Pero que no se hagan ilusiones los ladrones de tumbas, que a parte de la maldición de sus Orishas, es seguro que los esbirros han tenido el cuidado de colocar misteriosas y fatales trampas para aquellos que se atrevan a violar el sagrado recinto.

El Akenatón cubano, hago notar su semejanza con este faraón porque al igual que su predecesor egipcio instauró una nueva religión, El Castrolicismo, de la que es divinidad suprema. Cambio las fechas religiosas previas a su advenimiento y al igual que su milenario antecesor dinástico siempre ha demostrado una particular preocupación por proteger la realeza que le es fiel.

La corte que le ha rodeado por estas casi cinco décadas le ha sido caninamente leal. Como monarca dispenso favores, horrores y castigo a su buen entender, y como soberano supremo nunca dio explicaciones a su súbditos. Siempre decidió quienes serian sus visires y ministros. Funcionarios que podían ser expulsados de la corte sino eran capaces de hacer los milagros que su caótica imaginación dictaba.

El mandato del faraón cubano se ha caracterizado por factores de difícil explicación. Un gran poder de seducción que trascendió las fronteras de su feudo y la selección de una ideología que le confería una divinidad laica, ya que su proyecto se sustenta en una especie de paraíso a futuro. La creación de un aparato represivo capaz de mantener el control del reino, y una falange que conoció las arenas del desierto y las lluvias del trópico.

Como monarca respetuoso designo un Regente sin violar la línea de sucesión que la dinastía que había iniciado disponía. Hay que reconocer que preocupado por el futuro de su reino ha sido precavido. La Sucesión la esta conduciendo desde su propio lecho. No espero a morir, o a perder el sentido de poder que le ha caracterizado. Ha dado los pasos que le permiten suponer que puedan soldar las estructuras de un régimen en ruina. Confía que sus hoy enriquecidos mercenarios por tal de proteger intereses particulares servirán con igual fervor al Sucesor designado como le sirvieron durante 47 años.

Fidel Castro, su hermano y los que integran el régimen funcionan como un clan. Como un grupo aristocrático que se vale de la plebe para cumplir sus propósitos. Es evidente que Fidel Castro tiene tantas similitudes con otros caudillos latinoamericanos como diferencias. En su condición de rey absoluto al estilo de Luís XIV, no comparte el poder pero si establece una línea de sangre que le permite ciertas garantías en momentos como los que esta enfrentando. Un caudillo americano, ya habría sido asesinado o depuesto por sus compañeros de aventuras, otra muestra de su pernicioso talento.

Es importante destacar que a pesar de su mentalidad monárquica no ha abdicado. Deja espacios para volver. El regente, aunque sea su hermano, es solo eso, un Príncipe que esta al frente del estado mientras que Su Majestad recupera la salud. Es inaudito que en el siglo XXI, en occidente, un cacique que a mas sangre que fuego conquisto el cetro de la tribu cincuenta años antes, haya podido repetir episodios superados por la historia.

La voluntad de Fidel Castro ha primado sobre la de todos los otros cubanos, incluyendo la de aquellos que se encuentran en su entorno más próximo. Desde que asumió el poder dispuso de vida y hacienda como el monarca más absoluto. Hay quienes cuentan que en los primeros años portaba una chequera y que emitía pagares con la misma tranquilidad que un millonario dispensa limosna a un pordiosero.

La Sucesión en Cuba es una realidad. Un poder legitimado por la fuerza designo quien debía ocupar el trono. Los lazos de sangre y la complicidad histórica son más relevantes que los beneficios que pueden recibir los súbditos. Los intereses de la aristocracia revolucionaria son los determinantes. Los problemas de Cuba son los que afectan al Soberano, a su corte y la solución es aquella que convenga al patriciado.

Fidel Castro no quiere que en Cuba se repita lo de España, porque según se dice Francisco Franco ató el traspaso de poderes para que el rey Juan Carlos ocupara el trono, pero cuando murió los nudos se corrieron y en el país surgió una democracia plural en la que los socialistas han gobernado mas tiempo que cualquier otra formación política del país ibérico.

Es evidente que Fidel Castro es mejor tramoyista que Francisco Franco. Fue testigo de los esfuerzos del dictador español para lograr una transición a la medida de sus deseos pero como a éste se le fue el tiro por la culata, decidió que le heredaran en vida para poder dirigir el montaje de la nueva carpa.

Algunos podrán decir, tal y como comentó un amigo en el funeral del preso político Mario Pombo Matamoros, que por las leyes del régimen a Raúl Castro le corresponde la herencia, pero quien lo diga o piense esta en un error, el régimen cubano no es legítimo, no proviene de elecciones libres, secretas y democráticas. Si el poder de Fidel se sustenta en las bayonetas, en los mecanismos de represión y control establecidos, cualquiera que le suceda hereda su poder despótico.

De Corea del Norte se conoce poco, pero es posible que Fidel Castro que ha disfrutado de una gran sensibilidad política, que se ha caracterizado por poseer un aguzado sentido de la oportunidad, haya aprendido de Kim Il Sung, quien gobernó por 46 años e instauro una dinastía exitosa, su hijo Kim Jong Il gobierna desde 1994, y no parece que su poder este en peligro.
Castro pretende gobernar como monarca supremo aun después de muerto y es por eso que la autoridad de su Sucesor esta en suspenso. Raúl es la sombra de su voluntad, y quizás siempre lo sea porque aunque Fidel no muera a su manera, no dudo que habría deseado desaparecer en un conflicto total con Estados Unidos, morirá de todas formas, y su reinado siempre se medirá con la vara con la que gobernó su Faraón.


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