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Cuba y su Realidad Social 23-03-2017

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El laberinto del Minotauro


23-09-2009, Pedro Corzo

Cubamatinal/ Entre los académicos destacan los denominados cubanólogos. Casi todos formados intelectualmente en el extranjero, algunos nunca han visitado Cuba, y sus conocimientos derivan de lecturas, charlas y conversaciones pero casi nunca poseen experiencias directas.

Es evidente que la oposición política cubana, particularmente la asentada en el exterior, padece de una fuerte inclinación a la intelectualización de sus contradicciones y proyectos, producto tal vez de las diversas corrientes socio-política que la integran; condición que implica debates y confrontaciones fraticidas que solo benefician a quien generó la referida oposición: el gobierno.
 
El origen múltiple de la oposición política y también la diversidad generacional , promueve foros y encuentros sectoriales con una permanente producción de razonamientos y propuestas que generan fricciones con otras corrientes opositoras, teniendo esto como consecuencia constantes contradicciones internas que desgastan a la oposición sin afectar al gobierno.
 
Como si lo anterior no fuese suficiente la oposición en el exterior especula y debate sobre temas que trascienden política e ideología, incursionando en asuntos raigales como el étnico,  religión y la nación que incentiva aún más el “fuego” que aunque nos quema,  no deja de ser fatuo en el propósito fundamental: derrocar el gobierno.
 
Es posible que esta situación sea en buena medida consecuencia del tipo de régimen que se confronta porque la condición totalitaria de éste obliga un replanteo total de la naturaleza y proyecto de quien le adversa; pero también es evidente que la esencia y propuesta de cualquier oposición es generada por el poder, (régimen), al que se enfrenta y de ahí proviene la conducta reactiva de toda oposición que solo tiende a ser efectiva (acceder al gobierno), cuando crea su propio discurso y cesa de ser reflejo del poder que rechaza.
 
Pero también es prudente considerar que los cubanos tienden históricamente a complicar sus luchas políticas,  y para confirmarlo es suficiente recordar los perniciosos debates sobre los límites de la autoridad civil y militar durante las guerras de independencia contra España.
 
Por eso es probable que la intelectualización de nuestras luchas políticas sea parte del acervo cultural y de nuestra herencia y que eso influya en la actual inclinación de crear “teorías” que sin descartar eventuales “genialidades” son en realidad estériles porque al conformarse en el exterior no se pueden nutrir con la práctica que es la que en realidad enriquece, modifica o anula un proyecto.
 
De cierta manera la intelectualización del proceso político cubano contamina lo que pudiéramos llamar el “pensamiento real”, que es simplemente articular correctamente nuestras posibilidades con la dinámica del mundo exterior y la capacidad que poseamos de neutralizar los intentos del enemigo por cambiar nuestro proyecto.
 
Sin embargo, producto de esa intelectualización apreciamos como se implementan proyectos estratégicos que se sustentan en la capacidad de decisión de eventuales aliados que como es lógico tienen propias prioridades y pueden cesar sus coincidencias con las nuestras; y también como otros sectores confunden sus anhelos con posibilidades, y en base a aquellos desarrollan propuestas y prácticas en el supuesto de que sus antagonistas tienen una voluntad de cambio que niegan con sus palabras y conductas.
 
Tampoco faltan quienes diseñan estrategias que podrían ser adecuadas en otros escenarios y hasta tal vez en Cuba, si las mismas fuesen desarrolladas en la propia isla; pero que activada en el exterior en un ambiente de opinión pública y derecho, no pasan de ser un ejercicio de realidad virtual que en poco afecta al mundo que en Cuba se concreta.
 
La identidad política es otro elemento seriamente afectado en este constante proceso de intelectualización de la problemática cubana.
 
En este mosaico político e ideológico que integramos  no faltan los que necesitan justificar su participación haciendo suyo parte del discurso gubernamental planteando que ciertas acciones del régimen son en realidad ajenas a su voluntad y que éstas han sido provocadas por la conducta de sus enemigos.
 
Otros procuran una legitimidad política, condición que no otorga nadie porque es un derecho natural pensar diferente a los demás y actuar en consecuencia, tomando como base los valores éticos y morales de la sociedad que rechazan, atacando los proyectos y estrategias de otras corrientes opositoras o de factores extranjeros, (embargo, leyes de EEUU. o de la Unión Europea,  presiones internacionales, etc) aunque al asumir esta conducta coincidan con la estrategia del gobierno que dicen confrontar.
 
La corriente revisionista también está presente.
 
Estos consideran que la educación, la salud pública, el deporte, etc. fueron conquistas del proceso revolucionario obviando que la base económica del “milagro social cubano” fue simple consecuencia del masivo apoyo soviético, a la vez que ignoran los perjuicios humanos que tal proceso provocó. En este sector también actúan los “paternalistas”, aquellos que justifican las conductas individuales por horribles que éstas hayan sido, planteando que cualquier actitud es válida si se valoran adecuadamente las circunstancias en que se realizaron.
 
La presencia de una corriente retardataria que no acepta ni reconoce las crisis estructurales de la sociedad cubana del pasado; que soslaya la realidad de la Cuba actual, refugiándose en consignas tan sectarias y extremistas como las del propio régimen cubano lastran en buena medida a la oposición.
 
Este es un sector que a pesar de ser más contemplativo que activo goza de notable influencia y de autoridad moral porque sustentan su discurso en las aberraciones del castrismo y aunque sus propuestas no tienen posibilidades de concretarse, sí satisfacen la voluntad de justicia de sus partidarios.
 
Por supuesto que también debemos referirnos a los denominados “académicos”, pero entre éstos, las pintas son tantas como las estrellas del universo.
 
Están los académicos tremendistas que vislumbran un final inmediato de la dictadura ante cualquier cambio, rectificación o alianza que ésta implemente. Otros “académicos, paradójicamente las cátedras e instituciones de éstos son sostenidas económicamente por fundaciones americanas o agencias del gobierno de los EEUU., no cesan de cuestionar la política de este país en relación a Cuba, de justificar las decisiones del gobierno de La Habana  y de culpar a la oposición política cubana de la agonía política y económica que sufre el pueblo de la isla. Estos individuos también procuran una legitimidad de su posición  con actitudes francamente bastardas en relación al gobierno cubano defendiendo lo que supuestamente cuestionan.
 
Entre los académicos destacan los denominados cubanólogos. Casi todos formados intelectualmente en el extranjero, algunos nunca  han visitado Cuba, y sus conocimientos derivan de lecturas, charlas y conversaciones pero casi nunca poseen experiencias directas. Salvo muy contadas excepciones sus análisis de la situación cubana tienden a justificar el régimen sin dejar de manifestar sus diferencias con éste, pero enfatizando una especie de desprecio a otras vertientes de la oposición cubana. Muchos de ellos se creen “especiales”, puros políticamente porque consideran que sus propuestas no están contaminadas por los errores de la oposición ni por los “excesos” del gobierno de La Habana y menos aun influenciadas por ideas extranjeras.
 
Por suerte, también existe una oposición con sentido de la realidad, convencida de la necesidad de su existencia y que no requiere más legitimidad que la que le confiere la historia. Ellos están en todas partes, sus tesis pueden antagonizar, confrontar y hasta asumir posiciones extremas en el logro de un objetivo, pero el empeño es el mismo y la necesidad de hacer lo que se crea necesario (desde el fusil al diálogo) está en el meridiano de la dignidad de cada uno y en la confianza depositada en las estrategias que asumen. Ellos, con sus equivocaciones y aciertos dan más, hacen más, aunque se perciban menos.
 


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