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El lenguaje de Chávez y el Cardenal
27-08-2006, Carlos Rodríguez Duarte

El uso de la cerbatana oral, disparando dardos descalificadores, malolientes, irreverentes, amenazadores, con ínfulas de humor revolucionario, ha caracterizado la presencia pública de Chávez desde sus inicios.

Desde el “ por ahora “ tranquilizante y profético para unos y amenazador para otros, el cual todavía a estas alturas está provocando reacciones airadas y prepotentes en respuesta a la disección descriptiva del mismo hecha por Alberto Garrido, pasando por la amenaza de freír la cabeza de los adecos en aceite caliente, las ofensas a frijolito, a su propio benefactor Rafael Caldera, a quien llamó cadáver político, incluyendo también la caballerosa oferta a su esposa de que lo esperara que él le daría lo suyo en aquel lejano día de los enamorados; y, una interminable cadena de expresiones que han incluido todo tipo de ofensas vertidas en su espacio mediático donde éstas son recibidas con regocijo y apoyo por sus acólitos, haciendo de este léxico una forma de llegar a muchas mentes agradecidas por la audición de lo que ellos han querido y quieren oír, y, de esta forma reforzar su imagen ante ese colectivo, han sido parte imprescindible de su discurso político.

Ocupa en este sentido un lugar prominente en los últimos tiempos de mayor acercamiento a la oratoria de su socio Fidel Castro las expresiones de desdén y ofensa contra los Estados Unidos su Presidente Bush, incluyendo a la Secretaria de Estado, a la cual calificó de analfabeta en celo, haciendo hincapié en la crítica trasnochada al Imperialismo americano, acusándolo de ser la causa de la miseria salvaje de Cuba y de todos aquellos países – ahora hermanos y colegas suyos – que no han sabido regentar la organización de programas revitalizadores de sus economías, con honestidad y destreza.

Los ataques a la Iglesia Católica nunca han faltado. La Conferencia Episcopal y muchos de sus dirigentes han sido blancos de sus dardos envenenados. Se les ha calificado con los más groseros y perversos epítetos, y amenazados en innumerables ocasiones. Todo esto con su estilo blasfemo, blandiendo un crucifijo y mencionando el nombre de Jesucristo, el cielo, el infierno, la eucaristía, la confesión etc. Otra vez mucha gente siente un fresquito interior cuando escuchan que el líder se atreve a ofender a la Iglesia, haciendo caso omiso de las implicaciones religiosas de ello, y ni siquiera del concepto político arraigado de que los dictadores no deben “meterse con la Iglesia”, tal como refiere Vargas Llosa - en la Fiesta del Chivo- que Perón le avisó a Trujillo.

Este estilo se hizo habitual para el pueblo, y Chávez, últimamente, no creaba una verborrea polémica contra los que permanentemente analizan de manera crítica la actualidad nacional. Pero en esta ocasión – 17 de Julio de 2005 - ocurre que un Cardenal prestigioso e ilustre, aunque retirado se atreve a criticar a su gobierno de manera firme y contundente; y, eso no puede pasar, hay que pararlo.

De una forma intempestiva, violenta, fúrica, blasfema, inconsulta – no debe haber recibido consejos de Fidel, Dieterich, José Vicente ni de nadie- el mismo día de la publicación ataca al Cardenal, y lo califica de fariseo, alcahuete, hipócrita, bandido, inmoral, diablo, y sobre todo de algo que el conoce muy bien, de golpista.
Que cosas tan horribles debe haber dicho el Cardenal para generar esa violenta reacción por parte del Presidente. Solamente dijo, de manera serena y muy bien argumentada tres cosas.
1.- Este gobierno es una dictadura.
2.- Es el gobierno más funesto que ha tenido Venezuela
3.- Las próximas elecciones son una pantomima, realizada por un CNE en el cual nadie puede confiar.

No parecen comentarios tan acerbos que provoquen una actitud tan iracunda y grosera e irreverente de un Presidente.

La primera aseveración le debe provocar satisfacción , puesto que Chávez ha trabajado duramente para lograr ser un dictador, y lo ha logrado, subyugando los poderes democráticos concentrándolos en sus manos y manejándolos por personajes de origen militar que son serviles cumplidores de sus órdenes. Eso lo planeó e implantó usando su astucia y rodeado de perfidia y conocimiento político por parte de Fidel Castro, y el resto de sus asesores – antiguos y actuales-, que le han enriquecido con sus adecuados consejos. Por lo tanto debe recibir esta opinión como un halago a su persona, no como una ofensa.

Si el gobierno es funesto, esta es una opinión del Cardenal, pues Chávez puede pensar que se necesita más tiempo para hacer esa afirmación de manera contundente. De manera que el Cardenal tendrá que ver cómo se mueve la economía, veremos como se logra un funcionamiento óptimo en el manejo del petróleo; cómo se liberaliza, profundiza y depura la docencia en el país; cómo desaparecen los mercados informales, dando paso a una producción agro-industrial gigante, capaz de suplir con creces nuestras necesidades, ofreciendo todo lo que el pueblo necesita, sin necesidad de gallineros ni otros inventos perversos; podrá ver el resultado positivo del manejo de la salud del pueblo destruyendo los Hospitales Académicos ya consolidados por años de fructífera labor y sustituidos por el sistema de medicina simplificada soviética guiado por manos cubanas; tendrá también la oportunidad de observar como el pueblo logrará un mayor rendimiento de las fincas productivas que se han invadido y expropiado siendo entregados a ellos para su administración; asimismo verá cómo se elimina el control de cambio, el IDB y se logra la reevaluación de la moneda, se paga la deuda externa en su totalidad. En fin Cardenal – pensará el Presidente-, el resultado de este gobierno calificado por usted de funesto llevará al país a sitiales no imaginados en toda nuestra historia. Como quiera que sea, tampoco son consideraciones que justifiquen una reacción de tanta virulencia, pues no son sino la repetición de las críticas injustas hechas hasta este momento a mi gobierno.

En cuanto a la importancia de la tercera aseveración, la cosa cambia. Cómo va el Presidente a permitir que el Cardenal diga sin empacho que las próximas elecciones, las cuales lo van a ratificar y legitimar a él en el poder, manteniendo la pantalla de democracia y de gobierno electo por el pueblo que tantos dividendos le han producido en el pasado son una pantomima, y además se atreve a decir que nadie cree en el CNE, cuando millones de Venezolanos acudirán a las urnas para ratificarlo y cuando ya hay hasta restos putrefactos de partidos de oposición que aunque están un poco desprestigiados van a participar en ellas, avalando así la seriedad y credibilidad del CNE, y proporcionándole a él la base para gobernar hasta el 2060 según asegura Cabello. No solamente eso, sino que se atreve a sugerir que se use el artículo 350 de la Constitución para desconocer a su gran gobierno. Eso es golpismo Cardenal, usted está incitando al pueblo de Venezuela a que no participe en estas elecciones; eso es bandidaje, inmoralidad, farisaísmo, hipocresía, eso es obra del diablo, alcahuetería de aquellos que desean que Venezuela deje de vivir en miseria salvaje actual y se introduzca en el neoliberalismo salvaje de los países como los Estados Unidos de América.

Todo esto demuestra el pánico existente en el gobierno por la abstención masiva en la próxima farsa. Ya han dicho que es obligatorio votar aunque lo haga en contra del gobierno – no, porque esos votos nunca van a favorecer a ningún candidato que no sea del gobierno -. Por eso la osadía del Cardenal no es tolerable, y se hace necesario usar el léxico blasfemo e insultante en contra de esta figura para tratar de desnaturalizar su denuncia.

Y es que esta andanada no está dirigida al Cardenal ni a la Iglesia, sino a todo el pueblo Venezolano que está dispuesto a desenmascarar su pantomima de elecciones y demostrar al mundo que no está legitimado. Para impedirlo, ha pedido de nuevo colaboración a la OEA, y hace poco a la Unión Europea. A la culta, erudita e hipócrita Unión para que ellos, cierren sus ojos y oídos a la realidad nacional, y, seguramente, avalarán su triunfo, y de paso podrán hacer otros negocios suculentos en Venezuela, con la nariz tapada con la mano izquierda, mirando de lado y la mano derecha extendida para recibir el pago adecuado. Seguramente Rodríguez Zapatero liderará alguno de estos grupos.

Venezuela debe reaccionar con firmeza y altivez ante estos dardos, crear un escudo de vergüenza y decencia ante las andanadas que, desde luego, seguirá lanzando a todo aquel que se atreva a avalar el concepto de la pantomima de las elecciones, y la burla al pueblo que se está concretando con estas elecciones amañadas y con aquellos indecentes restos de partidos putrefactos que le hacen el juego participando en las mismas, y, a pesar de todos sus intentos NO VOTAR, para impedir la legitimación del tirano.

No votar es y debe ser la consigna, que quede claro ante el mundo que este gobierno es funesto, que Chávez es un dictador y que el CNE tramposo está descalificado por el pueblo. Gracias por su arrojo, y su dignidad cardenal.


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