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Una abuelita mentirosa


16-08-2006, Miguel A. García Puñales

Dicen que Granma se traduce como abuelita, yo más bien la siento como una madrastra vieja y envidiosa. ¡Le he visto cambiar tanto de parecer!

De pequeño adquirió mi primo Pepe la sana costumbre de leer la prensa. La manía de su abuelo al pasarle su ejemplar diario de El Mundo, sembró en él a edades demasiado tempranas la necesidad de información. No es bueno para un niño “madurar al carburo”, menos a través de la prensa, pensada entre semana para adultos y no para las lecturas infantiles, pero el semanario Pionero de la época era un bodrio al que se le veía el plumero según el especial vocabulario que imitaba al de su abuelo.

Aunque totalmente manipulada – principios de los sesenta-, conservaba la prensa de entonces las buenas técnicas periodísticas, así como una gran cantidad de páginas y secciones. No era difícil encontrar en las páginas culturales las carteleras de teatros y cines, con sus correspondientes críticas y propagandas gráficas. Numerosos suplementos dominicales hacían aún por entonces las delicias de chicos y jóvenes.

La costumbre adquirida de recibir en casa estos suplementos, hacía que se levantara mi primo mas temprano de lo habitual, para recoger del enrejado colonial de su casa de pueblo, el bien atado paquete que Basilio el “periodiquero” dejaba casi al amanecer. La lectura en la cama se convirtió en una costumbre de los domingos, esperada durante toda la semana; Que su madre complementaba con el obligado desayuno. Con esas lecturas conoció en versiones infantiles La Odisea, El Jorobado de Notre Dame, Enrique de Lagardere y tantos otros que le motivaron a visitar con frecuencia la biblioteca pública y tomar en préstamo las obras en sus versiones originales. Las obras completas de Julio Verne le permitieron adelantarse ventajosamente en las predicciones que todos los “fiñes” de entonces hacíamos sobre el posible final del primer serial televisivo Aventuras del canal 6 a las 7:30 PM; “20 000 leguas de viaje submarino”.

A pesar de su afición a la lectura, su gusto infantil seguía extrañando, como todos nosotros, los seriales americanos tempranamente desterrados de nuestra pequeña pantalla, Superman, Comandos Cody y El Llanero Solitario no eran lo que se dice obras maestras de la literatura, pero entretenían. La programación de “Cine del Hogar” a las dos de la tarde le permitió disfrutar de películas, que sólo mucho después supo que eran clásicas de todos los tiempos. Es capaz aún de dictar a memoria todos los parlamentos de Casablanca.
Entre toda aquella “revolución cultural” que todo iba cambiando, los únicos animados en español seguían siendo los del dúo Hanna-Barbera; Huckelberry Hound era por así decirlo, con sus pocos capítulos emitidos una y otra vez en la pequeña pantalla, la seguidilla que todos los niños aprendían de memoria. Algunos conocí que castigados por alguna travesura a la pena máxima que era no ver los “muñe” de la tele, repetían oralmente el serial completo, como si de un poema se tratara.

Uno de aquellos animados que todos veíamos se refería a un anciano, veterano de las guerras entre vaqueros e indios, -según los guionistas tatara-tatara-tatara-abuelo-, que obligaba a sus t... nietos a escuchar sus siempre cambiantes batallitas contra los indios.

Un buen día de 1965, el abuelo de Pepe no le pasó más su periódico, pues según le dijo, ahora había uno sólo que a él no le interesaba y --¡san se acabó!.
Mi pobre primo sólo sabía que desde entonces las frecuentes discusiones políticas entre su abuelo y su padre iban en disminución, ¿sería por el cambio de periódico?, ¡Los adultos son tan extraños!

Verdaderamente el nuevo periódico no le hacía gracia, era feo, sin contar que desaparecieron totalmente de la publicación los dibujos animados de los suplementos y cuando aparecían eran verdaderamente aburridos. Sólo tiempo después cuando andábamos por sexto grado aparecieron nuevas publicaciones animadas, los estrenados personajes eran Matías Pérez, ya saben el que voló, un samurai llamado Kombei y otro mas de chota que se llamaba Kashibashi, por cierto acompañado en Japón por un mambí de apellido Valdés.

Sus hijos y los míos tuvieron peor suerte, junto a los “muñequitos rusos” comenzaron las interminables películas de aquella Guerra Patria que no tenía fin, a veces me molesto con ellos por cosas propias de jóvenes –ya no tan jóvenes- pero recapacito pensando qué puede esperarse de una mente traumatizada por aquel bombardero eslavo sin radio comunicación, -como cuentan que eran los aviones soviéticos que entraron en batalla durante la II Guerra Mundial-.

Dicen que Granma se traduce como abuelita, yo más bien la siento como una madrastra vieja y envidiosa. ¡Le he visto cambiar tanto de parecer!. Si se hace un seguimiento de sus editoriales no sabe uno a qué atenerse; en los sesenta, los exiliados eran unos apátridas, vende patrias y contrarrevolucionarios. Sin embargo a finales de los setenta eran la Comunidad Cubana en el Exterior y se daban instrucciones precisas de cómo facilitar a las personas que recibieran visitantes de este tipo para disfrutar de vacaciones y hasta permisos especiales fuera del ámbito vacacional. En pleno desarrollo de la Conferencia Tricontinental, los soviéticos no eran tan revolucionarios, es decir que no estaban en la vanguardia. Sin embargo un lustro después en ocasión de la visita de Brezhnev a Cuba, era el faro que iluminaba al mundo, en especial al movimiento revolucionario y por eso pocos años mas tarde los ejércitos cubanos en desfile gritaban ¡Hurrá! Al mejor estilo ruso.

Por cierto en ese mismo acto –creo que el dos de enero de 1976- a los chinos se les llamó “Mandarines”, con abandono de la tribuna por parte de la delegación diplomática china y todo; para dos décadas después alabar lo mismo que se le había criticado, o sea la reconversión de su economía y alguna otra “tontería” relacionada con la geopolítica africana, ya sin importancia a pesar de los muertos.

En cuanto a la información interna del país ni hablemos, tantas veces me ha dicho que estábamos saliendo del subdesarrollo. Se pueden clasificar por cientos los artículos donde se demostraba que el llamado “bloqueo” era infectivo, ahora llevan ya un tiempo dando la lata con que sí, que afecta y tanto que es toda la causa de los males económicos del país. Que es el causante incluso que el boniato y la harina de maíz estén perdidos, -los clásicos alimentos de las crisis cubanas de todos los tiempos- ¿serían importados?

Por poco llegan a convencerme que el plátano micro-jet sí resolvería el problema -y eso que ya les tenía por mentirosos-, sin embargo después no me han hablado más de él, debe ser porque es secreto de estado. En cualquier momento hacemos dumping y controlamos el mercado mundial bananero, como íbamos a hacer con el azucarero en el 70, ¿se acuerdan?

En 1978, Granma publicó un discurso -de quién tú sabes-, donde decía a religiosos de Jamaica que antes de la Revolución la iglesia católica no había construido ninguna iglesia en las regiones rurales cubanas. Veinte años después; ¡Hay que ver los artículos de Granma en ocasión de la visita del Papa!. ¡Le zumba la berenjena!

Ahora resulta que el Castro convaleciente aparece un día en chándal –de marca claro está- con una buena porción de kilos más, con un sospechoso color saludable, posando y hablando por teléfono con gesto autoritario para televisarle al día siguiente en cama, mucho más delgado, con voz casi inaudible y haciendo de segundo a la estrella de la cámara; el delfín Chávez.

Se “equivocan” al publicar las fotos trucadas, pero sobre todo al pensar que la totalidad de los mortales son tontos; por algún motivo se esfuerzan en vendernos un Castro robusto –como si nadie supiera lo que es un anciano aquejado de enfermedades- algo huele a podrido y no es precisamente en Dinamarca.

Mi primo Pepe estará perdiendo los pocos pelos que le quedan a estas alturas; desde hace tiempo no logra leer a la abuelita sin tirarse de ellos. Siempre termina como los protagonistas infantiles del animado de marras, exclamando; --¡Lo cambias cada vez que lo cuentas abuelita, lo cambias cada vez que lo cuentas!


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