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¿A quién aplaudir?
10-06-2009, Mora, Angélica

Cubamatinal/ Los aplausos para el gobierno de Cuba de los tontos útiles comprados con el dinero de Venezuela - proporcionado por el Presidente Hugo Chávez- siguen produciéndose en la reuniones regionales.
Y por supuesto, la cúpula gobernante de La Habana los destaca.

Texas/ El régimen cubano, cuando quiere dar a conocer su opinión o subrayar un hecho que lo favorece, saca su batuta y hace escribir una Reflexión, que atribuye a Fidel Castro.

Se comprueba con cada aparición de los escritos, que Raúl Castro sigue inmaduro y no se atreve a tantear -el mismo- su poder de mando frente a la opinión pública internacional. Por eso recurre -una y otra vez- al Fidel Castro Eterno para pronunciarse.

La nueva Reflexión se titula LOS APLAUSOS Y LOS SILENCIOS y mide los “clap-clap” de la concurrencia en El Salvador cuando se nombró a Cuba y los pocos “clap” que se hicieron frente a la representación de los Estados Unidos, personificada por la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

La Habana, a través de la columna de “Fidel” monta en diabólica ira (no se puede decir Santa) cuando analiza las declaraciones de la representate de USA en el tema de los democracia y los derechos humanos.
(Para entender la ira hay que seguir el hilo de la reflexión).

Dice el supuesto Fidel Castro:
“El jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, Jorge Bolaños, transmitió el sábado que Cuba ‘espera reiniciar conversaciones sobre migración y el servicio de correo directo’, dijo el domingo un alto funcionario del Departamento de Estado que se mantuvo en el anonimato.
“Desde El Salvador, donde asiste a un cónclave ministerial sobre comercio regional, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que Washington estaba complacido de reanudar las conversaciones con La Habana sobre esos temas.”

Expresa la columna:
“De inmediato un exabrupto nada diplomático:”
“‘Habrá un diálogo abierto tan pronto como haya cambios sobre derechos humanos y movimientos hacia la democracia’ en Cuba”.

Y se pregunta “el Fidel de la Reflexión”:

“¿Cuál es la “democracia” y los “derechos humanos” que Estados Unidos defiende?  ¿Era realmente necesario lanzar esa humillante y prepotente advertencia?

Y agrega:

“Cuando hoy veía por televisión la toma de posesión de Mauricio Funes y éste habló de restablecer relaciones con Cuba, un ensordecedor aplauso y gritos de júbilo estallaron en aquella sala, como no se escucharon en ningún otro momento de su discurso. Allí entre los invitados estaba Hillary. Previamente el orador, que muchas veces se apartaba de los papeles, había cometido  el error de saludar a la Clinton, que ocupa el cargo de Secretaria de Estado, antes incluso que a Lula da Silva, Presidente del gigante suramericano, allí presente entre un grupo de Presidentes de nuestra área.
El orador, sin concluir todavía el prolongado aplauso a Cuba ?que tal vez lastimaría a la señora Clinton?, tomó la palabra y mencionó de nuevo a Estados Unidos, con la mejor intención del mundo. Sin embargo, muy pocos en aquella gran sala aplaudieron a ese país.
Un momento culminante y muy aplaudido del discurso de Mauricio se produjo antes, cuando mencionó al ilustre arzobispo Oscar Arnulfo Romero, cuya tumba había visitado esa mañana.  Aquel defensor de los pobres había sido asesinado impunemente, cuando oficiaba una misa, por la sangrienta tiranía del partido ARENA impuesta por el imperialismo en El Salvador. En aquella sala estaban también los legisladores y altos funcionarios que representaban al partido que lo asesinó; entre ellos, varios de los pocos que aplaudieron a Estados Unidos.
En determinadas circunstancias, no solo las palabras hablan por sí mismas, sino también los aplausos y los silencios”.

Aplausos comprados, pero para el caso, suenan.
Los aplausos sientan un precedente para que la dictadura comunista de Cuba mantenga todo el respaldo que necesita en mantenerse viva, ya se ha visto, con el beneplácito de los serviles gobiernos democráticos de la región.

Eso, es democracia aplastada por los mismos que la usaron para encumbrarse al poder al aplaudir a un tirano que mantiene en un puño de hierro las libertades de un pueblo, desde hace más de medio siglo.

Los aplausos para el gobierno de Cuba de los tontos útiles comprados con el dinero de Venezuela - proporcionado por el Presidente Hugo Chávez- siguen produciéndose en la reuniones regionales.
Y por supuesto, la cúpula gobernante de La Habana los destaca.

El régimen cubano, cuando quiere dar a conocer su opinión o subrayar un hecho que lo favorece, saca su batuta y hace escribir una Reflexión, que atribuye a Fidel Castro.

Se comprueba con cada aparición de los escritos, que Raúl Castro sigue inmaduro y no se atreve a tantear -el mismo- su poder de mando frente a la opinión pública internacional. Por eso recurre -una y otra vez- al Fidel Castro Eterno para pronunciarse.

La nueva Reflexión se titula LOS APLAUSOS Y LOS SILENCIOS y mide los “clap-clap” de la concurrencia en El Salvador cuando se nombró a Cuba y los pocos “clap” que se hicieron frente a la representación de los Estados Unidos, personificada por la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

La Habana, a través de la columna de “Fidel” monta en diabólica ira (no se puede decir Santa) cuando analiza las declaraciones de la representate de USA en el tema de los democracia y los derechos humanos.
(Para entender la ira hay que seguir el hilo de la reflexión).

Dice el supuesto Fidel Castro:
“El jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, Jorge Bolaños, transmitió el sábado que Cuba ‘espera reiniciar conversaciones sobre migración y el servicio de correo directo’, dijo el domingo un alto funcionario del Departamento de Estado que se mantuvo en el anonimato.
“Desde El Salvador, donde asiste a un cónclave ministerial sobre comercio regional, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que Washington estaba complacido de reanudar las conversaciones con La Habana sobre esos temas.”

Expresa la columna:
“De inmediato un exabrupto nada diplomático:”
“‘Habrá un diálogo abierto tan pronto como haya cambios sobre derechos humanos y movimientos hacia la democracia’ en Cuba”.

Y se pregunta “el Fidel de la Reflexión”:

“¿Cuál es la “democracia” y los “derechos humanos” que Estados Unidos defiende?  ¿Era realmente necesario lanzar esa humillante y prepotente advertencia?

Y agrega:

“Cuando hoy veía por televisión la toma de posesión de Mauricio Funes y éste habló de restablecer relaciones con Cuba, un ensordecedor aplauso y gritos de júbilo estallaron en aquella sala, como no se escucharon en ningún otro momento de su discurso. Allí entre los invitados estaba Hillary. Previamente el orador, que muchas veces se apartaba de los papeles, había cometido  el error de saludar a la Clinton, que ocupa el cargo de Secretaria de Estado, antes incluso que a Lula da Silva, Presidente del gigante suramericano, allí presente entre un grupo de Presidentes de nuestra área.
El orador, sin concluir todavía el prolongado aplauso a Cuba ?que tal vez lastimaría a la señora Clinton?, tomó la palabra y mencionó de nuevo a Estados Unidos, con la mejor intención del mundo. Sin embargo, muy pocos en aquella gran sala aplaudieron a ese país.
Un momento culminante y muy aplaudido del discurso de Mauricio se produjo antes, cuando mencionó al ilustre arzobispo Oscar Arnulfo Romero, cuya tumba había visitado esa mañana.  Aquel defensor de los pobres había sido asesinado impunemente, cuando oficiaba una misa, por la sangrienta tiranía del partido ARENA impuesta por el imperialismo en El Salvador. En aquella sala estaban también los legisladores y altos funcionarios que representaban al partido que lo asesinó; entre ellos, varios de los pocos que aplaudieron a Estados Unidos.
En determinadas circunstancias, no solo las palabras hablan por sí mismas, sino también los aplausos y los silencios”.

Aplausos comprados, pero para el caso, suenan.
Los aplausos sientan un precedente para que la dictadura comunista de Cuba mantenga todo el respaldo que necesita en mantenerse viva, ya se ha visto, con el beneplácito de los serviles gobiernos democráticos de la región.

Eso, es democracia aplastada por los mismos que la usaron para encumbrarse al poder al aplaudir a un tirano que mantiene en un puño de hierro las libertades de un pueblo, desde hace más de medio siglo.


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