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EL ESTADO SOY YO
09-03-2009, Pedro Corzo

Esta nota esta cargada de especulaciones y arriesgadas por cierto, pero en justicia no más que aquellas que hacen referencia a pretendidos o verdaderos enfrentamientos entre los hermanos Castro o a la irreconciliable enemistad que afirman existe entre Raúl y Ramiro Valdez.

Desde hace mucho, muchos afirman que Raúl Castro tiene una firme intención de producir reformas fundamentales, modernizar el régimen y aproximarlo en alguna medida al estilo de vida occidental. Por supuesto que hay otros que no lo creen posible, y piensan que en el mejor de los casos la dictadura solo intenta dar más pan y colocar almohadillas entre los eslabones de la cadena que carga cada ciudadano.

En base a la primera opinión y en un hecho sin precedentes, un número importante de mandatarios latinoamericanos ha viajado a la isla. Un sector significativo de cubanólogos con el respaldo de legisladores estadounidense ha propuesto el levantamiento de las sanciones al régimen sin que este tenga que hacer concesiones, algo parecido a lo que España ha conseguido en la Unión Europea; por otra parte José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos, insiste en revocar la resolución que sacó a Cuba de la entidad y exhorta a los gobiernos de América Latina a estrechar relaciones con la isla.

Lo interesante de esto último es que el gobierno de Cuba, a pesar de las lágrimas de Insulsa, sigue clamando que la OEA es el ministerio de Colonias de Estados Unidos y que no le interesa retornar a la organización, algo similar a esos comerciantes que insisten en hacer prestamos a los Castro sin tener en cuenta que los hermanos no pagan.

Hay quienes tienen la certeza de que la mandancia de Raúl Castro, término que se usa en las cárceles para denominar la administración interna entre reclusos, y Cuba es una prisión, es el preámbulo de una sociedad democrática o al menos la flexibilización de la dictadura. Esa noción del presente cubano en cierta medida ha impulsado la ofensiva diplomática, política y comercial que favorece al régimen de La Habana.

Por otra parte es evidente que varias de las disposiciones del Sucesor han generado en ciertas esferas algunas expectativas, por lo que hay quienes tienen la esperanza de que el totalitarismo cubano esta en su última estación, y que por lo tanto se aproxima a la crucifixión, sin resurrección por favor, de sus mas eminentes representantes.

Por supuesto que esto no niega la simpatía que algunas personalidades e instituciones sienten hacia el régimen de La Habana y la dependencia ideológica que padecen otros. Esos siempre han estado y estarán a la orilla de los Castro y a su disposición. La fascinación que el totalitarismo castrista ejerce sobre ciertos individuos es una penosa realidad.

Y ahora la que podría ser la Madre de todas las especulaciones, porque la mayoría de lo que se lee y escucha afirma que Raúl se aleja de Fidel y que ha decidido a colocar en el gobierno hombres de su confianza.

 

La lectura que se quiera hacer de la destitución de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, y de otras que tal vez no conozcamos todavía, puede conducir a escenarios infinitos y uno de ellos puede ser que los Castro están tomando las medidas pertinentes para mantener el control del régimen en el proceloso mar de contradicciones internas y ambiciones que le acechan. La ruta a seguir, cualquiera que sea, reclama un mando unificado, sin fisuras y la exigencia es más firme si está en consideración cambiar de rumbo porque todo es posible cuando la conservación del poder es lo fundamental.

Los Castro supieron conquistar el Poder y han tenido la habilidad de conservarlo. Entre Fidel y Raúl, hay una absoluta identidad de propósitos. Compartieron el pasado y estarán juntos hasta el día del último gruñido. Se apuntalan mutuamente. Se puede suponer que hay fisuras en su relación pero estas no van mas allá de los normales desencuentros entre los individuos, y todo parece indicar que están dispuesto a compartir el timón o traspasarlo a quienes perciban como sus clones.

En base a la inflexión de Fidel Castro, la confianza solo se debe depositar en los históricos. En aquellos que corrieron riesgos y enfrentaron el régimen anterior, particularmente en los que participaron en el ataque al Cuartel Moncada, los “moncadistas”, los puros y duros de la Revolución. Las nuevas generaciones pueden, o están contaminadas, por lo que hay que impedir que saquen del cauce un proceso que una vez mas se confirma que esta sustentado en el Ejército.

Por supuesto que afirmar que Felipe Pérez Roque o Carlos Lage eran partidarios de reformas contrarias al totalitarismo es muy aventurado. El actuar político de los dos aparentaba ser de una lealtad canina, pero evidentemente esa no era la percepción de Fidel y Raúl Castro ya que les obligaron a escribir un “mea culpa” que recuerda el Proceso Ochoa. La humillación que sufrieron fue proporcional a los cargos que ocuparon.

Los fatídicos hermanos con frecuencia han expresado que el régimen solo puede ser destruido desde adentro y es por esa convicción que no dudan en eliminar aquellas “Familias” que puedan escapar de la autoridad del padrinazgo de Fidel Castro, quien a fin de cuentas sigue siendo fiel a su principio “Dentro de la Revolución Todo, Fuera de la Revolución Nada”, porque a pesar de haber dejado el poder formal sigue teniendo el mando real, o por lo menos la capacidad de vetar aquellas decisiones que afecten la Revolución que el encarna.

Pedro Corzo
Marzo-09

Pedro Corzo
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