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La misma jeringa con otro bitoque
(o el mismo trompo con otro hilo
o...)

05-03-2009, Mora, Angélica

Cubamatinal/Nueva York/ Apuntes de una Periodista/ A simple vista, los cacareados cambios en las alturas del poder cubano sólo beneficiarán a los nuevos componentes de esta nueva Cúpula, liderada por Raúl Castro.

El Hermanito, siempre había querido olisquear los aires que se respiran desde el sillón, que felizmente para él dejó vacante el Máximo Líder, a quien no le quedó otra que nombrarlo su sucesor con el gesto resignado muy parecido a la célebre pintura La Creación de Miguel Ángel en la capilla Sixtina.

Desde siempre Raúl, este nuevo Adán, le siguió los pasos a Fidel, trotando detrás de él como perro faldero, cuando estaban en la Sierra Maestra y luego cuando bajaron "felices y contentos", con rosarios en el cuello a la ciudad al triunfo de la revolución.

Resulta que el "nuevo grupo" que hoy ostenta el poder en Cuba ha estado siempre en la retaguardia, esperando -como virtual contingente de relevo- en la batalla por perpetuarse en el poder. Atornillada en sus cerebros la máxima de no ceder un milímetro en enunciados o políticas que pudieran aflojar el moño de la dictadura.

Si hay ilusos que creen que las “liberaciones” de personajes clave en el gobierno cubano van a traer cambios positivos y la apertura de algunas claraboyas para que entre el aire, se van a desencantar rapidito.

Los "nuevos", parados sobre los cuerpos caídos de los “compañeros”, sólo tienen el propósito de mantener la dictadura, con otro hombre en el poder, que ¡oh sorpresa! es el hermano del que se fue.

Hay que tener en cuenta y recordar que Raúl "parece" frágil, pero su figura es la misma, su cara de Cantinflas –sin humor- permanece al igual que en la Sierra, con el agregado de algunas canas. Su afición a empinar el codo sigue igual y los días que los vapores etílicos se apoderen de él se quedará dentro de los aposentos privados de alguna de sus viviendas o el mismo Palacio de la Revolución, a pasar lo mejor posible “la rasca, la mona o el ratón correspondiente”.

Su ferocidad permanece igual, la misma que le hizo desdeñar y comentar que él no habría permitido –habría fusilado- a los que propiciaron en la ex Unión Soviética el Glassnot y la Perestroika.

Tengan en cuenta y recuerden que es el mismo que durante la decisión final en la Causa 1/89 (enero de 1989), en el juicio seguido al héroe cubano de Angola, Arnaldo Ochoa -y otros- lo condenó "inmisericorde" a ser ejecutado por "traición a la patria".

No es la condena de "los chivos expiatorios" lo que lo delatan a Raúl Castro, son sus palabras lapidarias en el tribunal durante la sentencia, llenas de hipocresía la que lo moldean de cuerpo entero:

ME CORRIERON LAS LÁGRIMAS

“-Ustedes me conocen, saben que no soy un sensiblero-, una de estas madrugadas, casi al salir el sol, cuando concluíamos, presidido por Fidel, una larguísima jornada; en los momentos mismos en que veíamos la gravedad del problema por haber descubierto el tema de las drogas; con la cabeza atormentada –como pienso que estarían los demás compañeros-, con el sueño ausente, mientras me paseaba por mi propio despacho, fui a cepillarme los dientes en el baño que está detrás del mismo y mirándome en el espejo del baño vi que corrían las lágrimas por mis mejillas. Como es de suponer, primero me indigné conmigo mismo, inmediatamente me repuse y comprendí en el acto que lloraba por los hijos de Ochoa a quienes conozco desde que nacieron; lloraba por los hijos de otros acusados que probablemente serían sancionados a muerte o a largos años de prisión, aún cuando no los conociera, lloraba, sobre todo, por nuestro pueblo, por esta tonelada de fango que se le echaría encima.

Si no se cumple la sentencia por consideración a los méritos históricos, estaríamos creando un nefasto precedente de impunidad para todos los que en este país –y en esta reunión hay unos cuantos- de un modo y otro gozamos de ese reconocimiento por parte del pueblo. Si nos dejamos intimidar por las campañas del enemigo, o cedemos ante las presiones de otros, con independencia de sus motivaciones, cometeríamos un grave error de incalculables consecuencias”. Raúl Castro. Enero de 1989

Yo después de eso no me cepillo más los dientes frente a un espejo.
¿Qué es lo que estarán pensando los "defenestrados" o desfavorecidos- como Lage, Rodríguez y Pérez Roque quienes también estuvieron en el juicio de la causa 1/89 y sin asco colocaron su pulgar hacia abajo, decretando la muerte de sus compañeros en desgracia? ¿Estarán pensando que "quien la hace la paga", o revisando sus propios historiales?

Hoy difamados y de capa caída deben soportar la afrenta de ser llamados tácitamente “traidores” y posiblemente "en tratos con el Enemigo", a través de una nueva “Reflexión” del otrora Máximo Líder, quien escribe (además de trotar por las calles de Jaimanitas como el Cid Campeador):

"La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos...".

Yo que ellos, ¡pongo las viejas barbas en remojo!

 


 


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