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Las vacas flacas

03-03-2009, Carlos Rodríguez Duarte

Cubamatinal/ La llegada al poder del grotesco militar en Venezuela estuvo acompasada por la oleada de lumpen alborotado que hicieron entrar en estado de gracia al zambo patán, estableciendo un sistema humillante y apabullador de todas las Instituciones de un Estado Democrático venido a menos por las impertinentes barbaridades de las clases políticas, denominadas de manera sarcástica por este espécimen de la IV República, pero que había logrado establecer y mantener un sistema de respeto a los cuerpos deliberantes; y, le había dado a la comunidad la alternativa de vida en muy variados niveles de funcionamiento social, política y económica. Funcionaba el principio del trabajo remunerado y la contraprestación del beneficio por el mismo.

Pero lamentablemente el lumpen no era solamente de color rojo rojito, que de manera muy fácil de entender vislumbró una forma de vida conveniente a su manera de ver las cosas y su forma de existir, recibiendo sin esfuerzo lo que nada les había costado; y, que ahora se le ofrecía de la mejor manera, vale decir “ de gratis ”. También se deslumbró una gran mayoría del lumpen de cuello blanco que se dejó seducir por las posibilidades que se asomaban, con poder de penetración a muchas actividades, hasta ese momento monopolizadas por las fuerzas políticas gobernantes; y, que representaban un nuevo panorama de ejercicio de poder y enriquecimiento fácil que engordaría sus, ya abultadas arcas. Es totalmente inviable el dar señales detalladas de los componentes de una inmensa marejada de figuras sociales, políticas, empresariales, judiciales, sindicales, profesionales, militares etc, que fueron alternándose en las filas del poder al salir los frustrados en sus ambiciones, e ingresar nuevos fichajes pletóricos de ambición de poder y riquezas; todo esto logrado sin represas a principios de moral y buenas costumbres.

Claro está que al poco tiempo de establecido el sistema se produjo la subida bestial del precio del petróleo que llevó a la cresta de la ola económica en Hispano América a Venezuela; y que sacudió la mente enferma de su jefe y sus cómplices. En algunos casos representados por figuras inauditas por su saber y entender y sus posiciones sociales, los cuales vieron muy claramente dónde había dinero; y, para compartirlo era menester pasar de lado de la comparsa grotesca de compra de mentes, instituciones y, sobre todo Países, y de la implantación de las medidas que, cual plaga de langostas iba sin prisa pero sin pausa destruyendo todo el andamiaje de producción y productividad logrado desde los últimos 40 años de vida democrática del País, dándole pasaporte indefinido a la delincuencia, destruyendo los estudios médicos y abriéndose a la práctica de la medicina simplificada soviética, bloqueando las posibilidades de la juventud Venezolana, menospreciando los logros académicos logrados hasta ese momento, incluyendo esto el desarrollo del deporte, que hundió en el fracaso las participaciones ganadores hasta ese momento. Todo esto producto del aprendizaje disparatado de las “grandezas” del pobre pueblo cubano. Así se estableció lo que muy acertadamente Blanco Muñoz ha denominado ExPais.

Pero la “danza de los millones”, era la característica de una población silenciada y vendada a todo lo que no fuera el brillo de unas 30 monedas, la posesión de uno o más vehículos, y la posibilidad de no prender el televisor para resistir la humillación del espectáculo de payasadas orquestadas por el zambo patán y sus acólitos más allegados. No importaba la pérdida de la estructura de los poderes públicos, la inmoralidad las trampas de las autoridades electorales, la sangre derramada diariamente en las calles, el toque de queda de hecho, la ausencia de productos comestibles tan simples como leche, azúcar, maíz, queso, frijoles, el abuso oficial, la corrupción, el contubernio con las guerrillas y con la miseria del pueblo cubano, el despilfarro de los recursos nacionales en actividades ausentes de toda implicación de progreso y desarrollo del Pueblo Venezolano. La respuesta de los críticos a todo esto era estereotipada “pero hay mucho dinero”, muchos carros, los restaurantes están llenos, lo demás no es asunto nuestro. Era la época de la Vacas Gordas.

Pero, de manera inexplicable, se derrumbó el precio del petróleo, y con ello las bases de la estructura gobernante hasta esta hora. Ya no va a haber más dinero para Bolivia, Cuba, Nicaragua, Argentina etc. Ya habrá una devaluación a corto plazo, ya los controles de divisas están afinados para impedir que el producto del trabajo y el esfuerzo de cada ciudadano no pueda ser utilizado en lo que al mismo le produzca placer o beneficio. La crisis alimenticia será despiadada, será necesario el racionamiento de los alimentos pues todo depende de las importaciones, y los experimentados profesores cubanos tendrán que entrenar a las autoridades para implantarlo y silenciar las protestas por el mismo. Se acabarán los viajes no autorizados por el gobierno, se aplicarán expropiaciones y nacionalizaciones canceladas con papeles de un País que no tiene recursos para responder por esos valores. Se contabilizarán las pérdidas de dinero despilfarrados en todos los países señalados. Los servicios médicos entrarán en una crisis de gigantescas dimensiones al no poder disponer de los materiales necesarios para una buena administración de salud. Se destruirán las fortunas existentes, y Venezuela con toda su riqueza ampliará la lista de los países miserables, a pesar de ser privilegiado en medios de riqueza incalculable.

En fin, estaremos en la fase de las Vacas Flacas, y tendremos que conformarnos con las alucinaciones del Zambo viendo el fantasma del asesino cubano, paseando su esqueleto por las calles cubanas.

 

Carlos Rodríguez Duarte
Médico Cubano Venezolano residente en Madrid.
e. mail: carlosr.duarte@telefónica .net.


 


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