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Cuba y su Realidad Social 23-03-2017

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Los comunistas y su especial concepción de la “Democracia”
07-08-2006, Miguel A. García Puñales

 

El siglo XX parió dos grandes engendros: La “peste parda” y… la “peste roja”. Sobre la primera enfermedad del intelecto – su forma de raciocinio y actividad social- no caben dudas a la inmensa mayoría de los cronistas y público en general; sin embargo; sobre la segunda patología social se tiende un manto de invisibilidad, similar al que las tradiciones irlandesas atribuyen al dios Angus. Sólo que a diferencia de la deidad Celta, el manto no se utiliza para proteger a los desvalidos, sino para timarlos y por supuesto no es amor lo que identifica a esta tendencia.

Elucubraciones “teóricas” aparte – créanme, la inmensa mayoría de los dirigentes comunistas han sido y son verdaderos analfabetos de la “teoría científica” que dicen defender- la práctica social, la Historia con mayúsculas, demuestran que la similitud entre fascismo y comunismo es algo más que una mera semejanza entre estructuras de dominación social.

Ambos sistemas parten de supuestas “premisas científicas”, ignorando a voluntad que el pensamiento filosófico –incluso sin aberraciones- es de hecho una forma de pensamiento especulativo, tan válido como forma de análisis como lo puedan ser el pensamiento religioso o el propio conocimiento científico… sólo que no se le deben atribuir a los resultados del pensamiento filosófico la calidad de pruebas que suelen identificar a las verdaderas conclusiones científicas.

Los científicos someten a la experimentación sus hipótesis y sólo después de múltiples verificaciones las elevan a la calidad de tesis; los políticos devenidos en filósofos suelen ejecutar monstruosos experimentos sociales sólo para “demostrar” tesis conclusas antes de iniciar el experimento, de hecho utilizan lo que en la forma de pensamiento religioso se suele identificar como dogmas, es decir, verdades aceptadas a priori y cuyo valor probatorio radica en la propia existencia del emisor. En ese sentido los políticos totalitarios juegan al rol de Dios.

Poco importa que las concepciones de cada tipo de peste difieran formalmente entre sí, poco importa si la exclusión que implantan es de tipo racial, nacional o clasista; los resultados son los mismos, penalidades, miserias, sufrimiento y muertes.

Ahí están los datos, los hechos que deberían ser inobjetables si el manto de Angus no se extendiera sobre ellos para proteger los intereses de una clase política que se hace acompañar de una inmensa legión de tontos útiles.

El régimen estalinista generó muchos más muertos en el territorio de la extinta URSS que los provocados por el propio horror de la invasión Nazi; es más, el tantas veces negado oficialmente pacto secreto Ribentroph – Molotov, sigue siendo un “pecado” oculto bajo la alfombra, a pesar de los algo más de cinco millones de víctimas que generó el reparto de Polonia entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin. Por suerte el nuevo miembro de la UE no olvida; ¡sería criminal pedirle olvido al pueblo polaco!

No ha existido ningún estado comunista que haya aplicado en los territorios bajo su control un régimen democrático. Todos parten de un silogismo originado en un dogma filosófico; “democracia” significa “poder o gobierno del pueblo” y según la teoría que suelen alegar, el “pueblo” es el “proletariado” es decir una parte de la sociedad, pero por arte de birlibirloque ese pueblo está representado en una élite que todo lo sabe y que en el mejor de los casos acude a “elecciones” propias con candidatos únicos predeterminados y a los que constituye una “acción enemiga” no apoyar.

Poca memoria demuestra Europa al olvidar la historia reciente, entre la enseñanza de una Historia Antigua o Medieval –privilegiada en los planes de estudios- y la enseñanza de la Historia Contemporánea –prácticamente inexistente fuera del ámbito de la Historia nacional- existe un espacio, el mismo espacio que existe entre los orígenes y el desenlace de una civilización; el espacio entre la Gens germana y el Auschwitz nazi, entre la Rus de Kiev y el Gulag soviético, entre Atapuerca y la Cruz de los Caídos.

Poca memoria para un territorio que hace apenas 17 años vivía temerosa de las concentraciones de blindados enemigos en sus fronteras orientales. Muy poca memoria para un continente que ha tenido tantos altos y bajos en su devenir histórico y que ha aportado tanto bueno –cultura, avance tecnológico- y malo –destrucción y muerte- a eso que solemos llamar Civilización.

Ningún sistema social o estado de bienestar económico es irreversible, se le ha de cuidar, mimar, pero sobre todo se le ha de entender. Ignorar que existen fuerzas que desde dentro de la cultura occidental siempre han trabajado para destruirlas basándose en supuestas supremacías ideológicas, es ceder un terreno que quizás no se logre recuperar nunca.

Los cubanos lo tenemos claro; otro tanto lo tienen los pueblos del antiguo “campo socialista”. Los partidos comunistas simulan entrar al juego democrático, pero sólo en su provecho. Son además maestros de la propaganda política y la simulación, capaces de hacer ver a un tirano como héroe, a un asesino como mártir, a un país empobrecido, despojado de su libertad y decoro como un ejemplo a seguir, a un aliado como enemigo.

La situación de los Derechos Humanos en Cuba debiera ser sobradamente conocida, al menos para los integrantes de un parlamento democrático; al menos para la totalidad de un parlamento que como al español le sobran vínculos de todo tipo con la nación cubana. Sin embargo hemos visto con horror, aunque no con extrañeza que el voto de los comunistas y los verdes –estos últimos no parecen haberse enterado de los disparates ecológicos del “campo socialista”, Cuba entre ellos- repito, hemos visto como el voto de esta ínfima representación del pueblo español ha paralizado una moción de condena a la violación de los derechos de los cubanos.
Según las notas aparecidas en la prensa española: “Durante el debate de la iniciativa, la diputada de IU Isaura Navarro reconoció que el sistema cubano 'es mejorable' pero apostó por colaborar en la modernización de Cuba 'sin injerencias', al tiempo que acusó al PP de no estar preocupado por los derechos humanos sino 'por el socialismo', 'defendiendo los intereses mesiánicos de EEUU'. … “Apoyó esta postura el diputado del BNG Francisco Rodríguez, quien destacó 'el silencio' del PP hacia la violación de derechos humanos en Guantánamo”.
Es decir más de lo mismo, la estrategia de apoyo a la dictadura cubana pasa por reconocer que “existen problemas”, “que es mejorable” etc, para inmediatamente tirar de argumentos hartamente utilizados, a saber; antiamericanismo, desvío de la realidad cubana hacia estados comparativos - reales o supuestos- con otros problemas internacionales, identificar la cruel tiranía de la Isla con un simple problema de “modernización” del estado y por último desviar la atención hacia el enfrentamiento interno entre partidos políticos españoles. Y ahí queda todo.
Nada más se puede esperar de quienes refrendan en sus manuales la utilización del estado de derecho democrático como una forma de alcanzar el poder para luego “transformar” la sociedad, es decir para luego implantar la “dictadura del proletariado”, la abolición de la propiedad privada “sobre los medios de producción”, pero que termina siendo la abolición de la propiedad hasta del cepillo de dientes, terminando por abolir absolutamente todos los derechos de la población, por cierto al que están acostumbrados los ilustres votantes simpatizantes de Castro, no en balde algunos de ellos recibieron educación en Cuba.
Si algún día el pueblo español dejara llegar al poder a esa izquierda trasnochada se enteraría del verdadero significado de la palabra “dictadura”. Esperemos que no suceda, mientras tanto sólo se nos ocurre pedirles a los ilustres políticos que se vayan una temporada a vivir en Cuba, sin euros, claro y sin becas ni recibimientos oficiales del gobierno de la Isla, como un cubano de a pie, va y a lo mejor les gusta. Sólo les daría un consejo, para sobrevivir allí, ¡punto en boca!, decir lo que se piensa es un feo hábito burgués ¿o no?. Mientras tanto los demócratas cubanos tomamos nota y no precisamente en una tabla de hielo.


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