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CUBA: 50 AÑOS REIVINDICANDO EL DERECHO A UNA VIDA EN LIBERTAD
16-12-2008, Pedro Corzo

Durante toda su historia el pueblo cubano ha expresado de diversas maneras su rechazo a los gobiernos que le han impedido un desarrollo socio-económico satisfactorio y conculcado sus derechos a libertades públicas e individuales. Esas confrontaciones siempre se desarrollaron por etapas y fueron asumiendo gravedad según lo exigían las circunstancias.

Al machete mambí se llegó después de numerosos y serios esfuerzos para que la metrópolis reconociese los derechos que asistían al Pueblo. La bomba se usó contra Machado porque éste no dio alternativas al pretender perpetuarse en un gobierno que se había envilecido en sus abusos. Batista usurpó el poder en 1952 por medio de la violencia y la alternativa que dejó a la oposición por cerrarse a soluciones negociadas, fueron las mismas que lo entronizaron.

Castro, el más letal de nuestros dictadores, no solo en la dimensión humana sino también en lo que atañe a la violencia indiscriminada en el proceso insurreccional en él que fue un factor determinante, es también el que más obtusamente ha negado espacio a la lucha cívica, aplastando primero y prohibiendo después, la conformación de un tejido social sano que posibilité cambios y reformas equilibradas y satisfactorias para la comunidad nacional.

La oposición asumió prácticas violentas porque la dictadura se abroqueló en una tesis excluyente y discriminatoria. El gobierno imposibilitó la confrontación cívica y civilizada. El terror oficial engendró la violencia de los oprimidos porque la justicia se hizo injusta. Un ejemplo del terror rojo, fue
el espurio proceso a los pilotos aviadores en 1959, la campaña de descrédito contra el presidente Manuel Urrutia Lleó y el proceso contra el comandante Huber Matos, por solo mencionar unos pocos.

La prensa fue amordazada. Presentes en la memoria colectiva están las coletillas y posteriores confiscaciones. Los partidos políticos fueron suprimidos. La sociedad civil agarrotada hasta desaparecer. La dictadura asfixió el paisaje contestario y éste, en el abismo de su existencia, recurrió al supremo derecho de la rebelión.

La rebelión fue cruenta pero la violencia gubernamental fue despiadada, efectiva y sistemática. El Kremlin apoyó a La Habana. Buena parte del mundo, cegado ante la poesía del castrismo y el discurso antiimperialista, no quería ver ni escuchar lo que ocurría en Cuba.

Millares fueron fusilados. Aldeas estratégicas, pueblos cautivos, a los que fueron enviados sin ninguna consideración millares de campesinos con la prohibición explicita de regresar al terruño natal. Un notable por ciento de la población marchó al exilio. Cientos de miles terminaron en prisión

La Pax lúgubre de Castro, síntesis de miedo, desconfianza, favoritismo, represión, cárcel y muerte, se extendió con suma dureza por toda la isla. Pero la opresión no terminó con la resistencia. Las montañas, la lucha en las ciudades, las tareas de infiltración generaron un presidio que continuó la resistencia. Los hombres y mujeres tras las rejas no fueron neutralizados. Crecieron espiritualmente y se convirtieron en uno de los reservorios morales más importante de la población.

La autoridad se hizo más precisa. Selectiva. La desconfianza fue inoculada en cada célula de la sociedad. Al parecer la Pax de Castro se había cimentado. Sólo esporádicos e individuales chispazos de rebeldía expresaban inconformidad. Pero en realidad la oscuridad no era tan cerrada. La oposición estaba latente y el régimen estaba engendrando sus contradicciones. La simulación, el doble pensar, la escasez crónica, las injusticias con sus propios partidarios, presagiaban el fin de la fe aunque no precisamente el del templo.

Surgieron focos de resistencia en las propias fuerzas del poder y los grupos opositores que parecían extinguidos recobraron energías con el propósito de participar en las nuevas variantes de la confrontación. Emergió el movimiento de los Derechos Humanos. Concepto que la naturaleza totalitaria del sistema apreciaba como una fuerza política emergente contraria a sus intereses.

El movimiento de Derechos Humanos generó nuevas expectativas. Partidos políticos, siempre ilegales. Luego surgió el periodismo y las bibliotecas independientes. Propuestas de Reconciliación y Diálogo. La inventiva para buscar espacios libres ha sido notable, solo comparable con la capacidad de régimen para aplastarlas a todas.

La caída del muro de Berlín (entiéndase el Bloque Soviético), relanzó la oposición y radicalizó varios de los grupos disidentes hasta transformarlos en abiertos opositores al sistema. El oficialismo se atrincheró en su consigna de Patria o Muerte, pero en la aparente dureza está el embrión de la debilidad.

La delincuencia en la isla ha alcanzado cotas inimaginables. Muchos son los presos, de los qué una mayoría simplemente ha delinquido para sobrevivir. La deserción y fuga de jóvenes talentosos, nacidos y educados bajo el totalitarismo es impresionante. Las diferencias sociales se han profundizado. La discriminación por el color de la piel que oficiosamente practican los poderosos es escandalosa.

Los cambios entre personeros de la cúpula gobernante e intentos de “refrescar” una economía agotada por numerosos errores, parecen ser insuficientes. La agudización de la crisis moral que padece la nación en su conjunto corroe al individuo y la sociedad. La corrupción ha hecho acto de presencia en los niveles mas altos del gobierno y los funcionarios se asocian con inversionistas extranjeros para robarle mas y mejor al Estado y al Pueblo. La represión se ha incrementado. La confianza pública está en cero. En fin, una situación peligrosa que puede conducir al país a una debacle cuando el ciudadano deje el barracón de la esclavitud, porque se percató que solo puede perder las cadenas que le tienen sometido.

 

Pedro Corzo .
Diciembre 2008


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