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La conspiración de “los iguales”
21-06-2008, Miguel A. García Puñales

En torno a la Posición Común de la Unión Europea y a las medidas meramente simbólicas adoptadas a partir de la ola represiva de 2003, el gobierno de La Habana no se cansa de repetir que “el diálogo debe ser entre iguales”; presionando para el levantamiento de las “sanciones”.

Y no dejan de tener razón, para que un diálogo se produzca ambas partes deben concurrir en calidad de iguales, sólo que en esa propia definición se encuentra la trampa.

En las últimas declaraciones del ministro Moratinos, este hace mucho énfasis en aclarar que el objetivo del nuevo disparate es “acompañar a los cubanos en el camino a la democracia”. Sería bueno que el señor ministro aclarara a qué cubanos y a qué democracia.

Cuando el gobierno socialista recién llegado al poder en 2004, declaró por boca de la vice presidenta del gobierno, sus reticencias con las medidas adoptadas por la UE a raíz de la ola represiva de 2003, sabíamos por dónde irían los tiros.

Y no es que profesemos de gurús; es que casi cincuenta años de dictadura totalitaria nos ha entrenado para interpretar lo que por otra parte no se ocultaban demasiado; las complicidades.

Durante muchos años, justo hasta que la caída del muro de Berlín dejara con el trasero al aire las interioridades del llamado “socialismo real” y el resto de la izquierda se reinventara a sí misma como “progresista”, justo hasta ese momento, ninguna política de aislamiento al régimen de La Habana funcionó, por la sencilla razón de que jamás existió tal aislamiento.

Recapitulemos

Durante la crisis de los misiles en octubre de 1962 y sólo durante 13 días existió un verdadero bloqueo naval sobre la Isla. Destinado evidentemente a impedir el arribo de nuevos pertrechos militares para los silos de cohetes portadores de cabezas nucleares.

Pero la costumbre hace la ley y el gobierno de Cuba se encargó desde aquél mismo instante en extender el vocablo “bloqueo” al embargo económico decretado por el gobierno americano; que aparte de conseguir cortar los posibles suministros financieros desde el territorio estadounidense, sólo ha servido de pretexto victimista y una fuente barata de antiamericanismo visceral.

En pleno “bloqueo” de los años sesenta y setenta, Cuba fue, por poner sólo un ejemplo uno de los más importantes -cuando no el mayor- cliente de los astilleros españoles. Sin contar los contratos millonarios de compras de autobuses y camiones españoles – marca Pegaso- o de motores de las factorías de Barreiros, amén de otros muchos “triángulos comerciales” en que los dos dictadores de sangre gallega participaron.

No en balde se cuenta que en cierta ocasión, preguntado Franco sobre el origen de las buenas relaciones con la Habana, respondió diciendo que Cuba era hija de España, aclarando a continuación: -“hija puta, pero hija al fin”.

La anécdota, cierta o no, me fue relatada en la Habana hace ya una buena porción de años por un médico estudiante de la Maestría de Administración y Dirección de Salud Pública, justo en la época de los inicios del gobierno de Felipe González y el principio de la colaboración a nivel de gobierno para la extrapolación a territorio español del sistema de regionalización de los servicios de salud.

Por la misma época en que los autobuses Pegaso rodaban desde la estación de Santiago de las Vegas hacia sus distintos destinos en la ciudad o cercanías, los camiones franceses marca Berliet inundaban las obras faraónicas que tanto gustaban al dictador cubano, que claro; sin el sentido constructivo de los faraones y con sus cambios “de palo para rumba”, ¡por suerte! Quedaban a medias y a veces sólo en planes, como aquél que pretendía desecar el mar entre Batabanó y la Isla de Pinos. ¡Que Dios nos cogiera confesados!

Y así hasta el infinito, pudiera ejemplificarse como en realidad nunca existió el cacareado aislamiento; sin entrar a ejemplificar la “ayuda solidaria de la URSS”, que la mayoría de estudiosos estiman en unos 4000 millones de rublos oro anuales, aunque otros la llegan a cifrar en 6000 millones en iguales períodos.

Desde Italia, por ejemplo; Feltrinelli se ocupó en el mismo año 1968 de iniciar la mayor operación de marketing político al lanzar el mito guevarista, con ingresos multimillonarios claro está.

Sin contar que en el propio territorio norteamericano ha encontrado el gobierno de los Castro a lo largo de toda su existencia la mejor y más peligrosa claque de partidarios.

Sólo con el análisis de la deuda externa cubana se puede tener una visión meridiana de cuan extendidas han sido las relaciones del gobierno cubano con toda la geografía global y también conocer cuántos “tiburones” de los negocios se dejaron la plata en esa relación, dinero que por supuesto jamás recuperarán, empezando por los rusos y seguidos por una larga lista entre los que se encuentran Japón así como numerosos países de la UE, entre ellos ¡por supuesto!, España.

Error de cálculo

Luego, el hecho de que nos quieran vender que las “políticas de presión” con La Habana nunca han dado resultados, omite que en realidad nunca han sido aplicadas.

Por otra parte, ¡y eso el gobierno de Cuba lo tiene muy claro!, las invitaciones a los recintos diplomáticos de los opositores en ocasión de los actos por las fiestas nacionales de los países de la UE, constituían un peligro muy palpable para el gobierno totalitario. Una nación que tiene desde hace casi cincuenta años un gobierno ilegítimo -desde la óptica moderna del ejercicio de la soberanía por parte del pueblo a través de instituciones democráticas y por extensión del estado en su nombre- una nación así necesita legitimar a las fuerzas políticas de la oposición.

Y qué mayor legitimación que el reconocimiento de esa oposición por las legaciones diplomáticas acreditadas en el país. No es como se dijo malintencionadamente “una guerra de canapés”, era una política de reafirmación de símbolos y de eso el gobierno de La Habana conoce más que nadie.


¿Resultados?

Los “resultados” que enarbola el señor ministro son puro marketing. Los encarcelados, históricamente siempre transitan en Cuba por el mismo camino; el gobierno los encierra y luego los va liberando a cuentas gotas como dádivas del juego político, mientras que encierra por los mismos motivos –aunque no por las mismas causas “legales”- a otros tantos.

Me imagino que las medidas miméticas de Raúl Castro – muchas de ellas copias de medidas similares aplicadas en los años ochenta- no quiera el señor ministro español adjudicarlas a la influencia del gobierno que representa, corre el riesgo de quedarse en breve con las vergüenzas al aire, ya lo dijo el escritor Jorge Edwards; “de Cuba se debe temer más el abrazo que el palo”.

En cuanto a la firma de documentos sobre derechos humanos, políticos y civiles; el gobierno de La Habana es un experto, los ha firmado todos y no cumple ninguno. Por otra parte en esos tipos de documentos incumplibles, España también acumula una buena experiencia si no ¿Para qué están los miles de folios firmados en las Cumbres Iberoamericanas?

A fin de cuentas

Al final sólo queda el negocio y como por ahora el dueño del país es el estado totalitario es con él con quién prefieren tratar, ya lo dijo el señor ministro, quieren tener allí un pie ¡O dos!

La historia de Cuba se repite, sólo que esta vez y aplicando la propia teoría comunista puede estarse gestando una “situación revolucionaria”, pues los de arriba no pueden seguir gobernando con el viejo estilo y los de abajo no quieren seguir gobernados de esa forma. Eso quedaría más claro a la opinión pública si los periodistas extranjeros acreditados en el país hicieran verdaderos reportajes a pie de calle ¡en los barrios donde no entra la policía! y no se limitarán sólo a reportar lo que el gobierno hace o deja de hacer; si la propia oposición interna incluido el periodismo independiente trabajara más en esa dirección y dejara de mirarse el ombligo o a reportar sólo la represión contra sus miembros.

El quid del asunto radica en si la necesaria transición se convierte en un asunto de relaciones exteriores entre el estado totalitario y el grupo de naciones interesadas en el tema cubano –quedando por tanto la transición en un continuismo con cambios miméticos- sacramentado por la propaganda mediática y gobiernos extranjeros; o si por el contrario incorpora la participación de la verdadera nación cubana, el cubano de a pie.

Luego no digan que no fueron advertidos, la hidra de las mil cabezas duerme y su despertar casi siempre trae consigo tiempos muy tormentosos; para colmo se vaticina un verano muy caliente, mayor producción de ron, la música de moda ha transitado muy rápidamente de la salsa al rap y la válvula de la olla de presión – las salidas masivas vía “norte revuelto y brutal”- están descartadas.

Pobre Cuba que sufre, pero ya reirá; como dice el refrán, al que ríe último… se lo lleva la corriente.


 


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