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EL ENCANTO MAGICO DE LOS SALVADORES
13-06-2008, Pedro Corzo

Los griegos decían que el carisma era un regalo divino, por lo tanto, si procede de los dioses, es ajeno a los conceptos sobre el bien y el mal que aplicamos los simple mortales. Esa habilidad para generar entusiasmo, atraer, convencer, llamar la atención e inspirar confianza es un don especial que atrapa a los magnetizados en una telaraña virtual de la que se hace difícil escapar porque entre otros factores engendra dependencia y complicidad. A esos individuos les puede rodear un aura de santidad o heroísmo. Sus actos difieren de los de las mayorías. Son rebeldes y tienen una infinita confianza en sus capacidades, por eso los riegos de que incurran en petulancia, soberbia y en violentar los derechos de otros son considerables.

Otros factores que pueden estar presentes en estas personalidades son: una sonrisa perpetua que muta a rigidez y furia celestial cuando lo que dice defender está en peligro o es atacado. Un lenguaje halagador fácil, sencillo. Rápida confraternización con el interlocutor o el público sin excesiva intimidad, capacidad de trasmitir la certeza a la multitud que se está dirigiendo a cada uno de ellos en particular. Contacto físico, identificación de las personas, trasmitir individualidad en fin, que la “presa” se convenza de que solo él es objeto de la atención del Señor.

El carisma es una cualidad que pocas personas poseen, pero quien la tiene es capaz sin ejercer presión física o de otra clase, de que terceros cambien de opinión y actúen en muchas ocasiones de forma contraria a las ideas y actitudes que solían defender. El líder carismático se diferencia del “Jefe” en que no inspira miedo, gana adeptos por el respeto y la confianza que infunde y por eso vende a futuro, promete paraísos que el ávido comprador negaba minutos antes fuera posible su existencia.

Sin embargo en no pocos casos los lideres carismáticos han sido crueles, manipuladores, malignos y con una capacidad de destrucción de carácter excepcional, la que esta indisolublemente asociada a la furia que pueda generar en sus seguidores. La condición mesiánica de este tipo de líder suele desarrollar toda su potencialidad en una sociedad en crisis. Una comunidad nacional o local en problemas, es un caldo de cultivo ideal porque vigoriza la figura del Guía lo que le permite desarrollar hasta los más pequeños detalles sus propuestas.

Una sociedad, por fuertes y estables que sean sus instituciones, no esta exenta de tener un redentor que en muchos casos, por la formación cívica acumulada en la memoria colectiva, puede hacer de la comunidad un concierto de intereses mas favorables, sin embargo si ese mesianismo tiene otra orientación, su sinergia con feligreses cargados de frustración y espíritu de revancha puede ocasionar daños irreparables en el “mundo feliz” desaparecido.

El carisma es intangible y difícil de definir. La apariencia física, la voz, el talento para la comunicación y una inteligencia notable, son entre otros, factores que pueden hacer mas intensa y extensa la capacidad de persuasión del elegido, pero también muchas de estas cualidades pueden faltar, sin embargo el individuo sigue siendo una personalidad notable que no pasa inadvertida para quienes le rodean.

El líder carismático tiene una autoridad muy difícil de cuestionar. Sus decisiones son respaldadas voluntariamente por sus partidarios y cuando deciden extender su influencia hasta aquellos que son inmunes a su magnetismo y recurre a la violencia, le es fácil encontrar fieles dispuesto a llevar la nueva verdad hasta el último rincón. La confianza que inspiran y las esperanzas que siembran, atraen labriegos morales que sin cargos de conciencia aplican la guadaña para eliminar la hierba corruptora.

El Profesor Richard Wiseman dice que una persona carismática tiene tres atributos, A) Siente emociones de forma muy intensa, .B) Las induce en otras personas .C) Es ajena a la influencia de otras personas carismáticas. Por otra parte Max Weber considera que estos lideres tienen la habilidad de trasmitir ideas complejas de forma sencilla, que se comunican usando símbolos, analogías, metáforas e historias.

Desde hace mucho tiempo escuchamos decir que a determinado dirigente le falta carisma para convencer, como si esa condición de excepción fuera suficiente para que un elector conciente le conceda su confianza. El carisma como dice Weber, no es garantía de que la misión proyectada sea la correcta, ética y exitosa, por lo que aquellos que tienen el derecho a elegir a sus representantes sin rechazar el liderazgo carismático, deben ser mas juicioso y no dejarse encantar por modernas sirenas.

Los medios de comunicación han sido un factor determinante en promover individuos carismáticos. En el pasado las condiciones de excepción de estas personalidades quedaban circunscritas a espacios limitados pero en la actualidad son globalizadas y su imagen y discursos satisfacen las expectativas de los que demandan reivindicaciones hasta lugares que en el pasado reciente no era posible.

No hay vacunas contra el carisma si exceptuamos la plena conciencia de que se poseen derechos naturales que no pueden ser transferidos ni asumidos por otros. La experiencia es un antídoto, haber padecido o convivido en un “paraíso”, puede estimular anticuerpos contra un nuevo hechizo.

Pero es evidente que hay quienes nacen inoculados o tienen disposición a ser contaminados. Son seducidos, atraídos, convencidos y esclavizados por un Mesías redentor cuyas promesas pueden no ser de este mundo pero que los partidarios asumen como una realidad incontrastable y llegan hasta matar por ellas.

Muchos opinan que el flautista de Hamelin era un intérprete de gran carisma, que su persona podía pasar inadvertida pero su flauta tenía la capacidad de conducir hasta la propia muerte a los ratones de aquel modesto poblado alemán, lo que obliga a pensar que algunas personas tienen oídos de ratones y marchan hacia los precipicios sin percatarse del desastre.

No hay sociedad e instituciones, por sólidas que sean, capaces de soportar indemnes el huracán de un Salvador montado en la furia de sus partidarios. Aunque el Redentor no logre sus propósitos los perjuicios que genera pueden motivar una ingobernabilidad que termine en caos.

Esa Fuerza Natural o Divina como decían los griegos, solo es constructiva cuando se impone por si misma el sagrado limite que el derechos de uno termina donde comienza el de los demás o cuando los no conversos cortan las alas del mensajero.

 

Pedro Corzo

Junio 2008


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