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Cuba y su Realidad Social 27-03-2017

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Ouroboros
02-05-2008, Miguel A. García Puñales

Ouroboros es el símbolo de un anillo en forma de serpiente que se muerde la cola y ese es exactamente su significado literal en griego.

Simbolizando la continuidad de la vida con el dragón mordiéndose la cola, o lo que es lo mismo en buen cubiche; la vida sigue igual.

Que aunque suene a canción de Julio Iglesias –a mí me gustaba más la versión de Los Jabaloyas- no es música sino una cruda realidad de cincuenta años de antigüedad en la Isla aunque a punto esté Eusebio Leal de catalogar algunas “libretas de abastecimiento” en el fondo documental del Museo de la Ciudad.

No tenemos espacio, ni tiempo para entrar -en este preciso instante- al trapo de las reformas “económicas” en Cuba, o se hacen en serio – la reformas- o siquiera servirán para lo que ahora mismo están sirviendo; legitimar las depredaciones acumuladas en cinco decenios y de paso quitar peso a las denuncias sobre determinados derechos de la población, el apartheid turístico entre otros.

Hoy me referiré al salario, en especial a los “incrementos” anunciados y a la seguridad social.

De la misma forma que la cartilla de racionamiento – la de más larga existencia en el planeta- fue bautizada desde sus inicios como “libreta de abastecimiento” y más tarde -a tono con el vocabulario en uso en los foros de ONU- rebautizada en foros internacionales como “canasta básica” a fin de confundir las entendederas de toda una claque empeñada en cargar al “imperialismo” y al consabido “bloqueo” de todos los males que sobre el pueblo cubano pesan; de esa misma forma se ha engañado a la opinión pública internacional ¡y al propio pueblo cubano! en el supuesto de que los cubanos no pagamos impuestos sobre el salario.

Ante todo -y esto va para aquellos cubanos que iniciaron su relación laboral con el sistema con posterioridad a 1967 así como para los lectores extranjeros- la composición salarial del pago por el trabajo en Cuba consta como en prácticamente todas las partes del mundo de dos capítulos; Salario Bruto y Salario Neto, de donde se desprende que el segundo es lo que resta al primero una vez descontados gastos e impuestos de variados conceptos, todos destinados a las arcas del estado.

Sólo que desde 1967 y en virtud de una campaña de “lucha contra el burocratismo”, las nóminas laborales sólo comenzaron a reflejar el Salario Neto en un verdadero alarde de “ahorro” de papel y tinta, que pasando el tiempo ahorró memoria histórica a un movimiento obrero inexistente y en manos de un sindicato vertical convertido en capataz del empresario, es decir, el estado.

Y no es que el fondo salarial deje de contemplar los pagos a la Seguridad Social y otros acápites, que eso lo saben bien los administradores que operan salarios en unidades presupuestadas o autofinanciadas de la Isla; ni siquiera que el pago que se viene exigiendo desde hace algún tiempo a determinadas categorías laborales y más recientemente a los segmentos a los que se ha incrementado el salario –exigencias impositivas del 5% para pago de Seguridad Social- sean leoninas. Es que el sistema en sí mismo es absolutamente amoral. Me explico.

Descartando que efectivamente a TODOS los trabajadores cubanos se les paga en Neto y por tanto la diferencia con el Bruto la ingresa el estado, -que a tales efectos solo cambia de bolsillo las cantidades, puesto que es el único propietario de medios de producción y único empleador- es evidente, que por esas mismas razones, el estado cubano funge como explotador de la mano de obra laboral, único comercializador en el país y por demás el que dictamina todo el régimen impositivo.

El hecho de que la misma mano que paga el salario –y lo determine nominalmente- sea la que reste la parte proporcional a la Seguridad Social –que pasa a otro bolsillo del chaleco de tahúr- que por demás se ingrese las ganancias –plusvalía suelen llamarle- no parece traer conflictos teóricos y mucho menos éticos a la clase gobernante de la Isla.

En cualquier país de economía de mercado, las ganancias pasarán a los bolsillos de los capitalistas, una parte de las cuales tributarán en forma de impuestos al estado, después de haber participado mayoritariamente en el pago de la Seguridad Social de sus empleados y demás gastos de producción. Por otra parte los trabajadores tributarán una parte del gasto de su Seguridad Social y verán retenido una parte de su salario a cuentas de la declaración de ingresos al finalizar el año fiscal, donde según proceda, verán regresar a sus manos una parte de las retenciones o no, e incluso – si superan determinados límites de ingresos- deberán hacer un pago adicional a Hacienda.

A su vez, absolutamente todas las transacciones económicas son gravadas con un impuesto, que dependerá de la base impositiva según tipo de producto o transacción a ejecutar.

Pero en absolutamente todos los casos el patrón que se toma de referencia es el ingreso, es decir las cantidades de dinero a devengar por la persona física o corporativa.

En Cuba sólo hay dos actuantes; de una parte el estado, que es a la vez el patrón capitalista ejerciendo de juez y parte y de otra el trabajador que vio congelados sus salarios desde 1960 – con ligeros amagos de ascensos irrisorios que no tuvieron en cuenta nunca el aumento del Índice de Precios al Consumo- con el pretexto de que el “estado” se ocupaba de “subvencionar” los productos de la Cartilla de Racionamiento, la Seguridad Social – Jubilación, Salubridad, Educación, Prestaciones Sociales y poco más- siendo en realidad un proceso en el que no sólo se siguieron pagando las tributaciones en uso desde 1962 hasta 1967 – fecha de promulgación de la Ley 1170 del Ministerio del Trabajo- sino que se congelaron todos los ingresos a pesar de la inflación galopante convirtiendo el estático Salario Nominal en un cada vez más pequeño Salario Real.

Para proceder a dar “borrón y cuenta nueva” el gobierno de La Habana, tendría que de alguna forma reevaluar la moneda con que paga a sus trabajadores o en su defecto pagar nominalmente con CUC, con lo cual estaría multiplicando por 25 el poder adquisitivo de cada trabajador cubano.

Como ello le es imposible dados los catastróficos niveles de producción y ofertas de servicios; tendría que tomar medidas reales de inserción de la sociedad cubana en un ciclo de economía de mercado, de forma paulatina, pero con plazos y tomas de decisiones concretas.

A diferencia de muchas opiniones que vemos en diversos medios de prensa, el que redacta estas líneas considera que en los tiempos actuales, la economía de mercado no lleva necesariamente a una sociedad democrática. Existen muchos ejemplos históricos –y contemporáneos- de sociedades con democracias amordazadas o de francos totalitarismos que desarrollan una potente economía de mercado. En el segundo caso el ejemplo de China es relevante y si alguien lo duda que compare los indicadores de China en el comercio mundial con el de muchas naciones – la UE en su conjunto- que ya tenían economía de mercado y democracias bien constituidas cuando el comunismo chino decidió salvarse como sistema utilizando las propias potencialidades del capitalismo.

De lo que se desprende que, el viejo gobierno de La Habana –que no ha cambiado, que son los mismos, ¡despertemos!- bajo su nuevo mandamás, está tratando por todos los medios de componer algo que se ha esmerado ¡concienzudamente! en destruir, pero está como la hetaira en celo, ¿Quiere? ¡Pero no se atreve! Y en definitiva opta por curitas y como siempre acusar a los trabajadores de ser los culpables de la baja productividad, o lo que es lo mismo, si no hay productividad no habrá salario, pero no habrá productividad –salario real no el ficticio nominal actual, incluso con los incrementos- si no hay un verdadero pago por el trabajo, es decir un salario real acorde a los precios, todo se reduce a un verdadero Ouroboros.

Y aunque en teoría pueda facilitar un tránsito a la democracia, no es verdad axiomática que la Economía de Mercado lleve directamente a un estado de derecho; ¡Que les pregunten a los inversores extranjeros en La Habana, que tan felices se sienten saltándose a la torera todas las disposiciones de la OIT con relación a los trabajadores cubanos!. A fin de cuentas Capital y Poder Político siempre logran entenderse siempre siempre que respeten el terreno que previamente han marcado, como verdaderas fieras del bosque.

El Capital con la Ganancia; el Poder con el Control de la sociedad y viceversas. Que en eso de ejercer cuotas cada vez mayores de poder los representantes del capital y cada vez más capital los detentores del poder; son la verdadera serpiente que se muerde la cola.

¿Y el pueblo, el trabajador? Ese, a poco podrá aspirar más que al papel de convidado de piedra en el festín de los tahúres; a menos que como muchos otros, cuando un sinfín de tropelías los lleve al límite, decida tomar el destino en sus propias manos.

Sin eso, sin retomar nuestra propia memoria histórica; ya podemos ir acostumbrándonos a la idea de otro medio siglo bajo el poder del despotismo; lástima de un pueblo antaño altivo, que hoy arriesga la vida por nimiedades – la huída- se limite a hacer pucheros mientras llora su desgracia.


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