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UN PEDAZO DE CARNE
29-11-2007, Carlos Rodríguez Duarte

Recientemente impactó en la opinión pública una noticia cubana que ponía de manifiesto notorio, el hecho que desde que la ONG llamada Unión Soviética suspendió sus ayudas a Cuba hace 16 años, se estaba vendiendo (no regalando) carne de res por primera vez en las bodegas que administran la cartilla de racionamiento. Se mostraba en la noticia que en una bodega inmunda, sin los más elementales sistemas de cuidado y vigilancia de los alimentos se vendía media libra a los portadores de la cartilla de racionamiento, cantidad ésta que se ofrecía para todo un mes por persona.

En un segundo plano aparece una joven cubana, comunista en estado de gracia, sonreída porque “ya han mejorado las cosas, vamos a salir adelante”, seguido de alabanzas y loas a los pulcros dirigentes de la revolución.

Esta noticia que me llenó de tristeza y compasión hasta por la joven descrita, me permite hacer dos lecturas diferentes. Una referente a mi infancia en un humilde barrio de un más humilde pueblo en mi patria querida, y otra acerca del fenómeno del secuestro de la subjetividad que padecen los cubanos todavía a estas alturas.

Efectivamente recuerdo que en la humildad de mi hogar, era yo el encargado de hacer los mandados que incluían a la visita a la carnicería de “el sapo”, donde yo compraba libremente, y en la cantidad necesaria y de acuerdo a nuestras posibilidades, los bistec de palomilla y riñonada, la carne de ripiar, la punta gorda para el ajiaco, la carne de guisar, el rabo, y no tan frecuentemente los filetes. Toda esta carne se vendía en un barrio humilde, a gente humilde, que compraban de acuerdo a sus necesidades y posibilidades económicas, sin racionamiento oficial ni vigilancia de ningún comité traidor. El límite lo determinábamos nosotros.

Hace ya muchos años de esto, pero pasaron muchos más, y se perpetuó el sistema de distribución de los alimentos de acuerdo a la oferta y la demanda, sin tener que rendir cuentas al comisario ni al comité, ni a los vecinos, ni a nadie. Solamente había que trabajar, ganar un salario decente, y salir a hacer los mandados en los momentos necesarios.

Pero “en eso llego Fidel”, y con la colaboración del fracasado aventurero y asesino del Che y toda una ristra de bandidos extorsionadores y masacradores del pueblo cubano, hubo necesidad de una forma rápida de racionar lo poco que se conseguía en vista de la estúpida y grotesca destrucción de todos los medios de producción cubanos. Y así se acabaron las grandes y famosas crías de ganado camagüeyanas, con desaparición de la leche, carne y huevos, las frutas, el arroz, el café, el puerco y todos los integrantes de la cesta alimenticia del cubano viandante, teniendo que limitarse a comer los chícharos y la pasta mala que la tarjeta ponía a disposición de las inmundas bodegas correspondientes, pero sobre todo sin carne.

Hubo necesidad de esperar a la carne por 16 años, cuando la libreta determina la compra de media libra por persona al mes. Claro está sin muchas posibilidades de escoger que tipo de pieza sería preferida para el ciudadano. Resulta que cuando esto se publicita, aparece el hecho que estimula la segunda lectura a la que he hecho referencia anteriormente.

Y es que para esta paisana ese pedacito de carne es el símbolo del progreso de la nación, y el signo del comienzo del fin de todas las penurias sufridas por ella desde que nació. No se trata de estupidez o pensamiento obtuso, o acto costumbrista por “lavado de cerebro”, ó por pánico, es más bien una sumatoria de políticas dictatoriales que han terminado con el secuestro de la subjetividad de los pobladores de la nación, que han perdido la capacidad de análisis y crítica, para dar paso a una rutina revolucionaria inobjetable que los hunde en la miseria sicológica que demostró la persona de la noticia, y que padecen, lamentablemente muchos conciudadanos, y que puede, inclusive, condicionar el miedo al cambio que pudiera alterar la seguridad que ofrece recibir lo mínimo necesario, con un espíritu de agradecimiento y lealtad revolucionaria.

Con mucho dolor hago estas consideraciones, sintiendo latir muy adentro la angustia de la perpetuidad que se hace sentir en esta grotesca noticia publicitada en el mundo entero. A lo mejor podría servir, al menos, como espejo para los venezolanos que hoy gritan y bailan al son que les dicta el zambo patán que nos tiraniza.


* Médico Cubano-Venezolano residente en Madrid.
e-mail: mochoa60@yahoo.com


 


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