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Venezuela en el laberinto.
13-11-2007, Pedro Corzo

Un amplio sector de la sociedad venezolana ha sido consecuente con la historia democrática del país. A pesar de los esfuerzos del presidente Hugo Chávez por imponer el modelo político que auspicia, la sociedad civil y los partidos contrarios al gobierno, han procurado fórmulas que sin recurrir a la violencia demuestran fehacientemente que hay un sector que rechaza el establecimiento de un despotismo ideológico.

 

Algunos analistas podrán concluir que la oposición ha incurrido en serias contradicciones y errores garrafales. Otros argüirán que quienes se oponen a Chávez pretenden integrar un bloque en el que hay facciones irreconciliables, y unos terceros la acusaran de haber sido ingenua y permitir, que con el pretexto de la legalidad, el gobernante les haya obligado a participar en un juego dónde los jueces están de su parte y la ley la cuece en su sartén, ganando así, tiempo para establecer una estructura vertical en la que el mandatario se encuentre, tanto en la cúspide como en la base.

 

Parte de estos argumentos pueden ser ciertos, pero hay una realidad, la sociedad civil ha estado a la vanguardia en la lucha por sus derechos. Desde las manifestaciones del año 2002 que derrocaron a Chávez por breves horas, la huelga masiva de finales de ese mismo año, el rechazo de los periodistas a la censura y las recientes manifestaciones estudiantiles, confirman que el ciudadano rechaza firmemente el modelo que quieren imponerle.

 

El gobernante, sin afectar a fondo los grandes intereses económicos nacionales y extranjeros, ha ido estableciendo una dictadura institucional. La constitución, hoy tan defendida, creó un solo cuerpo legislativo, que muchos analistas opinan favorece el establecimiento de un Ejecutivo poderoso y facilitó espacios legales para desmontar el Poder Judicial y nombrar magistrados, que en su mayoría se ajustan a sus planes. Mas tarde fue a la caza del Consejo Nacional Electoral, que al controlarlo le ha permitido establecer las pautas que han regido los comicios en los que ha resultado ser el único vencedor. Como muestra un botón, quien fuera director del Consejo Nacional Electoral durante el referéndum de agosto de 2004 y después Presidente de ese cuerpo, Jorge Rodríguez, es en la actualidad vicepresidente de la República.

 

Los partidos tradicionales venezolanos y su liderazgo, afectados en su credibilidad por los desaciertos que permitieron que una sociedad democrática y consciente de sus derechos, apoyara a un militar golpista en los comicios de 1998, han tratado de reinventarse con poco éxito, lo que ha impulsado la gestación de nuevas fuerzas políticas con dirigentes, sin la experiencia suficiente, para enfrentar un régimen de fuerza que usa la ley como escudo para sus depredaciones, por eso, el peso de la lucha por la democracia ha caído en las espaldas del ciudadano anónimo. Es el venezolano de a pie el que está marcando la pauta, y los políticos profesionales, si no aprenden a interpretar pronto el pensamiento que los impulsa, desaparecerán de escena con mucha pena y ninguna gloria.

 

En el presente todo parece indicar que un amplio sector de la oposición ha tomado conciencia de que la vía electoral no posibilita un cambio en el país y que participar en las constantes convocatorias electorales que auspicia el presidente Hugo Chávez, sólo sirve para que éste se entronice en el poder, en un contexto que le confiere poderes legítimos que le permiten avanzar en su proyecto post-totalitario.

 

Ésta facción de la oposición no auspicia la violencia, no plantea una confrontación pura y dura como la que hizo una fracción del pueblo cubano en las décadas pasadas, los tiempos aparentemente han cambiado y por tanto auspician una resistencia cívica no violenta, una actividad pública que afecte al régimen sin recurrir a la fuerza. Son muchas las herramientas que existen en ese modelo de lucha y hasta el momento el régimen les ha conferido espacios para su uso, porque de negarlos se vería enfrentado a perder la legitimidad que ha procurado por casi una década.

 

Sin embargo creo que le queda poco espacio a la sociedad civil venezolana para manifestaciones públicas, de alguna manera el régimen tratará de reglamentarla para asfixiar a los que patrocinan esa forma de confrontación y hacer que el desencanto se generalice y lograr un absoluto control de la sociedad y el individuo. Leyes se dictarán al respecto y todo se conformará en el marco de una Asamblea Legislativa complaciente con el caudillo, situación que no es nueva en nuestro continente.

 

Sobre elecciones, creo que hay poco que decir. Siempre fui de la opinión que la oposición y el pueblo acertaron cuando se negaron a participar en los comicios parlamentarios de diciembre del 2005. La maquinaria electoral tiene una sola brújula que orienta a Hugo Chávez y por eso su fe ciega en votaciones y referéndum.

 

Los comicios presidenciales del 2006 eran una derrota anunciada. Era evidente la situación y es posible que muchos de los que participaron lo hicieron en la convicción de que había que demostrar que se tenía fe en las ideas y en la vía cívica para resolver el diferendo, sin embargo se aprecia que actualmente la mayoría de la oposición rechaza la vía electoral que ofrece el hombre del 4 de febrero de 1992 y que aquéllos que siguen insistiendo en participar en elecciones, a la vez que acusan al gobernante de dictador, están jugando el mismo rol que los diputados de la Asamblea Nacional, que también creen que tienen voto y capacidad para cambiar las cosas. Si no, que le pregunten a los diputados de “Podemos”.

 

Por otra parte no se puede descuidar el factor militar y aunque todo parece indicar que el mandatario tiene bajo control las Fuerzas Armadas, de cualquiera de los paneles puede salir una avispa que encienda el panal. Las recientes declaraciones del general retirado Isaías Baduel, mas allá de a qué proyecto respondan, pueden ser la expresión de un malestar entre uniformados que apoyaron a Hugo Chávez pero que no se identifican con su Socialismo del Siglo XXI.

 

Pedro Corzo

Noviembre 2007


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