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De Perón a Chávez
08-11-2007, Pedro Corzo

En los últimos 50 años América Latina ha contado con dirigentes de proyección hemisférica, sin dudas, los más destacados han sido, Juan Domingo Perón, Argentina, Víctor Raúl Haya de la Torre, Perú, Lázaro Cárdenas, México, Rómulo Betancourt, Venezuela, Fidel Castro, Cuba y Hugo Chávez, también de Venezuela.

La mayoría de estos líderes a excepción de Fidel Castro y Hugo Chávez, no abrigaban ambiciones hegemónicas ni la expansión de los proyectos políticos que imponían o pretendían imponer en sus países.

Quizás el de mayor actividad en ese propósito fue Juan Domingo Perón, que practicando un Populismo sin limites se ganó la adhesión de su pueblo y ha dejado una herencia política que le ha sobrevivido, a pesar de los muchos cuestionamientos que se le pueden hacer pero los que defienden su memoria afirman que han sido sus seguidores los que han deformado el Proyecto, pero que la propuesta peronista satisfacía las necesidades nacionales.

La figura de Perón y sus propuesta “Justicialista”, muy desdibujadas con el tiempo, por lo que es de fácil uso para cualquier tendencia, ha sobrevivido a su desaparición y a los múltiples fracasos de los dirigentes de su partido que han asumido la conducción de los destinos de la nación del Sur.

Perón sostuvo una política exterior independiente y de forma modesta pretendió difundir sus conceptos. Trataba de ganar adeptos en el hemisferio. Se dice que varios jóvenes cubanos, entre ellos Fidel Castro, fueron tentados por un mensajero del presidente argentino.

Víctor Raúl Haya de la Torre, en honor a la verdad histórica solo pretendía concienciar a la clase política continental sobre los verdaderos problemas del hemisferio. La influencia de Haya de la Torre, fue más teórica que practica, por lo que a la sombra de su discurso surgieron agrupaciones políticas latinoamericanas, que aunque influenciadas por el marxismo, no eran invasivas a otras sociedades y mantenían una clara distancia de
Moscú y Washington.

Es interesante apreciar que ni la primera y más profunda revolución social y política de América, la Revolución Mexicana, manifestó una intención expansionista.

México a pesar de sus recursos y su alto peso político en toda América Latina, mantuvo su conflicto en las fronteras, salvo alguna que otra escaramuza que se aproximaba a territorio estadounidense. Es posible que si hubiese practicado la ingerencia entre sus vecinos, la dictadura perfecta del Partido Revolucionario Institucional seria recordada de otra manera.

 

La figura más destacada del proceso mexicano fue Lázaro Cárdenas que nunca se manifestó a favor de establecer una red continental que asistiera la reproducción de su quehacer político en otras naciones. Siempre estuvo a favor de los denominados movimientos progresistas, pero no pretendió auspiciar una corriente de acción de carácter internacional que sirviera a los intereses de México o del PRI.


Rómulo Betancourt fue una figura única en la convulsa América de la Guerra Fría y las dictaduras militares de la Seguridad Nacional. Betancourt, que comulgo con el marxismo y la extrema izquierda, se transformó en el dirigente latinoamericano de más profundo y sólido pensamiento democrático. La “Doctrina Betancourt”, que negaba el reconocimiento diplomático venezolano a cualquier gobierno de fuerza, sin importa la ideología de este, fue un aporte fundamental en la política latinoamericana. Su influencia fuera de las fronteras de Venezuela no fue mayor porque no era un individuo de talante ingerencista, despreciaba las dictaduras y las enfrentó como sucedió con la de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana y Fidel Castro, el dictador latinoamericano que tiene la triste distinción, de no solo haber destruido a Cuba, sino de haber enlutado miles de hogares latinoamericanos con sus cantos a la violencia, por suerte ineficientemente secundado por Ernesto Guevara.

Un factor que impidió quizás que la Doctrina Betancourt se convirtiera en un instrumento de penetración y dejara de ser uno de contención de las dictaduras fue la subversión que enfrentó durante su gobierno. Venezuela fue el primer laboratorio de la subversión castrista y las autoridades de la isla dedicaron ingentes recursos materiales y humanos para destruir la democracia venezolana, hoy en peligro, no por la subversión interna sino por la voluntad autoritaria de quien la gobierna.

La gestión publica de todos estos hombres, unos más que otros, transcendió las fronteras de sus respectivos países, no por lo que pretendían, sino por las singularidades de sus proyectos y reafirmación nacionalista. Todos ellos, a pesar de errores e injusticias, tenían al
país y no al Poder como el fin de todos los sueños, como ocurre con Hugo Chávez y Fidel Castro.

Tal vez por eso ninguno alcanzó la relevancia de Castro, a excepción de Chávez. El comandante golpista, el único de todos sus compañeros que no logró cumplir la misión que se habían impuesto el dos de febrero de 1992, cuando por primera vez trató de destruir la democracia venezolana, ha demostrado que quiere Todo el Poder en Venezuela para estar en capacidad de imponer, con la clientela del desastre presente en todos nuestros países, el llamado Socialismo del Siglo XXI.


 


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