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LA REAPARICIÓN DE LA LOCHA
01-11-2007, Carlos Rodríguez Duarte

Para aquellos amigos españoles que no han vivido en Venezuela, o incluso, para aquellos venezolanos jóvenes, la locha es una palabra inexistente en su vocabulario.

Sin embargo desde principios del siglo pasado se instaló en nuestro sistema monetario primitivo y escuálido una moneda cuyo valor era 12.5 céntimos de Bolívar, o lo que es lo mismo, la mitad de un mediecito. Desconozco si en algún otro sistema monetario existirá un equivalente tan raro, pero es el caso que la locha siempre fue usada peyorativamente en el argot popular como algo que representaba un valor mínimo, con un efecto denigrante y miserable.

De esa forma se decía “eso no vale ni una locha”; “te vas a ganar cuatro lochas en ese gran negocio”, “cuida esas tres lochas que tienes”, “págame esas miserables lochas que me debes”, “dame un pan de locha”; y, así innumerables expresiones que ponían de manifiesto el casi ausente valor de esa moneda, que además de curiosa es compleja por lo difícil de las conversiones respectivas.

En la medida que la Democracia instalada en 1959, transformó la economía del País, creando la producción industrial, se modernizaron las empresas, aparecieron las tarjetas de crédito, se multiplicaron las construcciones, mejoraron las condiciones económicas de la nación, se fundaron modernos centros de venta y distribución de alimentos con las condiciones de higiene y presentación de un País civilizado, en crecimiento y desarrollo, en esa medida, la locha fue eliminada de las ediciones de monedas del País.

Vale decir, fue historia de subdesarrollo superada por el crecimiento sano de la economía de Venezuela.

Pero desde que el genio de la Economía con aspecto físico desnutrido, de nombre Giordano, se encargó de la planificación de nuestra economía, asesorado, por supuesto, por lo genios cubanos que destruyeron la agricultura, la ganadería, la industria y todo cuanto fuera productivo en Cuba liderados por el fracasado y asesino aventurero, se comenzaron a ver los resultados de la miseria en todas sus formas en un País súper millonario.

Gallineros verticales en los balcones de los apartamentos, desarrollo de cultivos hidropónicos en el paseo Bolívar, expropiación de las grandes empresas que suministraban los productos agrícolas de manera continuada y segura con exportación de las mismas, trayendo con todo esto la desaparición de la producción nacional de todos los productos necesarios para la dieta mínima denominada “cesta básica”, y, el desarrollo primitivo e insalubre de las ventas al aire libre, con colas y restricciones al más puro estilo cubano de los materiales básicos para la alimentación.

Y ya se acabó el sistema de hacer las compras en los mercados libres y/o auto mercados, donde se podía comprar la variedad de productos deseada y necesitada. Paulatinamente se fueron extinguiendo las reservas de alimentos para sustituirlas por importaciones sin controles de calidad, y vendidas en los mercales donde después de hacer una cola de 5 horas puedes comprar un litro de leche por persona si llegas antes de que desaparezcan las existencias, o bien en las cooperativas de los barrios donde, cuando hay leche, el cajero la tiene escondida en su regazo, y si haces otra compra te hacen “el favor” de venderte un kilo por persona. No hay marcas, son todas estilo tapa amarilla, pero con un formato revolucionario rojo-rojito. Preguntando por esta anormalidad a un conocido chavista me dijo que eso era producto de un desnaturalizado que explotaba para beneficio propio la cooperativa, ésta era el sustituto de los capitalistas y explotadores del CADA donde había plenitud de inventarios y preservación salubre de los alimentos, sin limitaciones de compra para los solicitantes de las mercancías, cambiándola por una asquerosa bodega al estilo comunista cubano pletórica de suciedad, moscas y escasez.

Paulatinamente se fue instalando el sistema, no hay los rubros vitales para la alimentación como huevos, carnes, harinas, pastas, quesos, leche; se encuentran solamente sustitutos de pésima calidad escasos y a precios escandalosos.

Desde luego que con la macabra maniobra del, llamado irónicamente Bolívar Fuerte, que corona la implantación del subdesarrollo y miseria que habían sido superados, se necesitaba resucitar a la miserable locha para certificar y notarizar la muerte de la moneda y de la subsistencia del pueblo Venezolano.

Solo falta una cosa LA TARJETA DE RACIONAMIENTO.
Viva Cubazuela y sus miserias, lochas incluidas.


Carlos Rodríguez Duarte. Médico Cubano-Venezolano, residente en Madrid.
Madrid, Octubre 31 de 2007.e.mail: mochoa60@yahoo.com

 


 


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