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El Vicediós siempre es ateo
30-09-2007, Aguila, Nicolás

"La noticia de mi muerte es un tanto exagerada", dijo una vez Mark Twain en respuesta a rumores periodísticos que lo daban por muerto. El autor de 'Tom Sawyer' tenía la visión lúdica y el sentido común agudizado de los grandes humoristas. Sabía que aún no le tocaba su hora y se burlaba de quienes lo enterraban en vida. No se puso a citar la cotización del día en la Bolsa de Nueva York, ni le mostró a nadie la edición del último libro salido de la imprenta, para demostrar que estaba vivo. Al famoso escritor le bastó con tachar de "exagerados" a sus diligentes enterradores. Era un hombre risueñamente sabio.

Las noticias sobre la muerte del dictador cubano, en cambio, no son tan exageradas. Fidel Castro no está muerto, pero no está vivo del todo. Aunque nos asegure con mirada demencial que no está tan moribundo como cuentan por ahí, las dudas persisten. Después del último vídeo —cuidadosamente editado, realizado por etapas y con escenas dobladas, en opinión de los maliciosos—, los comentarios del pueblo cubano insisten en que FC "se halla más del lado de allá que de acá". En La Habana, entre bromas y veras, la gente asegura que "tiene un pie en la clínica del CIMEQ y el otro en la funeraria Rivero."

Luego de haberlo visto "dialogar" con un sonriente entrevistador, solícito y servil hasta la adulonería, que hasta le daba el pie para la respuesta conveniente, la conclusión más sensata es que se mantiene en un precario equilibrio entre la vida y la muerte, gracias a la tecnología y a los ingentes recursos médicos de que dispone en Cuba él y solamente él. A mí no me cabe la menor duda de que está "cumplido", como dicen en la jerga de la religión afrocubana.

Si no es válido afirmar que le queda un par de afeitadas, es porque él simplemente no se afeita su barba hirsuta, emblema de un "guerrillero invicto" que nuca se apeó de la loma por si las moscas de plomo (por si las balas perdidas). Tampoco cabe decir, como en España, que le quedan dos informativos, porque los noticieros cubanos son absolutamente desinformantes. Lo que sí está claro es que se trata de un gobernante disfuncional. Un cadáver político que muy pronto lo será también en el sentido clínico.

La sentencia de muerte, dictada por ley natural de la vida, la podrán aplazar un tiempo, pero se cumplirá inexorablemente. A FC no lo han puesto todavía en congelación, como en los chistes y rumores que nos llegan desde la Isla, pero lo mantienen fuera del juego en un simbólico corredor de la muerte, a la espera de que la vida misma haga efectiva la ejecución de la pena muerte. Eso, si no es que el Número Dos se impacienta por ser número uno y le aplica antes la eutanasia revolucionaria.

Puede que todavía haya que sufrir unas cuantas más "Reflexiones del Comandante", escritas o al menos dictadas por él, según los más crédulos; o más probablemente, redactadas por un equipo ad hoc que le imita el estilo, los tics y la rabia antiyanqui. Si nos atenemos al sermoneo irreflexivo de sus "reflexiones" —retomado en la reciente aparición del paciente crónico—, la caída del dólar y los sobresaltos en el sector financiero e inmobilario de Estados Unidos han llegado a tal punto que primero que el tirano se muere el capitalismo y entierran al malvado "imperialismo yanqui".

Desde Stalin hasta Castro, la táctica de sobredimensionar las minicrisis cíclicas y coyunturales del mundo occidental ha sido una socorrida técnica propagandística de los comunistas en el poder, con el fin de desviar la atención de los graves problemas socioeconómicos de sus pueblos esclavizados. A los soviéticos los durmieron durante más de 70 años con el cuento de las injusticias, las penurias y la horrible situación de desamparo que primaba en Occidente. El objetivo era que los ciudadanos de la ex superpotencia no se percataran de que vivían peor que un homeless en Estados Unidos, hacinados en casas colectivas y bajo la doble coyunda de la escasez y la represión. Ese discurso triunfalista llegaba a vaticinar, incluso con fechas tentativas, la desaparición a medio plazo del sistema capitalista.

La vieja tesis leninista sobre la "crisis general del capitalismo" suponía que el socialismo al estilo soviético se propagaría en todo el mundo como una epidemia incontrolable. Con base en esa premisa, durante la era Brezhnev arreció el expansionismo soviético a niveles sin precedentes en todo el mundo, particularmente en el continente africano, donde pulularon satrapías marxistas que dejaron a esos pobres países aún más depauperados que antes. La Unión Soviética se desangraba económicamente con el mantenimiento de su larga lista de estados clientes, incluyendo los astronómicos subsidios al régimen castrista. Y, finalmente, cavó su propia tumba en Afganistán.

Las aspiraciones de barrer en todo el mundo con el modelo de la democracia liberal, y en su lugar establecer regímenes de corte estalinista, no fueron abandonadas totalmente tras el derrumbe del bloque comunista. Luego de un repliegue táctico en la década de 1990, los ideólogos del izquierdismo roñoso, reagrupados en el Foro de São Paulo, volvieron a la carga con una prédica menos marxista pero más antiamericana. Lo que identifica actualmente a la desquiciada izquierda radical latinoamericana con el socialismo bananero español y el fundamentalismo islámico es precisamente su antiamericanismo estridente e irracional.

A pesar del pujante resurgimiento del fantasma comunista en América Latina —ahora bajo el manto del bolivarismo, el indigenismo, la antiglobalización, el neopopulismo, el "socialismo del siglo XXI" y otras hierbas tercermundista— resulta irreversible el trauma y la orfandad que causó en la izquierda mundial la desaparición del modelo soviético como paradigma de obligada referencia. En lo que respecta a Cuba, el impacto sobre el régimen de Castro y la economía de la Isla fue más que catastrófico.

"Si trabajo pasa el perro cuando le cortan el rabo, más trabajo pasa el rabo cuando le cortan el perro", rezaba un viejo dicho popular, muy a propósito para describir la realidad cubana en la era post-soviética. Tras el desplome de la URSS y el consiguiente fin de su "generosa y desinteresada ayuda" (aquel eufemismo castrista para referirse a los cuantiosos subsidios soviéticos), la economía cayó en picado y la sociedad cubana inició un "período especial" de penurias sin precedentes en la historia republicana. Una crisis de la cual, según ha confesado el propio Raúl Castro, Cuba dista mucho de haberse recuperado. Y no se recuperará aunque Hugo Chávez le envíe todo el petróleo de Venezuela. La miseria cubana es exclusivamente fruto de la improductividad del sistema y de la desastrosa gestión del régimen castrista.

De un plumazo quedó atrás la época dorada en que FC lanzaba su relincho triunfal y agorero: "El futuro pertenece por entero al socialismo." Ya pasaron los tiempos en que "el caballo" relinchaba con la potencia de un semental revolucionario. Perdió su estampa épica y toda su energía hípica. Ya no cuenta ni como símbolo. Su imagen lastimosa en el último vídeo les ha recordado a los cubanos la escuálida figura de un famoso vagabundo habanero conocido como "El Caballero de París". Cuando el pueblo empieza a sentir por el tirano esa mezcla de lástima y desdén, la tiranía se tambalea.

N por eso hay que apresurarse con dobles de campana a destiempo. Si se me permite seguir abusando del repertorio de dicharachos cubanos, añadiría que a FC aún le queda "el casco y la mala idea". Es decir, sigue con sus reflexiones catastrofistas —conocidas popularmente como "irreflexiones"—, que son publicadas en la prensa y leídas en todos los noticieros; y cuenta además con la tediosa Mesa Redonda (ya bautizada como "mesa retonta"), que es televisada diariamente en horario estelar con el fin de analizar minuciosamente los males que aquejan a Estados Unidos y encubrir los graves problemas nacionales. Propaganda de la más burda que ya pocos se creen, pero que para algunos analistas y observadores de los entresijos del castrismo constituye un indicador fiable de que continúa en su puesto de Number One.

A mí, sin embargo, me cuesta creer que FC mande, oriente, gobierne o dirija ese país en bancarrota. Hoy el caballo es apenas un penco despencado por la enfermedad y por la historia. Un gobernante que no gobierna ni deja gobernar. Un moribundo con repuntes de mejoría que ni se muere ni deja vivir a los demás.

Todo el mundo aguarda con ansiedad la hora en que acabe de exhalar su último suspiro con su última "reflexión". Y eso es cuestión de poco tiempo. Es la noticia que todos esperan y desean, sin excluir siquiera a sus más cercanos colaboradores ni a su hermano menor y heredero directo y universal. Ya nos lo advirtió Mario Benedetti en uno de sus raros momentos de lucidez: "El vicediós siempre es ateo."


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