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PROBLEMAS DE LA OPOSICIÓN CUBANA
23-09-2007, Jaime Leygonier Fernandez

Que no haya noticias es una noticia muy preocupante. En Cuba no pasa nada y políticos internacionales muy preocupados por la Isla parecen pasarse la consigna de no hacer nada respecto a Cuba

El momento es crucial y conviene tratar de las dificultades de la oposición en Cuba. Esos que no provienen de la represión y las campañas difamatorias del estado totalitario.

La primera dificultad creo que la dicta el personalismo de dirigentes opositores, tan reconcentrados en sí mismos que se anulan a sí mismos como líderes, es decir, como guías de seguidores.

El eterno mal latinoamericano del caudillismo tiene forzosamente que florecer en este invernadero de comandantes en jefe. Quienes se rebelan contra el Régimen son - naturalmente- personalidades fuertes.

Las condiciones de represión y espionaje que sabotean la labor opositora dificultan organizarse en torno a una asociación con programa y fomentan la tendencia a nucleares como seguidores de una personalidad.

Y por el monopolio de la información que ejerce celosamente el Régimen, quienes se han distinguido en la oposición resultan conocidos en el extranjero pero con poca influencia en la sociedad cubana.

Lo cual los obliga – puesto que no pueden llegar al pueblo a través de los medios – a ganarse al pueblo con actos públicos. Misma razón por la que la cúpula gobernante – aferrada al jamón del poder – no va a regalarles espacio alguno.

El que menos haga por la libertad de Cuba, si algo hace, tiene un inmenso mérito, puesto que se atrevió a rebelarse contra un poder tan aplastante y desprovisto de todo freno moral.

Quien cansado de persecución – hasta de prisiones – Desengañado por los obstáculos y puñaladas por la espalda, enfermo, se retira, merece comprensión, está en su derecho.

Pero el líder tiene que liderar, el dirigente tiene que dirigir, si no actúa deja de ser líder, si sus seguidores que esperan directrices cogen dolor de cuello mirándolo arriba permanecer mudo como esfinge… desaparece como las nubes de antaño.

Si Abraham Lincoln, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Mahatma Ghandi y Martin Luther King hubieran dedicado sus vidas a declaraciones y cartas a las autoridades para solicitar derechos, sin otra acción , ¿ habrían sido líderes que arrastraron a pueblo?, ¿habrían logrado la victoria de las causas que defendían?

Personalmente, estoy dispuesto a seguir al caudillo más altanero si cumple la condición de desarrollar un plan de acciones para liberar a Cuba.

Pero en Cuba falta acción. Los líderes, en difíciles condiciones de represión y aislamiento, parecen más encerrados en sus propias limitaciones que en las que les impone el Régimen.

En un inmovilismo parejo al del Estado. Sólo que el Estado tiene ya el poder y teme perderlo si actúa y los opositores necesitan actuar para arrebatar ese poder.

Se diría que los opositores esperan que las cosas ocurran solas. Pero si las cosas ocurren solas ¿quién los necesita para nada? ¿Quién les dará el menor poder de influir en acontecimientos que ocurrieron sin ellos?

Luego, la inacción corre pareja con el envío de manzanas envenenadas a los que actúan, la censura a los que asumen iniciativas. Con oposición a otros opositores y oposición a que los opositores se opongan ¿qué conseguiremos? Y ¿qué futura sociedad civil tendremos?
Unos pocos – y personas instruidas – parecen dedicados al único fin de servir de mediadores del Régimen o de intereses extranjeros empeñados en que en Cuba no cambie nada – o cambie “cuando la rana críe pelos”

¡Hasta abogan por sostener a Raúl Castro! y luego - cuando éste o sus sucesores se aburran del poder y se lo regalen a ellos graciosamente- mediar para el tránsito.

Pueden dañar mucho confundiendo: Su consigna es “Ahora no, ahora no”. Para ellos jamás habrá condiciones, jamás será el momento de actuar, pero – sin hablar de la inmoralidad de un oportunismo reciclador de la dictadura – los opositores no ponen en peligro sus vidas y libertad y a sus familias para aupar a nadie a la cúpula de poder.

Y la cúpula de poder posee sobrada soberbia para jamás emplearlos en ningún tránsito como aliados y ni siquiera como peones.

¿Con qué influencia social cuentan para que la cúpula les otorgue un átomo del poder de que se muestra tan avara? Un exceso de cálculo político les produce la alucinación de que se hacen necesarios a la cúpula.

Si la cúpula decidiera un tránsito o – seguramente – el simulacro de tránsito o de reformas como ya ha fingido muchas veces, para nada los necesita.

Buscarían en la oficina más oscura del Partido un desconocido simpático, y con 15 minutos de discurso televisivo lo convertirían en el “Gorbachov cubano”, fabricarían así su “esperanza blanca”.

Un tipo simpático que ofrezca cuatro plátanos al pueblo, culpe de todo a Fidel Castro y acuse de corruptos a los dirigentes, mientras les guiña el ojo, se metería en el bolsillo al pueblo, le pondría un suero de varios años de vida al Régimen moribundo y dejaría con un palmo de narices a los “oportunistas de izquierda”, aunque digan que llegaron primero.

Ya Raúl Castro lo intentó, pero está demasiado ligado al Régimen para que nadie vea como esperanza de nada al anciano continuista a quien el culto a la personalidad de Fidel Castro asignó el papel de malo de la película en que su hermano mayor era el héroe, todo eso es irreversible.

Además es “pesao” y en Cuba no se puede ser “pesao”.

Si la cúpula todavía no sacó del sombrero a un líder desconocido es por su mayúscula incapacidad -- y mayor miedo a que ese “líder a la orden” se rebele contra sus fabricantes.

Desde la desaparición de Castro – hace más de un año – la cúpula exhibe su incapacidad para continuar gobernando como antes.

Lo grita a voces su aferramiento al cadáver político de Castro, en cuyo nombre gobiernan sin atreverse a hacerlo en nombre propio, la tozudez y ceguera para ceder en nada o efectuar reforma alguna -- ni siquiera cosmética -- el cantinfleo en las declaraciones oficiales.

Ambiguas todas, como ese discurso de Raúl Castro el 26–7 hablando siempre en “tal vez” de no dijo que reformas estructurales, un vaso de leche, y “quien sabe sí” dialogar con lo americanos. Todo para el futuro más remoto y las condiciones más imprecisas.

Declaraciones que -- como si no se desautorizaran a sí mismas por cantinflescas -- son desautorizadas al día siguiente por la contradicción de otras declaraciones. Como la censura de prensa al propio discurso de Raúl Castro del que omitieron el subversivo “vaso de leche” y los editoriales apócrifos de Fidel Castro que sostienen que jamás habrá diálogo con los americanos ni cambios en Cuba e insultan a personajes de la izquierda que un par de días antes recibió el Gobierno con lo brazos abiertos.

Ahora ese gobierno pone en escena otra farsa electoral para reelegir al fantasmal Fidel Castro o para darle sus botas al hermano heredero. No se atreve desde hace años a convocar el Congreso del Partido.

Nunca fue mayor el descontento popular y el miedo gubernamental a reprimir ese descontento. Hace más de un año que la puerta de la jaula quedó abierta, pero el león no se atreve a escaparse.

¿Y los opositores...? ¿Qué momento esperan para pasar de las declaraciones a promover acciones? Pacíficas, sí, pero acciones.

La Habana, 13 de agosto de 2003.
*Periodista independiente.


 


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