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Cuba y su Realidad Social 29-03-2017

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Ad astra per aspera.
30-07-2006, Miguel A. García Puñales
Cuando la nave Apolo tocó suelo lunar, se dice que en el módulo de descenso llevaba inscrita la máxima latina: “A las estrellas por el camino difícil”. Otro tanto se apunta de la consigna que los judíos repetían unos a otros en medio de los horrores del Holocausto.

Está claro que los grandes objetivos humanos casi siempre transitan por un difícil camino para su consecución y la sabiduría lingüística suele recoger en máximas y aforismos verdades a veces no muy evidentes.

Es lo que ocurre con toda una generación de cubanos educados a lo largo de toda su vida bajo la égida de un régimen totalitario. Más de 40 años de educación única tenían necesariamente que rendir sus frutos; no necesariamente en la línea perseguida directamente por el régimen de La Habana, pero sí con resultados similares, a fin de cuentas expresarán nuestros opresores ¡ Del lobo un pelo!

Llegan incesantemente al exilio, vienen huyendo de todo por cuanto se les aleccionó y sin embargo… traen consigo un nuevo tipo de adoctrinamiento. Traen en el alma la convicción de la inutilidad de la lucha contra el sistema totalitario y el inculcado oportunismo de la pendencia por la supervivencia, que pasa por estas tierras en declararse como inmigrantes económicos, “portarse bien” y transitar lo más inadvertidos posibles a fin de cerrar el ciclo de viajes sistemáticos al terruño. Muchos creen sinceramente que en realidad se han convertido en apolíticos y utilizan la libertad de expresión de que ahora pueden disfrutar para dar argumentos a su no libertad. Ignoran la máxima Aristotélica del “Zôon Politikón”, es decir el hombre como animal político; como ser social participativo de una estructura estatal que en dependencia de cuánto propicie o no la real incidencia del ser individual en las tomas de decisiones acercará o alejará de este último la probabilidad del ejercicio de la libertad. Ignoran que el propio acto de declararse “apolítico” constituye un claro posicionamiento político, cuya lectura dependerá en cada caso del lugar y el tiempo en que se formaliza la declaración.

No es para nada un fenómeno sociológico nuevo; ya conocimos de los ex esclavos de la colonia que al declararles libres no sabían qué hacer con su emancipación. De los ex reclusos de largo internamiento que una vez en libertad continúan desarrollando las rutinas aprendidas durante largos años de encierro, existe incluso una palabra técnica para nombrar el síndrome; Institucionalizados.

Algunos, que se suponen libres del síndrome lo desarrollan en diferentes esferas de la actividad; es el caso de los que suponen que declarándose “apolíticos” podrán asociarse más fácilmente en el territorio de su patria putativa. Ignoran que es parte de la conducta aprendida –oportunismos aparte- y de carácter francamente Pavloviano; puro acto reflejo mediante estimulación repetitiva para la creación de huellas más o menos permanentes en la corteza nerviosa superior y facilitar la sinapsis correspondiente. La difícil supervivencia y años de simulación permanente convierten a los actores en pieza integrante de su propia actuación.

El camino más fácil suele ser el menos apropiado; creer que la salida a los problemas de Cuba llegará por generación espontánea, parece ser la “solución” tranquilizante de aquellos “apolíticos” que constantemente nos echan en cara que tienen familia en Cuba, como si el resto de los mortales fuéramos apósitos estériles llegados a estas tierras sin dejar por detrás todo cuanto no es querido y entrañable. Argumentos utilizados incluso por algunos que apenas llegados rompieron con la familia creada en Cuba; para formar una nueva “familia feliz” con una pareja que le supere en treinta o cuarenta años de edad y en números de su cuenta bancaria. La hipocresía es también uno de los “valores” especialmente estimulados para el llamado “hombre nuevo”.

Ciertamente la realidad cubana no es nada fácil ni tranquilizante, ahora menos que hace quince años y la propaganda oficial cubana en el extranjero pasa por la utilización consciente de aquellos nacionales que totalmente alejados de la patria y su realidad; algunos limitan su conocimiento de Historia a la que les fuera inculcada en las aulas cubanas- y que de alguna forma –conscientes de ello o no- sirven a los intereses de un estado totalitario.

Recientemente sostuve un debate televisivo en el Canal Nou de la televisión autonómica valenciana. En el programa fueron presentadas imágenes actuales de Cuba y el debate de las mismas recayó sobre los siguientes participantes; Fernando Quintela –periodista español del diario El Mundo, ex corresponsal en La habana, expulsado por las autoridades cubanas- , Germán Fabra – abogado español, miembro efectivo de asociaciones gubernamentales cubanas y publicista de los “logros” de la Revolución, además de enviado especial de la embajada cubana al programa-, David Rodríguez – español, presidente de la asociación de solidaridad con Cuba en Valencia, léase de solidaridad con el gobierno de La Habana-, Leslie de la Fuente –nacional cubana con permiso de residencia en el extranjero (PRE)- y un servidor.

Del representante de la embajada cubana y de la asociación de “solidaridad” nada me asombró, se ajustaron al guión preestablecido por sus jefes, de otra forma no puede llamarse a quienes responden declaradamente -lo hicieron en los primeros minutos del programa ante mis acusaciones- a la embajada cubana en Madrid y al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), entidad reconocida por todos los analistas del tema cubano como una dependencia real de los servicios de Inteligencia política de La Habana. Tampoco me asombró la actitud clara de denuncia a los desmanes del totalitarismo cubano del periodista Fernando Quintela, pues al margen de honrar su profesión transmitía fielmente sus experiencias de casi dos años como corresponsal en La Habana.

Reconozco que no era mi mejor día; que me enojé sobremanera al ver a una compatriota que ha aceptado acudir a un programa, desde las bondades de vivir en democracia, para afirmar sin sonrojarse que su educación en Cuba además de buena –aspecto aceptable aunque discutible- no fue una educación con adoctrinamiento ideológico y eso es capaz de decirlo una persona que al aprender a leer le entrenaron para responder constantemente “¡Seremos como el Che!” y continuó sus estudios primarios aprendiendo el “odio al imperialismo” –frase utilizada constantemente en todos los textos de lecturas de educación primaria- practicando cánticos martianos con el texto “Martí te lo prometió y Fidel te lo cumplió”, recibiendo desde 4º grado la asignatura “Vida Política de mi Patria” y que según sus propias declaraciones recibió como asignaturas obligatorias en la enseñanza media Economía Política Marxista, Filosofía Marxista y Comunismo Científico.

Que fuera capaz de defender sin señalar mácula de algún tipo al sistema sanitario cubano –ejemplo vil del apartheid actual a una población- por su simple “vivencia” de buena atención a su padre y que capeó todo lo que pudo al referirse a su condición de cubana con PRE para evitar señalar la manifiesta violación de los derechos de los cubanos en el libre transito o residencia en su país de origen.

El día empeoró más cuando la compatriota fuera ya de cámara me acusa de haberme exaltado y que eso daba fe de mi “intransigencia y extremismo”, para después en medio de una discusión sin la limitación de los tiempos televisivos reconocer públicamente que ella “no se sentía cubana sino ciudadana del mundo”, a ver a ver… creo que es una frase del Ché ¿O no? Y que además “los problemas de dentro de Cuba eran un problema de los que allí se encontraban que ya ella se había ido del país”, para caer de inmediato en una contradicción - reconocida por uno de los observadores – al reconocer fuera de cámara algo que había negado enfáticamente frente a ellas. Confirmé mi tesis, por algún motivo es alguien que no se reconoce con compromisos por cambios en la patria y a pesar de ello acepta ir a un programa de televisión para debatir sobre Cuba…ah la tele, la tele, -muy fuerte llamado para alguien que se reconoció con estudios de actuación en Cuba-, vamos es un decir, porque de lo otro no tengo ni la más mínima prueba material, aunque creo que en derecho se utilizan las llamadas pruebas circunstanciales, pero como también se me olvidó preguntarle si asistió a la reunión “La Nación y la Emigración”, aprovecho estas líneas para hacerlo. Vamos, que me sentí en presencia del “hombre nuevo” o si lo prefiere de la “mujer nueva”, que conste, la única concesión que voy a hacer al vocabulario “políticamente correcto”, no sin antes señalar que lo considero personalmente una perfecta forma de hipocresía política de mal gusto y peor redacción, que para nada ayudará a solucionar el verdadero problema de la discriminación de género; si alguien duda que lea la prensa y consulte las estadísticas.

Las personas que sienten vergüenza por lo que ocurre en su país, da igual que residan dentro o fuera de él, han roto hace mucho tiempo con la doble moral –triple ya por estas tierras- y les da igual que se les acuse de exaltados o “reaccionarios”, somos progresistas pues luchamos por el progreso y ese nunca se logró en los Gulags soviéticos o las UMAP castristas por muy de izquierdas –extremas- que estos fueren y no caeremos jamás en la trampa de adquirir una ética “políticamente correcta” de tertulias de salón, a fin de cuenta estamos luchando por todo cuanto nos es querido y en nuestro caso, antes de considerarnos “ciudadanos del mundo” somos ante todo CUBANOS y no admitimos a nadie que se apropie de nuestra subjetividad; nosotros como los judíos transitamos por el camino difícil, pero no debe quedar dudas que durante esta generación o en las siguientes llevaremos nuestra patria a las estrellas.


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