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¿FIDEL Versus CASTRO?
21-07-2007, Pedro Corzo

Dicen que hay personas que cuando no tienen héroes los inventan y creo que eso fue un poco de lo que sucedió con un gran número de ciudadanos cubanos en relación con la figura de Fidel Castro.

El tipo a pesar de su audacia y talento había sido hasta su unción el 26 de julio de 1953 un fracasado. Una vida universitaria plagada de violencia y una labor profesional como abogado que no había ventilado un solo caso. No obstante muchos de los que le conocían le creyeron y otros también compraron sus promesas sin preocuparse por averiguar quién era el que vendía paraísos tan baratos.

Por eso y pensándolo bien, un amplio sector de la población y sus partidarios, quisieron encontrar en el individuo una personalidad tolerante, justiciera y respetuosa que no se correspondía con la realidad. Pero ese pueblo no conocía ni a Fidel ni a Castro, padecía un régimen de fuerza que había interrumpido el curso institucional de la República, la mayoría de los medios describían un Robin Hood en las montañas y muchos políticos estaban tratando de hacer una buena pesca en el río revuelto de la nación.

Por otra parte Fidel Castro es un excelente actor. Confunde al espectador más agudo, porque siempre ha tenido dos caras como el mítico dios Jano, o para ser más contemporáneo, una especie de Doctor Hide y Mr. Jeckil. Un tipo con dos personalidades, a cual más caótica y perturbadora.

Mucho tiempo ha pasado de aquel primero de enero de 1959. Escapularios y crucifijos, palomas de la Paz, promesas de paraísos en la tierra, hombres vestidos de verde con ropa raída y barbas sucias. Un entusiasmo popular sin precedentes, una alegría desbordante, un deseo de servir al prójimo y la convicción de que el nuevo año nos traía una nueva vida a la medida de nuestros deseos. En fin, ese paraíso prometido en el que abundarían el queso crema y los casquitos de guayaba, como decía Pepe Bello en la prisión de Manacas por allá por los años 60.

Tan lleno de buenas intenciones nos agarró el nuevo año y la insurrección triunfante, que estábamos seguros de que las acostumbradas promesas de año nuevo no eran en balde, porque teníamos un país diferente y estábamos obligados a cumplir nuestras ofrendas.

El país entero estaba en fiesta, la mayoría de la población compartía la alegría. La prensa sufrió una transformación inesperada, los críticos de siempre, lo que todo lo encontraban mal, fueron los primeros en canonizar al Mesías y a la corte que le acompañaba. No recuerdan aquella leyenda urbana de que en una de las primeras Bohemias de 1959, había una imagen de Castro que se confundía con Jesucristo.

Fue un festín de Fe sin que se hubiera producido ningún milagro. Comparaban a Fidel, recuerden que no tenía apellido y todavía muchos de sus enemigos le mencionan por su nombre de pila, con Jesucristo. El tipo todo lo podía, su palabra era ley, era el héroe que nos había salvado. De repente muchos de los más machos se sentían como doncellas rescatadas de las garras del dragón por un príncipe que era sinónimo de nobleza.

Lamentablemente sólo una digna minoría de la clase dirigente cubana que sintetizamos en personalidades como Aureliano Sánchez Arango, Antonio José Varona y Emilio “Millo” Ochoa, que llegó a decir que el gobierno de Cuba estaba integrado por gangster, hicieron posible aquello de que no hay reglas sin excepción.

Si enfrentamos el pasado reciente de Cuba hay una realidad tangible, Fidel fue casi canonizado hace 48 años por un gran número de ciudadanos de la isla. Muchos perdieron su autoestima y dejaron voluntariamente que el Comandante tomase las decisiones que les correspondían. El Fidel de aquellos años, así lo quisieron ver muchos, era paternal, afable y de confianza y fue por eso que clamaron “Elecciones Para Qué, Esta es tu Casa Fidel y Si Fidel es Comunista que me ponga en la lista”.

De la noche a la mañana encontraron un nuevo amigo o ese pariente deseado con el que queremos compartir el resto de la existencia. En fin, había llegado el tipo al que se le podían dejar las hijas y a alguien más, porque era la lealtad y honradez personificadas.

Nuestro Doctor Jeckil, era simpático, amable, usaba un lenguaje directo y sencillo para dirigirse al Pueblo, trataba con confianza de amigo al individuo más insignificante y más desconocido, no daba la mano, lo suyo era un abrazo, inspiraba confianza y era muy rápido en hacer promesas con las que se resolvería el más complicado de los problemas.

Pero Mr. Hide, estaba detrás del amigo jovial. El tipo duro y cruel que muchos no querían ver se dejaba sentir en todo el país. Era una persona que no conocía la piedad, capaz de mentir, traicionar.

Oficiales del Ejército Rebelde que viajaron con Castro a Venezuela cuentan que calificó de estúpido al comandante Francisco “Paco” Cabrera, uno de sus ayudantes de la época, cuando fue decapitado por las hélices de un avión en una pista del aeropuerto de Maiquetía y otros refieren que en público demostraba estar triste por la desaparición del comandante Camilo Cienfuegos y en privado no lo mencionaba ni hacía referencia a lo que estaba sucediendo.

Es difícil entender como los que fueron testigos de los falsos procesos judiciales de 1959, del doble juicio a los pilotos y de la demonización de la República no se percatasen de las intenciones de Fidel Castro y menos aún que personalidades públicas de la época que nada le debían callasen ante el golpe de estado contra el presidente Manuel Urrutia Lleó o el burdo juicio contra Huber Matos, los controles que se ejercían sobre la prensa y las confiscaciones de bienes sin justificación.

Muchas pistas hubo para temer el futuro, para pensar que nuestro país se desmoronaría en pedazos llevándose la vida de miles de mártires y encharcándose en la sangre de víctimas como las del Remolcador “13 de Marzo” o los niños de la embarcación “XX Aniversario” del Río Canímar.


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