cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 27-04-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email
Los largos “tiempos” (III)
15-07-2007, Miguel A. García Puñales

Los largos “tiempos” en el escenario social cubano
Tercera parte


La Perestroika fue un aldabonazo ideológico al menos para dos generaciones de cubanos; de aquellos que eran muy jóvenes al triunfo revolucionario y participaron de forma entusiasta en “cambiar el mundo” y de los que siendo muy niños –o nacieron durante los primeros años de totalitarismo- habían sido educados íntegramente bajo el férreo adoctrinamiento castrista.

Es bueno aclarar que el adoctrinamiento de la izquierda tiene sus encantos; ofrece respuestas a todas las interrogantes, no da margen a la duda y promete un paraíso terrenal al alcance de la mano. Únase esto al total bloqueo informativo, a un discurso –soliloquio- monolítico, al uso inteligente de la clase artística e intelectual de mayor nivel creativo e indudable calidad, sazonándolo con la correspondiente represión social – no exenta de una omnipresente represión policial- y se tendrán resultados a satisfacción del régimen.

Sin embargo alguien dijo una vez que “… el joven que no se abraza a la idea comunista a los 20 años, no tiene corazón, pero si sigue abrazado a ella al cumplir los 40, no tiene cerebro…”. A fines de la década de los ochenta, los otrora jóvenes entusiastas y los pretéritos niños adoctrinados arribaban inexorablemente a la cuarta década de sus vidas y comenzaban a recoger el fruto de sus propios desvelos: el despertar a la cruel realidad.

El breve período en que el eco de la Glasnot soviética –transparencia informativa relativa- funcionó en La Habana, abrió los ojos a muchos gatitos ciegos, que por demás habían sido formados masivamente en las universidades, habían escalado peldaños en la estructura social, artística, intelectual y administrativa del régimen, amén de haber viajado al extranjero y entrado en contacto relativamente estable con sus homólogos de otros predios.

Novedades de Moscú, Sputnik y otras muchas publicaciones del llamado campo socialista, comenzaron a competir con amplia ventaja con el sistema de publicaciones “extranjeras” regentadas desde el ICAP o el DOR del PCC; me refiero a la revista “Tricontinental” –órgano oficial de OSPAAL- o a sus subsidiarias “Por qué” y “Por esto”. Por esas fechas ya había cerrado el experimento de la revista “Opina” y aunque no existiera ninguna publicación cubana con un mínimo de real transparencia informativa, de alguna forma en numerosas publicaciones nacionales llegaban a “pasar los cañones”.

El propio diario “Juventud Rebelde” –órgano oficial de las juventudes comunistas- llegó a publicar algunas crónicas que aún hoy, después de tanta agua pasada bajo el molino de la oposición, mantienen una frescura increíble. Aunque lo mejor no era lo que publicaba, sino lo que ya en fase de redacción era controlado por la censura. A criterio de quien escribe estas reflexiones, el intento de publicación fallida del artículo “Los tres últimos días de Ceaucessco” constituyó el clímax de lo que una generación que aún creía en la posibilidad de reformar el sistema, intentaba imponer.

El proceso de creación de la mentalidad “disidente” ha sido suficientemente descrito por Vaclav Havel en su libro “El poder de los sin poder”; se comienza discrepando de órdenes políticas absurdas que chocan con el intento de buen hacer profesional o administrativo de las generaciones adoctrinadas que ya han arribado a las estructuras funcionales de la sociedad. Se pasa a la fase de querer “reformar el sistema” para concluir que el problema se encuentra en el propio sistema que los ha engendrado como entes sociales.

Es un asunto tortuoso, no falto de angustia existencial, con la aparición consecuente del miedo –desconocido para estas generaciones que constituían las ruedas dentadas del sistema- y que lleva directamente a la idea opositora.

Las guerras “internacionalistas” merecen un capítulo aparte en la comprensión del cambio de mentalidad de dos generaciones de cubanos. Sólo para hacer mención a esta variable analítica es bueno tener en cuenta que casi medio millón de cubanos pasaron por los frentes de batallas o campamentos militares de África y otras partes del mundo -sin contar las “misiones civiles” en esos propios territorios- con la resultante de verificar in situ la realidad y lo que es peor, en carne propia.

Algún día se sabrán las cifras reales de muertos y mutilados; lo que probablemente nunca llegue a saberse serán las cifras de traumas psicológicos y familiares e incluso de enfermedades exóticas importadas – no sólo SIDA- por este tipo de práctica geopolítica. Será a no dudarlo, un capítulo que gravitará sobre la conciencia social del cubano durante muchos años y fue indudablemente la información transmitida de forma oral por los veteranos de guerra, lo que dio una idea aproximada a la población de la Isla sobre la verdadera dimensión del disparate totalitario a pesar de la machacona propaganda mediática.

Este complejo paso social –iniciar la oposición a lo que otrora se apoyó- no suele ser muy comprendido por quienes desde un principio se opusieron al sistema o por aquellos que marginados de este sufrieron en carne propia el acero del engranaje e incluso por muchos que a edades tempranas o no tan tempranas emigraron asimilando de forma paulatina las estructuras de pensamiento liberal. Algunos, emigrados no tan jóvenes, fagocitan esta forma de pensamiento creando una falsa ruptura con sus infaustos orígenes, convirtiéndose al hipercriticismo –no del sistema que lo merece y más- sino de los que desgajando dolorosamente con lo que creían la obra de su vida, afrontan con sus luces y sus sombras la decisión de cargar la cruz por todo un pueblo que espera…espera pacientemente que alguien les saque las castañas del fuego.

Justo en pleno proceso evolutivo de la idea disidente hacia la fase opositora en una cantidad importante de profesionales, funcionarios y ciudadanía en general, se produce la caída del Muro de Berlín y con él se desploman los restos de la estructura totalitaria de Europa del este, totalmente socavada por los breves años en que progresó la libertad de expresión.

Aunque muchos analistas le dan un peso extraordinario a otros factores para el desplome del sistema soviético – crisis económica, Guerra Fría, carrera espacial etc.- a criterio de quien redacta estas líneas, el cambio fue el fruto de una acumulación de factores, que sin embargo no eran presencias nuevas en el sistema excepto el factor información combinado con la libertad de expresión. Libertad que comenzó, cómo no, por una crítica “constructiva” al sistema y continuó con la denuncia de los males de este; desatando de esa forma las fuerzas sociales que obligarían al cambio, no en balde el propio Fidel Castro ha calificado a la libertad de expresión como una “epidemia”.

Fue entonces que retumbaron los tambores totalitarios llamando a todas sus fuerzas de base dentro del país a cerrar filas –en su propio perjuicio personal- con el objetivo declarado de salvar el sistema –léase claro está, salvar el poder totalitario de la familia gobernante y la clase privilegiada que la rodea como un escudo- y el salvamento pasaba inexorablemente por retrotraer los niveles de ínfima libertad de expresión a menos cero, cortar de golpe los abastecimientos a la población – es totalmente falso que la caída del bloque soviético obligara a la hambruna generalizada que derivó de golpe en la conocida epidemia por avitaminosis en sus manifestaciones de neuropatía óptica y poli neuropatía- e incrementar de forma brutal la represión.

Todos los ministerios fueron “higienizados” de aquellos funcionarios que de una forma u otra descollaron en las críticas al sistema durante el breve período del simulacro de libertad de expresión. Lo mismo ocurrió en cuanta institución o empresa de importancia existía en el país. En algunos casos los funcionarios fueron enjuiciados en amañados procesos políticos, en otros fueron expulsados en medio de “actos de repudio” y en numerosos procesos fueron sencillamente despedidos por no reunir “las condiciones políticas requeridas para el cargo”

Se activaron por supuesto las llamadas “brigadas de respuesta rápida” se llamó a los Comités de Defensa de la Revolución a “romper cabezas”, se militarizaron las calles y se dictaron varios decretos leyes que formalizaban cuanto movimiento represivo fuera pertinente, incluida la limitación de movimientos dentro del país.

El control de los alimentos ha sido demostradamente la base fundamental del control dictatorial de la banda armada que rige los destinos nacionales desde hace casi medio siglo y en esta etapa de crisis del sistema se constituiría en piedra angular de la estrategia de supervivencia gubernamental ganando un tiempo precioso. Como la limitación de abastecimientos y la hambruna obligaban a la población a buscar los alimentos allí donde los hubiere, se militarizaron las fincas agrícolas del gobierno, custodiadas por guardas que portaban armas largas, no dudaron en usarlas y pese al férreo bloqueo informativo se encuentran documentados varios asesinatos de niños que penetraron en este tipo de plantaciones para robar alimentos.

Todo parece indicar que los comentarios que se extendieron entre la población sobre la creación de “ollas comunes” a nivel de cuadra y suspender definitivamente los abastecimientos mediante el mercado racionado constituyó un operativo diversionista de la seguridad del estado o bien para evaluar la respuesta a un plan real de colectivización en fase de “opción cero” o bien para crear un temor justificado que diera paso a la resignación complacida de la población al no ver cumplirse los peores pronósticos.

Esta situación se aderezaba con los continuos cortes de electricidad, los despidos masivos de trabajadores por cierres de empresas, el cierre parcial de las universidades –se llegaron a informar los planes de cierre definitivo de los altos centros docentes por un tiempo indefinido- el incremento lógico de los índices de criminalidad, la carencia total de transporte público –exceptuando las arcaicas bicicletas chinas- la alcoholización de la población, bien mediante el expendio de bebidas alcohólicas por parte del estado, bien por el mercado negro de la popular “chispa de tren”, -aguardiente de producción artesanal- el incremento exponencial de la prostitución –tanto femenina como masculina- la extensión de las enfermedades de transmisión sexual –SIDA incluido- y un largo vía crucis al que fue sometida de golpe la población en un afán sin límites de la dictadura por lograr su permanencia a toda costa.

Como una parte importante del alargamiento de los “tiempos” de la dictadura se inició una especie de finta de esgrima política consistente en ligeros cambios que simulaban una apertura hacia el mercado. Los “cambios” se diseñaron en dos direcciones, ambas sobre la base de la dolarización de la economía; la dirección interior pasaba por permitir –tal y como se hizo a inicios de los ochenta- ciertas actividades autónomas por parte de la población y la exterior con la apertura –siempre sobre la base de “joint venture”- a la inversión extranjera, pero también sobre todo a las remesas familiares de divisas.

Lograban así ocupar a una parte importante de la población que por su propia cuenta amplió a límites insospechados la economía paralela –sumergida- que siempre ha existido en la Cuba comunista, ingresar ingentes cantidades de divisas provenientes de las manos precisamente de aquellos que abandonaron la Isla para no continuar sometidos a la dictadura e iniciar a tamaño global el gigantesco entramado de relaciones con el capital occidental que a día de hoy caracteriza a la clase dominante en el país.

Esto permitió que a los ojos interesados de occidente, los trapicheos miméticos se presentaran como una “voluntad de cambio” del estado cubano, que unido a la gigantesca maquinaria mediática y los intereses encontrados entre los inversores europeos y el gobierno americano en torno a la Ley Helms Burton dieron pie -espaldarazo sería la palabra correcta- al gigantesco balón de oxígeno político a una dictadura evidentemente en decadencia, que como siempre inició el nuevo “tiempo” con la apertura de las fronteras.


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com