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Lo que la Unión Europea Podría Hacer
27-07-2006, Salvador Subira
Durante 30 años, Cuba fue para Europa una tierra lejana donde ocurría un “experimento social” ruidoso y ambivalente. Para los gobiernos europeos la isla era prenda de disputa entre los dos grandes, donde los antidemocráticos se habían robado la ventaja, y de lo que convenía mantenerse al margen.
Por parte de la sociedad civil la actitud estaba más repartida. Para las derechas Cuba no ofrecía mucho interés porque el Pacto de Varsovia dejaba muy poco negocio fuera de su control. Sin embargo, para las izquierdas era diferente. Para las izquierdas comprometidas Cuba era una cabeza de playa a mantener en la confrontación de la Guerra Fría; y para las izquierdas emocionales era la materialización de un ideal que estaba al margen de cualquier criticismo. Mientras tanto, al interior de la isla se consolidaba un totalitarismo que hacía palidecer al soviético, y sólo los EE.UU. figuraban como supuestos defensores de la libertad cubana.
Es curioso que los EE.UU. sólo hubieran combatido los totalitarismos, mientras Europa era la que los había padecido. Pero el idealismo político de Europa sólo alcanzaba para adelantar su proyecto de reunir todos sus países en una nueva coalición, la Unión Europea.

Pero la Historia sorprende, y así ocurrió al final de los 80 con el desmoronamiento de la antigua URSS que consolidó la hegemonía de los EE.UU. como poder unipolar del mundo. Para entonces ya la Unión Europea estaba bastante avanzada en su proyecto y decidida a estrenar su influencia en la arena internacional, pero además dispuesta a aprovechar el nuevo tiempo de paz para disputarle terreno al poder unipolar.

Y entre otras regiones para hacerlo estaba el subcontinente latinoamericano, tradicionalmente bajo gran influencia norteamericana. En éste se encontraba la revoltosa Cuba que había adquirido influencia dentro de todos los países del área, y cuyo régimen también había fundado y mantenido el frente antiimperialista mundial en contra de los EE.UU. Cuba pues podría ser la llave de abrir el nuevo desarrollo.

Así, la Unión Europea, espoleada por el interés económico de sus inversionistas privados, y aprovechando que Cuba permanecía vedada para los norteamericanos, se dispuso a incursionar en la isla bajo la batuta de España. Pronto fueron llegando capitales europeos a la isla para invertir en las áreas que convenían y permitía el régimen totalitario cubano, y que eran preferentemente las instalaciones para fomentar y desarrollar el turismo.

Con dichas instalaciones los propios inversionistas serían quienes tendrían que fomentar el flujo turístico que le reportaría al régimen cubano una fácil, pronta y creciente captación de divisas monetarias para su sostenimiento. Pero ya se sabe que en busca de créditos los inversionistas suelen ser olvidadizos de los requerimientos éticos. Y el hecho es que lo han hecho aceptando transigir con los abusos totalitarios con que el régimen cubano esclaviza a sus nacionales.

La Unión Europea ha tratado de paliar esta inconsecuencia con tímidos reclamos formales al régimen cubano de que se reconozca a la heroica oposición que día a día arriesga su vida, que se respeten los derechos humanos en la isla y que se libere a todos los presos políticos. Pero el régimen cubano sabe que esos reclamos, aunque honestos, pueden ser ignorados, porque la política en los regímenes democráticos, no tiene control sobre los capitales privados que se crean a su sombra. Y eso es lo que hace poco respetable a la actuación de la Unión Europea.

Paralelamente, es curioso el hecho de que la experimentada Europa, que para su más estrecha asociación ha redefinido con modernidad el concepto de soberanía de los países en una nueva dimensión, aún esté aceptando que en el caso cubano la soberanía del país permanezca como botín de un tirano sin límites éticos ni morales.

A los demócratas cubanos les conviene el apoyo de la Unión Europea para cambiar su situación política, para su recuperación y desarrollo futuro, y también como balance de la tradicional influencia que los intereses norteamericanos mantenían en la isla. Pero nada va a ocurrir mientras el Parlamento y el Consejo de la Unión Europea no se desmarquen de los inversionistas de sus países, que por cierto, nunca serían despedidos por el régimen cubano siempre y cuando le sigan reportando divisas.

Sugerimos pues que la Unión Europea podría cambiar su mesurado e inútil reclamo de concesiones por algo más efectivo y definidor de sus mejores intenciones para Cuba. Y esto pudiera ser la sustitución de sus débiles reclamos y vacilantes actitudes por una sólida declaración de que la Unión Europea aboga por “el final de la situación totalitaria cubana, mediante una transición breve y que conduzca, indubitablemente, al restablecimiento de un sistema democrático en Cuba”.
Algo así podría demostrarle al régimen la inviabilidad de su permanencia, y animaría a los cubanos de la isla a seguir trabajando hasta lograr el final de su tiranía. Nota: El artículo anterior fue publicado en la sección Exclusiva del No. 3, Año III. Mayo-Junio 2006 de Misceláneas de Cuba, Revista de Asignaturas Cubanas.


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