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OSCURANTISMO, MISERIA Y MUERTE.
14-07-2007, Carlos Rodríguez Duarte

El grito de guerra del Teniente Coronel Chávez, voceado por él y sus acólitos “Patria, Socialismo ó Muerte”, de obligación en el saludo militar de los integrantes de las FAN, no es sino un mimetismo mediocre del desgastado y carcomido por el fracaso histórico, del grito fidelista de Patria ó Muerte, Venceremos. Sin patria y sin victoria, pero con innumerable muertos, los cubanos hemos debido cargar con casi 50 años de tiranía imbatible, percibiendo el hambre, la desesperanza, y la ansiedad ante la muerte como una hoz que no se mueve del área del pueblo en todas y cada una de sus expresiones.

De la misma manera el pueblo Venezolano se enfrenta a una “revolución”, con ínfulas de grandeza de principios, pero ridiculizada en pancartas y consignas copiadas servilmente de la tiranía cubana, además de empeñada en aumentar el oprobio y la humillación de una nación privilegiada por Dios, pero con las amenazas de destrucción física y sicológica de peor manera que la vivida por Cuba. Por eso es necesario copiar los gritos, las pancartas y las banderas, que es lo único que puede hacer un País presidido por un zambo patán, acompañado de un conductor reposero de metro y unos militares de utilería, junto a un combo baboso, corrupto, mentiroso y traidor a la patria.

De ahí que en el lugar de la Patria de la consigna mimetizada tengamos un oscurantismo total en las instituciones que dan vida a un pueblo que pudiera regodearse con orgullo y respeto en el mundo regional e internacional, por tener las condiciones básicas para el crecimiento y desarrollo.

Y es que el concepto chavista de Patria está representado en la expresión oscurantista de un mandamás omnipotente, suerte de reproducción corregida y aumentada de épocas pretéritas como la del General Gómez, donde el capataz (no dueño), del País lo manejaba según las normas campesinas más primitivas, usando la crueldad como elemento disuasivo por excelencia, y donde una camarilla perversa de formación heterogénea daba respaldo sin discusiones a las decisiones nefastas tomadas en Maracay. En el caso que nos ocupa, todo esto alimentado y abonado por la fatal experiencia cubana, prolija en todo lo que representa la eliminación de la moral, buenas costumbres, decencia y normas de convivencia adecuadas a la época en que vivimos.

Son expresiones de oscurantismo la eliminación práctica de los diferentes poderes de mando de las decisiones del País, con una pantomima de parlamento pomposamente denominada Asamblea Nacional, donde lo único reverente es la orden dictada por el patrón. Lo mismo en el área judicial, donde con colaboraciones vitales como las de Manuel Quijada, Isaías Rodríguez, Rincón y muchos otros, se han supeditado todas las decisiones jurídicas también a las órdenes del tirano.

También son signos de oscurantismo las decisiones de eliminar logros importantes como la descentralización de los poderes y servicios, para colocarlos todos en una oficina macabra donde se tomen las decisiones vitales de la nación con la música de fondo de la voz cínica y repetitiva del dictador. Y así los logros obtenidos en el área de la Medicina nacional, son barridos de un plumazo y se instaura un sistema de origen soviético que se caracteriza por la improvisión, la ausencia de valores éticos, y con una producción masiva de personal de extranjero que actúa fuera de la ley, aplastando la voz y las actuaciones de gente noble, preparada y trabajadora que enalteció la cultura médica Venezolana por tanto tiempo. Así también se somete la educación a los objetivos de un gobierno sectario y castrante para las juventudes.

No se escapa de este proceder el manejo arbritrario, servil y nauseabundo de la Industria Petrolera, de la cual fueron eliminados todos los pilares que tanto tiempo, esfuerzo moral e intelectual y dinero costó a la nación. Ni tampoco se escapan los cambios caprichosos y grotescos de los símbolos nacionales, haciendo uso indiscriminadamente abusiva del nombre del Libertador, a su libre albedrío, siempre aplaudido por las generaciones de traidores chupasangre, y sustentados en resultados electorales mentirosos, pero avalados por traidores como Arias Cárdenas y Rosales, los cuales han aplicado una lechada de blancura a la perversión increíble de la manifestación de un pueblo que detesta el sistema y que no consigue la vía de defenestrarlo.

El límite del espacio nos impide detallar las múltiples expresiones adicionales de oscurantismo de esta etapa de la vida de Venezuela, pero debemos hacer énfasis en la más execrable expresión del comportamiento del dictador. Me refiero a la entrega servil y tragicómica de Venezuela a los designios y voluntades colonizadoras del moribundo tirano de Cuba y toda su detallada y sólida estructura de poder. Ya despareció el disimulo, ya Venezuela pertenece a los Cubanos, en todos los terrenos del acaecer diario nacional, y, apuntando a la diana de ese propósito se trabaja a marcha forzada en la creación de las modificaciones constitucionales que transformarán de inmediato las prácticas democráticas y diáfanas de Venezuela en una copia textual del fracasado sistema cubano.

En cuanto a la llamada del grito de guerra invitando al Socialismo, no hay mucho que argumentar, son claros, evidentes e indiscutibles los resultados de este vetusto y desgastado sistema, con fracasos catastróficos en todos los intentos realizados. El resultado estrella de esta política es la implantación del hambre sin contemplaciones. Se experimentó en la máxima expresión de gobierno del sistema en la Unión Soviética. Tuve personalmente la posibilidad de observación del hambre socialista de estos pueblos sojuzgados después de más de 60 años de sometidos, desde Checoslovaquia, pasando por Polonia y recorriendo Bielorrusia y Ucrania hasta el mar negro. No es necesario hacer énfasis en el hambre socialista cubana, harto conocida con las políticas de destrucción de todos los medios de producción en aras del militarismo político, terminando en la tarjeta de racionamiento y la obligación de efectuar una alimentación deficiente, productoras de múltiples enfermedades y muertes.

Realmente el hambre llegó a Venezuela antes de la instalación del grito del socialismo, se acabaron los medios de producción, su sustitución con importaciones de pésima calidad facilitadas por la abundancia y el derroche petrolero están dando su fruto. Se terminaron los anaqueles de los centros de distribución alimenticia; se hace necesario comer “lo que se consiga”, de mala calidad y a precios elevadísimos. Como siempre en el socialismo hay una pancarta y ésta es “Mercal”, que representa la más grotesca, por ineficiente, iniciativa donde debe acumularse el pueblo, cual rebaño de cerdos a pasar horas y horas para poder obtener los más elementales productos de la dieta básica, expuestos sin tener en cuenta las medidas sanitarias imprescindibles para su manejo; y, a precios que son una burla grotesca de las medidas gubernamentales.

Lo que sí hay de verdad en estas pancartas de Castro y Chávez es la muerte. Las del lado cubano comenzaron en la Sierra Maestra y todavía no han terminado casi a los casi 50 años después. Sin pausa y con prisa, en ese macabro sistema han muerto más de 10.000 cubanos, sin importar edades, condición social, racial, cultural ni económica. Que mueran, que se movilicen los pelotones, que se aligeren los juicios, que el proceso sumarísimo sea la rutina, ese sistema, es lo que ha crecido en abundancia en Cuba, y por ende ya está dando sus frutos en Venezuela. Desde la implantación del salvaje chavismo mueren decenas de personas diariamente, sentenciadas con el denigrante calificativo de “ajuste de cuentas”. No importa si las cuentas son del gobierno y sus huestes o lo son de extraña e inexistente procedencia; el caso es que mueran; y, por lo tanto mueren.

Todos nos preguntamos si en las modificaciones de la constitución en ciernes estará poner en vigencia la pena de muerte; de ser así, tendremos que prepararnos a llorar a nuestros muertos que se producirán con la misma audacia, descaro y cinismo que ha funcionado en Cuba.

Es el final de un grito de guerra, inventado por un dirigente esquizoide, y perpetuado por colaboracionistas de todos los colores y estirpes sociales.

 

Carlos Rodríguez Duarte.
Médico Cubano-Venezolano, radicado en España.
Madrid Junio 26 de 2007.
e.mail: mochoa60@yahoo.com


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