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Reflexiones
31-05-2007, Jaime Leygonier Fernandez

Reflexiones sobre las reflexiones salvadoras de la especie

El oficialísimo periódico Granma quiere salvar la especie humana y a tema tan trascendental dedica unas columnas tituladas “Reflexiones del Comandante” que alguien firma con el pseudónimo Fidel Castro Ruz.

Algunos dicen que lo escribe el Gobernante del mismo nombre, otros –aunque reconocen parecido en el estilo– dudan que Castro a los 80 haya adquirido concisión o acepte a censores que le resuman sus extensos dictados, cualidades ambas ajenas a los hábitos del Comandante.

Yo creo que alguien quiere honrar al gran ausente adoptando su nombre como pseudónimo, y un amigo opina que la especie que quiere salvar es la de los cortesanos del Comandante y que es su “grupo de apoyo” quien se salva del desempleo escribiendo esas reflexiones.

No importa que nadie lea las reflexiones, ni el resto de Granma –salvo los deportes y la programación de TV–, el asunto es que el público crea que Castro está vivito y reflexionando.

Mientras en Cuba cada día es el Día de los Inocentes, unos cubanos dicen que Castro murió hace 5 meses, otros dicen que ocultan su estado mental senil y cada vez son menos los que esperan que reasuma funciones.

Granma juega a ser la nube tras la cual no es visible pero alumbra el sol que reaparecerá. Espérenlo sentado.

Sea quien sea quien escribe, se propone –además de tratar de Posada Carriles y los malvados yanquis para que se sepa que Castro reflexiona– ¡salvar la especie humana! Tanto más meritorio cuanto que el ser humano y sus derechos son tan depreciados en Cuba.
Tanto más meritorio cuanto que los prohombres españoles e incluso europeos, se conforman con salvar un preso, uno al año, los demás que se pudran, uno, para callarse sobre 10 millones de cubanos y de que los l00 000 presos carecen de las condiciones de reclusión mínimas estipuladas por la ONU, y que la Comunidad Europea en el 2003 exigió “la libertad inmediata de los 75”, olvidando que son más de 300 y después, a otra cosa.

Extienden la mano y con voz de mendigo dicen: “Un presito cubano por amor de Dios, para que podamos decir que “hay síntomas de reforma”. Y si le sobra un condenado a muerte, no lo fusile, por favor, que desde el 2003 hablamos algo de los 75 presos –hasta dimos tiempo a que muriera uno, Miguel Valdés Tamayo– pero evitamos hablar de los 3 fusilados por escarmiento del 2003. ¡Ayúdenos a ayudarlo, caramba!

¡Tacaños! ¡A la especie es a la que hay que salvar de la demencial idea yanqui-brasileña de sustituir el petróleo por el etanol, lo cual significará eliminar la producción de alimentos y encarecerlos!

El defecto de estas reflexiones es que se limitan a criticar, pero no indican que hacer.

Y como se trata de salvar la especie, me siento motivado a aportar mis soluciones.

De hecho invertí casi toda mi juventud en estudiar economía política marxista y hasta tengo dos publicaciones académicas, una de ellas sobre la planificación socialista de la economía y, por lo tanto, me siento absolutamente incompetente para opinar sobre economía, etanol o keroseno.

Sí puedo –como cubano criado bajo la revolución– jurar que aquí hay una experiencia inmensa en destruir la economía, acabar con las tierras de cultivo, encarecer y desaparecer los productos agrícolas, poner al pueblo a pasar hambre y consolarlo con criticar al capitalismo por su economía al borde de la crisis.

Así que si Granma dice que el etanol encarecerá los boniatos –batatas– y ocasionará hambre, es tema en que tiene autoridad.

Como historiador me atreveré a decir algo –aunque confieso que mi título perdió un 50% después que la Gladnost y el hundimiento del campo socialista demostraron la falsedad de mucho de lo que estudié ¡y que hasta me proporcionó buenas calificaciones mintiendo de buena fe!–, en el siglo XX –y particularmente durante las guerras mundiales– países agrícolas de África, Sudamérica y Asia obtuvieron grandes ganancias desarrollando cultivos subordinados a industrias.

El caucho en función de la industria automotor, añil y algodón para la industria textil, aceite de coco, no recuerdo para que. Y Cuba fundó su prosperidad desde el siglo XVIII hasta su miseria a partir de 1959 en el cultivo industrial de la caña de azúcar.

La agricultura tenía que ver con la pobreza, pero también con el desarrollo y los cultivadores comían del producto de su trabajo –lo cual es mucho más de lo que podemos decir los cubanos

Y si algún listo objeta que la caña de azúcar produce alimento, lo invito a que durante una temporadita desayune y cene agua caliente con azúcar, como hacen tantos cubanos adolescentes a quienes en lugar de leche sirven ese brebaje en los internados antes de mandarlos al campo a trabajar, o tantos ancianos, sin dinero para comprar leche en la bolsa negra.

En la Cuba de mediados del siglo XX hubo un funesto latifundio y el monocultivo de la caña de azúcar, había problemas de pobreza, pero comer no era un lujo, ni la carne de res un manjar prohibido, ni la yuca –mandioca– costaba tanto como el caviar… como hoy, bajo los salvadores de Cuba que ahora se empeñan en salvar a la especie después de que desbarataron la economía nacional.

Tal vez por salvarnos a los cubanos del hambre que producen los cultivos industriales, los Castro desmantelaron la industria azucarera y abandonan las tierras a las malas hierbas y las espinas del marabú un par de años antes del boom del etanol. Para ser consecuentes con sus prédicas deben destruir también el tabaco.

El etanol no es tan satánico como las dirigencias revolucionarias que hunden al país que prometieron desarrollar y luego se dedican a aconsejar a los países prósperos.

Sí creo que el etanol puede tener alternativas, como una de las que Castro habló en los años 90 –y luego no le oí más nada de eso–: el biogás. Gas y energía eléctrica a partir del producto final de la digestión. Las cagadas: recurso renovable e inagotable.

Vacas casi no nos quedan desde que Castro se interesó personalmente en desarrollar la genética ganadera, pero La Habana es capaz de abastecerse de electricidad nada más que con las gracias de los perros domésticos. Es casi imposible caminar por la calle sin pisar frutos caninos.

Para cosecharlos serían idóneos los Comités de defensa de la Revolución con su experiencia en recogida de materias primas y en chivatos, para vigilar a los perros y que nadie se robe el combustible canino.

El primer mundo con sus perros hechos a carne y shampoo jamás podrá competir con los perros vegetarianos de Cuba que se bastan con sobras de arroz con frijoles para decorar las aceras.

Y si me lanzo a prometer “un futuro luminoso” traigo asesores chinos ¡ –Ah¡.¡los hermanos chinos¡– de esa civilización con experiencia milenaria en el aprovechamiento de los desechos humanos.

Pero si ajustamos la máquina a transformar discursos y escritos verborreicos en biogás, Cuba saldrá del subdesarrollo –como le prometió Castro para 1970– pondremos de rodillas al imperialismo y así, fortalecida económicamente, podrá salvar al Mundo.

Pero como estamos ahora, no. Para no predicar moral en calzoncillos, primero hay que alimentar a los cubanos.


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