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LA TRANSICIÓN CUBANA. CUENTO DE HADAS.
25-05-2007, Carlos Rodríguez Duarte

De entre la multitud de macabras habilidades desarrolladas por la tiranía cubana en los últimos casi cinco lustros, destaca por sus efectos políticos a corto mediano y largo plazo, incluyendo las posibilidades futuras en esa misma medida, el férreo y pertinaz robustecimiento de la figura del dictador, haciéndolo ver como el único gobernante de Cuba, el único dueño y señor pensante y trabajador de la Isla, y, por lo tanto, responsable directo y personal de todo el movimiento y vida en Cuba durante todos estos años, la única voz cantante en todos los eventos positivos y negativos de su gobierno ha sido siempre la del cruel tirano.

La imagen superpotente, sabia, atractiva, invencible, carismática, en fin, todopoderosa del mismo se ha impuesto por encima de toda otra estructura de organización y funcionamiento, poder civil político y militar, se ha impuesto a los ciudadanos, eliminando así las posibilidades de fragmentación de reclamos y/o rechazos, lo cual simplifica la toma de decisiones y reduce el tiempo de actuación en todos y cada uno de los infinitos detalles a resolver en un gobierno plagado de maldad, paranoia, corrupción, crueldad, rencor y retaliación.

Este concepto vigente en el ciudadano cubano, ha trascendido fuera de las fronteras, inundando millares de artículos escritos y audio-visuales en el mundo entero, siendo objeto de crítica, pero también de saludo y mimetismo en muchos pueblos de todo el mundo. Es muy simple, el estadista ha consolidado su poder a sangre y fuego, blindando con su personalidad, a veces aborrecible otras atractiva, las posibilidades de localización de alguna grieta que permita cualquier tipo de cambio de forma y/o fondo que pudiera asomarse, con la excepción claro está, de que el tirano muera.

Pero sucede que también el concepto penetra en los opositores al régimen, los que tiernamente asumen que la desaparición de Fidel va a traer, por si misma, la brecha por donde se podrán minar las estructuras de poder, haciendo un cambio en las mismas que permitan establecer en Cuba un gobierno de consenso nacional, democrático, con la reimplantación de la Constitución de 1940, con la puesta en vigencia de la autonomía de los diferentes poderes, establecimiento del estado de derecho, respeto a los derechos humanos, eliminación de todo el infame sometimiento político, con liberación de todos los presos políticos y apertura al libre pensamiento y a la expresión del mismo sin ningún cortapisa.

Durante este medio siglo los cubanos hemos vivido la fantasía de la desaparición de Fidel como la única vía de cambio en la vida de la nación. Ha sido un cuento de hadas alimentado por los supuestos magnicidios frustrados, los ataques militares fallidos provocando centenares de muertos y de encarcelados. Y es tal la obsesión, que nos hemos auto-convencido de que efectivamente, el comunismo de Cuba se llama Fidel, que no existe ningún otro aparato de gobierno, que no hay más funcionarios pensantes y actuantes que planifiquen, dirijan y ejecuten los movimientos necesarios del ajedrez político nacional; y, por lo tanto la muerte de Fidel llevará automáticamente a lo que llaman la transición.

Son miles las formas de opinión estudiosos de esta situación, con la demostración de una alta calidad informativa, y aún más, con una capacidad de previsión de movimientos generales y específicos que es realmente increíble. La lectura de todos ellos, con todo mi respeto a sus cualidades personales y objetivos, me lleva a lamentar tanta pérdida de tiempo en el análisis de algo que falla por su comienzo. En Cuba, no va a haber transición posteriormente a la muerte del tirano. No está previsto, lo existente es una maquinaria aceitada de permanencia del férreo sistema imperante que no cambiará sus principios fundamentales por más maquillaje que le practiquen.

Esta opinión se avala con la situación actual: Fidel está muerto políticamente desde hace varios meses, su desaparición física es cosa de un momento a otro, cedió el poder, es una piltrafa humana despreciable que se muere de manera inexorable en el lecho de enfermo, y es incapaz de mover ninguno de los hilos del poder que ha manejado a su antojo durante tantos años. Y la pregunta es: ¿qué ha sucedido?, la respuesta es NADA. Corrijo, existe un recrudecimiento del horror, la paranoia, el encarcelamiento de disidentes inocentes, intensificación de la actuación de las brigadas de acción rápida, el “alzamiento” de Pérez Roque retando a la Unión Europea, y, por supuesto a Estados Unidos. Solamente ha cambiado el acercamiento a los comunistas chinos y la intensificación de la conquista de Venezuela; no se aprecia la brecha que se ha querido adivinar, adornada con detalles técnicos optimistas, donde, inclusive, se ponen fechas a los acontecimientos felices que se van a desarrollar.

Es realmente una ilusión el pensar que con la muerte de Fidel la mente de todos los involucrados en esa barbarie va a cambiar de la noche a la mañana su manera de ser y pensar, y de lo que son en estos momentos van a pasar a ser demócratas abiertos al pensar universal, con respeto a los derechos humanos, apertura de la Isla a las inversiones extranjeras, las brigadas de acción rápida cesarían en su función y actividad, así como los CDR; y se darían facilidades para desarrollar una economía de mercado extraordinaria que lleve a Cuba a felices momentos.

Además de eso estamos fantaseando con la posición de los cubanos que hemos sufrido el exilio con toda la azarosa vida de emigrantes, los familiares de los cubanos asesinados por este grupo de canallas, los que fueron desposeídos por las hordas salvajes comunistas. Todos nosotros haremos paso de página, borrón y cuenta nueva, y nos daremos besitos cariñosos y carantoñas con los “compañeros” que se han reivindicado debido a la muerte de Fidel, abandonando las posiciones obtenidas a base de sangre sudor y lágrimas durante tantos años de exilio, estando en ello involucrado, en algunos casos, la renuncia a un modus vivendi inveterado de lucha antifidelista de carácter profesional.

Se compara la situación con España a la muerte de Franco, y la subsiguiente transición. Se olvidan quienes esto hacen que la transición en España la decretó Franco, y fue aprovechada por varios grupos progresistas que fundieron sus opiniones en aras de un desarrollo querido y necesitado por todos. Aquí no hay nada de eso. Los comunistas no sueltan sus presas, hay que arrebatárselas por la fuerza, lo demás no es sino Cuentos de Hadas.

 

*Médico Cubano Venezolano residente en Madrid.
e.mail: mochoa60@yahoo.com


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