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Cuba y su Realidad Social 26-05-2017

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Los largos “tiempos” (II)
16-05-2007, Miguel A. García Puñales

Los largos “tiempos” en el escenario social cubano
Segunda parte

La década de los 80 –algunos la han llegado a llamar eufemísticamente “los felices 80”- iniciada con el éxodo masivo por el puerto de Mariel, demostró al gobierno –ellos si tienen las estadísticas reales recogidas mediante el sistema de investigación sociológica permanente*, conocida como “la opinión del pueblo”- demostró al gobierno, repito, que entre el primer episodio y el segundo del primer ciclo (1965-1980), el incremento de personas dispuestas a abandonar el país crecía de manera exponencial. A despecho por supuesto de que en el estallido social del cierre de ciclo ya eran mayoría los nacidos o al menos los educados en su totalidad por el aparato doctrinal del régimen.

El ciclo de los 80 trajo consigo también algunas “novedades” doctrinales, que se venían gestando desde la década anterior.

El rotundo fracaso económico de los experimentos de los años sesenta, amén del chasco de casi todos los intentos cubanos por extender con éxito su influencia militar en Latinoamérica y África – recordemos como los más conocidos, las dos derrotas de Guevara, primero en África y más tarde en Bolivia-, así como la necesidad imperiosa de mantenerse bajo el paraguas protector de la URSS, para subsistir como régimen totalitario; llevó al régimen castrista a reconsiderar su relativo “desacuerdo” de tintes “independientes” y reorientar sus relaciones con la Unión Soviética.

Dicha reorientación pasó por el trámite de proclamar a todos los vientos la vuelta al redil ideológico más ortodoxo pro-soviético, desechando los coqueteos maoístas de la época guevarista e incluso las “aportaciones teóricas” del fidelismo temprano, para sumergirse en las aguas –entubadas mediante subvenciones económicas y militares- de los países satélites del llamado “socialismo real”.

La incorporación de Cuba al CAME y la “reafirmación” de buenas relaciones - incluido el trámite protocolar de la visita de L. Bhresnev a La Habana en 1973- continuó por el camino trazado por los soviéticos- obligando a iniciar el ciclo de los Congresos del Partido Comunista de Cuba en 1975, la proclamación de una constitución totalitaria en 1976 e iniciar en 1977 el llamado “proceso de institucionalización”, que unido a una nueva división político administrativa del país –se pasó de la existencia de 6 provincias a 14 y un municipio “especial”- instruyó la época de los simulacros electorales, bajo un partido único y con una estructura de gobierno similar a la de todos los países satélites del bloque soviético.

Solo que a diferencia del resto de los países subordinados, el gobierno cubano asumió con gusto el papel de punta de lanza del sistema en expansión para el llamado “Tercer Mundo”. Se realizaban así todas las expectativas castristas de reafirmación totalitaria, manteniéndose bajo el paraguas soviético acordado por las dos grandes superpotencias en 1962; obteniendo recursos económicos ilimitados -justificados bajo el acápite de un “comercio justo”- y con carta abierta para intervenir -esta vez no con guerrillas, sino con ejércitos enteros- en zonas de neurálgicos enfrentamientos, citados por los teóricos de la época como “conflictos de baja intensidad”.

Se arriba pues a los años ochenta en la apoteosis de la expansión internacional del gobierno cubano; presidente desde 1979 del Movimiento de Países No Alineados –NOAL- cumpliendo así una estrategia soviética para llevar a un heterogéneo grupo de países al redil de la influencia soviética –Cuba mediante- y por tanto obtener una alineación no muy encubierta, si bien no en el bloque militar comunista, si en su bloque político internacional y ¿por qué no? También en las diferentes zonas del planeta donde se dirimía la llamada “Guerra Fría”, que a excepción del temido holocausto nuclear que provocaría un enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias, proliferó en cientos de conflictos armados en los que Cuba y una pléyade de “no alineados” tomaron parte activa, de una forma bastante alineada y alienada.

Desde 1979 se iniciaron esfuerzos por mejorar efectivamente los abastecimientos a la población y es significativo que el control de la economía pasara formalmente a manos de un especialista -antiguo catedrático de marxismo venido a menos en la etapa en que fueron suprimidas las antiguas cátedras de “Instrucción revolucionaria”- acogido durante su “caída en baja” por las academias del Ministerio de las Fuerzas Armadas, predio de Raúl Castro.

Este aspecto es de suma importancia, el suero económico soviético exigía la administración mínimamente efectiva de los recursos. Los cerca de 5 000 millones de rublos oro anuales –algunos analistas los calculan en algo más de 6 000 millones- constituían de por sí una cantidad inconmensurable de dinero, de hecho más dinero que el empleado por los norteamericanos en el Plan Marshall para reconstrucción de toda Europa y el oso ruso exigía con toda lógica que se administrara eficientemente.

Por ello y a pesar de su tendencia natural a derrochar recursos según su capricho, el dictador cubano inició la década dejando formalmente en manos de especialistas el tema económico en aras de lograr un aumento del nivel de consumo interior y tener base por esa vía para una nueva ofensiva de adoctrinamiento ideológico.

Sin embargo con lo que no contaban los soviéticos, ni los llamados “teóricos cubanos” de la institucionalización económica, era con la capacidad inconmensurable de Fidel Castro para hacer dentro de Cuba lo que le ha venido en ganas.

El nuevo sistema económico, en fase de implantación desde 1977, llamado “Sistema de Dirección y Planificación de la Economía Nacional”, sin ser efectivamente un sistema de mercado, por cuanto mantenía el elemento de control estatal sobre todos los recursos de la nación, rompía sin embargo con esquemas anteriores –instaurados desde la concepción guevarista de la economía- que llegaron a suprimir las relaciones monetario-mercantiles entre empresas y avanzaron efectivamente hacia la supresión de las totalidad de dichas relaciones en todo el ámbito social.

La nueva concepción trataba de conciliar el mercado con la planificación social y si algún éxito tuvo, fue precisamente en el área de los escasos elementos de mercado que logró instaurar. Fueron los elementos de mercado y el incremento efectivo del consumo popular durante casi dos lustros lo que permitió al gobierno de La Habana tomar aire y ¡cómo no! Seguir ganando tiempo.

La creación de los mercados campesinos y a su lado la versión competitiva –desleal- del agro mercado estatal, la instauración del llamado “mercado paralelo”, la “liberalización” de los salarios por la vía del pago de horas extras, la autorización a la doble contratación en algunos sectores y sobre todo, la revalorización del dinero por la vía de la oferta mercantil, ayudaron mucho más que el “teque ideológico” a lograr una especie de “calma chicha” social, ocupada como estaba la población, en trabajar para tratar de aumentar su nivel de vida, incluida la compra de materiales de construcción con los que reparar o construir su vivienda.

Este último sector –la construcción de casas- tuvo su colofón en 1985 con la promulgación de una nueva ley sobre la vivienda que reconocía la capacidad legal de los ciudadanos para comprar o vender en mercado libre sus viviendas y creó además nuevas formas de asociación con fines constructivos con derecho a obtener créditos financieros del Banco Nacional o las Cajas de Ahorros para tales fines. Sin que los resultados realmente fueran espectaculares, daban la impresión y sobre todo ¡la esperanza! De que se avanzaría en un lento camino hacia una prosperidad económica elemental, aunque nadie se hacía ilusiones sobre una distensión política.

Fue entonces que el tirano terminó de tirar el tablero de juego y se cargó la nueva ley a menos de dos meses de haber sido promulgada. Realmente nunca aceptó las nuevas reglas, lo que aceptó y de buen grado fueron las ayudas que esas nuevas reglas implicaban y la parte correspondiente a su protagonismo tercermundista, ergo lo que esto implicaba en su protagonismo internacional.

La participación de tropas cubanas en las guerras de África es inconcebible sin el apoyo de la URSS y la utilización de la cobertura logística y de inteligencia que representaba el bloque de países satélites. Entre la intervención de Guevara en el Congo a mediados de los sesenta y los ejércitos cubanos desplazados hacia Angola a mediados de los setenta, media el camino que existe entre un gobierno cubano participando por propia iniciativa en cuanto conflicto creía que resolvería con “guerrillas” y el frío cálculo de un sistema que sabía dónde utilizar los movimientos guerrilleros autóctonos como forma de desestabilización y dónde emplear grandes masas de ejércitos con el armamento más moderno de la época. Los soviéticos pusieron el escenario, garantizando como los “guapos” de barrio que el conflicto se resolviera entre títeres, sin participación directa de los titiriteros. Castro sólo tenía que aportar los muertos y esa era una práctica muy conocida por el comandante, célebre por carecer de batallas y heridas de guerra, aunque sí por fotos muy “oportunas”, no en balde hablamos de un gran publicista.

A cambio de todo eso, desde un inicio bloqueó dentro de Cuba el nuevo sistema de dirección y contabilidad económica. El Cálculo Económico, como sistema de dirección fue castrado a la cubana, es decir machacando testículos con piedras de molino; fue creado a la carrera el Calculo Económico “restringido”. Es decir en unas áreas se aplica y en otras no, siempre según las órdenes del jefe de estado, que se guardaba para sí –la llamada “reserva del comandante”- el equivalente del 10% del PIB del país, amen que seguía redistribuyendo el restante 90%. Según sus propias palabras, el monstruoso complejo de Ingeniería Genética y Biotecnología –el tercero más grande del mundo en su momento- fue construido y equipado con la mitad de la “reserva” de un año.

Fue entonces que lo vio venir; Ya en el último congreso del PCUS donde participó como invitado, se permitió un discurso donde de manera abierta alababa la figura de Stalin, era un llamado a los estalinistas ortodoxos, sabía que de triunfar las nuevas tendencias dentro de la URSS el sistema se desmoronaría. Sabía a ciencia cierta que el sistema se podría permitir juegos malabares con las estructuras económicas, pero nunca con la libertad de información y tenía razón.

De hecho, comenzó a preparar los nuevos tiempos en una fecha tan temprana como 1986, su agudo olfato totalitario le preveía contra cualquier cambio que no iniciara por su cuenta y riesgo y esa fue la llamada “rectificación de errores y tendencias negativas”; el gobierno totalitario necesitaba recoger el cordel no sólo en los cambios económicos miméticos, pero peligrosos; también necesitaba recogerlo en la estructura del estado totalitario, llevándolo, de nuevo a los felices tiempos del poder personal sin afeites, la nueva época se preveía dura. Para algo sirven los cientos de millones invertidos anualmente en servicios de inteligencia exterior y exploración permanente del estado de ánimo de la población interior de la “finquita”

No obstante, mientras pudo, mamó de la teta soviética llegando incluso a arrancarle a Gorvachov en ocasión de su visita a La Habana la promesa pública de condonación de la inconmensurable deuda acumulada desde 1973. Sin embargo caminar sobre el filo de esa navaja de servir al amo, mientras recibía sus dádivas y se preparaba para vivir sin él dado el caso, lo obligaba a algunas concesiones y esas pequeñas, ínfimas concesiones, marcaron ideológicamente a toda una generación de adoctrinados, la misma que ha llegado a encabezar la dura lucha de oposición al régimen totalitario. La generación que esperaba su momento, había dejado pasar el tiempo y el tiempo es un aliado de la dictadura.

Más, esa será tema de la tercera parte de este ensayo.


* “La Opinión del Pueblo”. Sistema de retroalimentación sociológica del sistema totalitario de La Habana que opera a través de encuestadores encubiertos, casi siempre miembros de los núcleos de base del Partido Comunista. El flujo de información es procesada en el Consejo de Estado y cuenta con protocolos lo suficientemente dinámicos y validados como para obtener información de absolutamente todos los aspectos de la vida nacional. Sirve también de plataforma para el lanzamiento de rumores con fines diversos.


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