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Profecía fácil para el día D+1.
26-07-2006,    Alonso Caracas, Máximo

No hay que ser Nostradamus ni demasiado optimista para predecir que los últimos -que no son todos, por supuesto- presos de conciencia cubanos no llegarán a cumplir sus condenas. Ni siquiera una fracción considerable de éstas.

Vanas condenas. Crueles, injustas, pero vanas. Presuntuosa, ilusa crueldad.
Nada como la rutina y la cotidianeidad para entronizar cualquier creencia, entre ellas la de que un statu quo es eterno. Hasta contagian a la platea y a los adversarios.

Duelen, sí, las penurias que tendrán que afrontar esos presos –y otros muchos- durante los próximos 15, 20, 25 ó 30…¿meses? que pudiera durar el encierro, signado por esas adicionales molestias que –con su habitual prodigalidad en la materia- el estado cubano les proporcionará: la lejanía de sus lugares de residencia (con todos los agravantes del caso para el medio cubano), el asedio de los “comunes” alquilados, la ofensa sistemática, el abuso desde la descomunal ventaja y –de paso- las propias condiciones habituales de una cárcel cubana 2006.

Sólo espero que el final de esas condenas –que implican final previo del proceso “revolucionario”- no sea por el deceso del Prócer, sino más bien que sea por un sordo, repentino, súbito desmoronamiento que no le dé oportunidad a éste de una salida “airosa” con el suicidio o la apelación de última hora a un jefe de estado amigo.

¿Por cierto, ¿se han percatado Uds. de la rara solidaridad y camaradería que existe casi invariablemente entre los jefes de estado?. Como si fueran un tipo distinto de gente, una hermandad espontánea e incondicional, una especie de mafia institucionalizada que se sitúa automáticamente por encima de nimiedades como crímenes de lesa humanidad, y con una sonrisa comprensiva -ó tolerante al menos- sin considerar para nada el criterio de quienes le eligieron, por ejemplo, o el más mínimo acceso de espíritu de justicia o sentido común.

Para este Sujeto aspiro a una cómoda reclusión, respetando –con la bonhomía y generosidad que él nunca tuvo- su provecta edad.
Una reclusión en condiciones similares a las que estuvo sometido cuando la horrenda tiranía batistiana, a lo largo de unos interminables ¿18, 21 meses?, después de asaltar una fortaleza militar y ocasionar muchos muertos y heridos –sobre todo de su bando- en lugar de algún otro crimen más punible, como defender sus ideas y opinar sobre algo.

Digo una celda confortable como aquella, pero obligatoriamente con mucho más acceso a la información, sobre todo nacional. Una leve crueldad psicológica que nos permitiríamos, en desproporcionada compensación, a fin de mantener al Sujeto continuamente informado de cómo se desmorona el andamiaje de lastrante pesadumbre que tanta mentira, traición, crimen, manipulación y doblez le costó levantar.
Los recesos de información los cubriríamos con buena música. Digamos, por ejemplo, esa canción, “A pesar de vocé”, de su –todavía- simpatizante Chico Buarque. Y caso cerrado.

Por otra parte, en el centro y la periferia del poder “revolucionario”, sin duda habrá que ver por la amnistía de quién se pronunciarán, inmediata e indirectamente quizá –y lucharán incluso- los otrora sustentadores de la “revolución siempre victoriosa”, y dentro de ella la heroica batalla de ideas.

Ya los veo forcejeando, negociando, clamando por su propia amnistía de la condena implícita, por lo menos al ostracismo y la vergüenza, a la que estarán sentenciados por consenso popular cuando comience el fin de la pesadilla. Máxime cuando afloren las historias que compondrán el “Nunca más” cubano, émulo aventajado de aquel escalofriante libro que salió en 1985, en Argentina, a la caída de la Junta Militar.

Porque no habrá un dónde meterse para aquellos que no tuvieron acceso a apropiarse de suficiente plata para un exilio dorado; aunque exilio necesariamente anónimo-forajido, temporal y perentorio en cualquier caso, para los que sí pudieron.
Estos últimos disfrutarán de una cierta ventaja relativa: las democracias latinoamericanas tienen, entre sus muchos defectos, la falta de precisión y exhaustividad en materia de control, incluido el migratorio.
Supongo que Corea del Norte o Irán están muy lejanos práctica y psicosocialmente de todo para ser factibles como exilio a un caribeño; por muy “revolucionario” ortodoxo que sea.

A los escépticos, pesimistas, descreídos, resignados y derrotados de siempre sólo les recuerdo que tarde o temprano eso tiene que suceder. ¿O no?. Sólo que yo lo espero –no sentado- bien pronto.
Si soñar no cuesta nada, creer sí vale mucho. Sobre todo cuando uno se dirige a lo que cree con decisión, flexibilidad e inteligencia funcional.

A los usufructuarios onerosos del régimen cubano: ¡Oído al tambor!

A los sufrientes que me acompañan sólo un recordatorio: ¡Delenda est Cartago!.


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