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Cuba y su Realidad Social 26-05-2017

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Un rescate que hizo historia

Oswaldo Yañez.

Continuando con la entrevista al Mayor hoy les ofrezco, a todos ustedes, la segunda entrega de la misma, más jugosa que la anterior si cabe todavía, en la que se analizan claramente los escenarios posibles y sus co

8. ¿Sería posible que una comisión de la nomenclatura del partido o algunos de los militares lideraran una transición democrática sin el apoyo del resto del ejercito?

Tu pregunta plantea dos hipótesis. Comenzaré por la del apoyo del ejército:

De hecho, desde hace ya muchos años el gobierno no goza del apoyo de la mayoría del ejército, que son los mandos de base, y posiblemente del 90% de los soldados porque son obligados a servir en contra de su voluntad, generalmente en condiciones miserables. ¿Cuántos jóvenes estarían dispuestos a ingresar a las Fuerzas Armadas si no fueran obligados por la ley? Cualquier encuesta entre los hombres cubanos nos revelaría que la mayoría recuerda sus años de Servicio Militar Obligatorio como los más odiados de sus vidas. Las estadísticas nunca se revelarán, pero el índice de suicidio entre los soldados cubanos fue siempre muy alto por esas razones. El soldado cubano se diferencia mucho del soldado en los ejércitos regulares de otros países. Mientras que en un ejército convencional el armamento personal del soldado está siempre con él como parte del entrenamiento que pretende convertirlo en un apéndice de su cuerpo, el soldado cubano sólo toca un fusil cuando está de guardia o cuando realiza una de las poquísimas prácticas de tiro que se organizan. En consecuencia, el 98% del armamento permanece almacenado todo el tiempo bajo estricto control. Ese armamento es contado de 3 a 6 veces al día durante cada relevo de la guardia que lo custodia, y cuando falta una simple pistola, toda la unidad militar queda encerrada hasta que aparezca. En contraste, las fuerzas del MININT y la CIM están armadas todo el tiempo, con sus pistolas a la cintura y sus fuciles al hombro, listas para disparar. Pero rara vez se ve a un oficial o a un soldado de las FAR armado. Esta simple diferencia que pasa desapercibida para muchos demuestra la naturaleza del enemigo al que teme el gobierno.

Las armas de las FAR y de las Milicias de Tropas Territoriales que existen para defender al país de la omnipresente invasión norteamericana permanecen almacenadas en polvorines. Pero la policía, la Seguridad del Estado y la CIM las tienen consigo todo el tiempo, listas para usar. Entonces, ¿a quién teme el gobierno? ¿A los Estados Unidos, o al pueblo? ¿Contra quien han tenido Fidel y Raúl las armas siempre listas? Es un detalle que el pueblo podría observar con más atención, porque desmiente por sí mismo el mito de la amenaza externa, y desnuda el temor del régimen hacia el pueblo que oprime.

En Suiza, por ejemplo, cada ciudadano es considerado un soldado para defender a su país de cualquier agresión. Pero cada ciudadano suizo tiene en su casa el armamento de combate, listo para utilizarlo ante cualquier ataque sorpresivo. En cambio Cuba, a pesar de lo que repita el Granma, nunca ha estado lista para defenderse de una invasión sorpresiva de los Estados Unidos. Pero eso al gobierno no le importa porque sabe que Cuba no está amenazada desde el exterior. Lo que preocupa al gobierno cubano, a quien teme la dictadura, es al pueblo. Y por eso, contra el pueblo, es que sólo las fuerzas represivas del MININT y la CIM están realmente armadas.

Por otra parte, la realidad es que los hombres de las FAR son los únicos que pueden poner fin al abuso del MININT. Son las armas de las FAR, en manos de sus hombres, las únicas con capacidad para acabar con toda la inmundicia que representan la Seguridad del Estado, la policía represiva y la CIM.

A pesar de lo que se diga en los discursos oficiales, y el lugar que Fidel y Raúl pretendan darle a las FAR en la Revolución. El verdadero soporte de su gobierno ha sido siempre el MININT con su Seguridad del Estado. A nada temen ellos más que al ejército armado. Por eso bien se ocupa la CIM, cuando hay un desfile militar en la Plaza, de revisar y asegurarse, una mil veces, de que no halla tan siquiera una bala disponible en ninguno de los fusiles, aviones y otros armamentos que desfilarán. Las únicas armas que puede haber en la Plaza con capacidad de disparar son las de la Seguridad y las de la CIM. Díganme entonces en quien confía la tiranía, y a quien teme.

Sin embargo, la oposición que existente en el ejército, como en el caso del pueblo, se trata tan sólo de un estado de ánimo que no ha podido traducirse en acción. Primero, por la razón de que las armas que no están al alcance de la mano, y segundo, por la constante vigilancia de la Contra Inteligencia Militar. ¿Qué oficial se arriesgaría a decir abiertamente lo que piensa, o a intentar organizar una oposición, cuando por reglamento la más mínima crítica a Fidel o a Raúl se paga con cárcel? A mi parecer es algo que en las condiciones presentes sólo puede ocurrir de manera espontánea y masiva.

Pero regresando a tu pregunta, supongo que estaríamos hablando de una oposición organizada por una porción considerable de militares contra las iniciativas aperturistas del gobierno. En ese caso te diría que no. Porque implicaría la aceptación de diferencias y divisiones dentro del ejército que son universalmente inadmisibles en de las instituciones armadas. De lo contrario estaríamos en los umbrales de un conflicto con el potencial de convertirse en guerra civil. La única oposición a iniciativas de cambios sería la del generalato corrupto, pero no encontraría seguidores entre los oficiales intermedios ni los soldados, por las razones que ya te decía. Entonces esos generales quedarían neutralizados y retirados.

Ahora, en cuanto a la otra hipótesis que plantea tu pregunta, la de una comisión del partido o de militares que liderara una transición, me resulta difícil de imaginarla sin Raúl Castro a la cabeza. Y pienso así porque la estructura de poder en Cuba está concebida de manera que él lo heredará en su totalidad. Y cualesquiera que sean sus intenciones, Raúl no va a repartir ese poder, aunque decidiera incluso iniciar una transición. Las insinuaciones que hizo recientemente sobre un gobierno colegiado son sólo palabras adecuadas para el momento adecuado. Creo que una vez enterrado Fidel, Raúl ejercerá el poder, por la opción que determine, sin tolerar oposición alguna desde adentro. Para él será una necesidad. En definitivas, tendrá todos los mecanismos de poder en sus manos y, ¿para qué correr el riesgo de entregar a sus súbditos las herramientas para que se le opongan, practiquen la división y compitan por el poder? Por el contrario, sabe que una vez soltado los diablos no podrá regresarlos a la jaula, y que si la discordia estalla en la cúpula, entonces perdería el control sobre el orden de la transición, y en consecuencia, perdería también el control sobre su seguridad personal y la de su familia.

Entonces, según tu pregunta, tendríamos el escenario de un Raúl Castro que, desde una postura autoritaria y con poder absoluto, decide deshacerse paulatinamente de los hombres que estorban a su alrededor, e iniciar una transición que él iría profundizando en la medida que va ganando el apoyo genuino del pueblo, y con ello, la seguridad para sí mismo. Es una alternativa que el pueblo de Cuba apoyaría mayoritariamente porque evita el caos.

Este es asunto que muchos líderes del exilio no comprenden, posiblemente por los años que llevan fuera de Cuba, y han perdido la noción del estado de cosas allí. La mayoría de los cubanos, incluyendo al exilio, quisiéramos una transición justa y democrática. Eso nos une, coincidiendo en los deseos de hacer justicia, que implica enjuiciar a los líderes presentes por sus crímenes. Pero esa justicia es sólo posible en caso de un levantamiento popular. ¿Y después, qué?

Hay un sector muy fuerte entre los líderes del exilio que exige elecciones libres en seis meses. Y cuando escucho eso, lo primero que me pregunto es: ¿Y quién va a contar los votos? Porque Cuba está sumida en un estado de destrucción y desgobierno tal que no puedo imaginar cómo podrían organizarse unas elecciones justas y transparente en tan poco tiempo. Porque para unas elecciones se necesitan orden y ley. Y en Cuba, como sabemos, las instituciones no tienen fundamento legal, sino que funcionan sobre un legajo absurdo de mandatos ideológicos impuestos por el partido único. Entonces, primero habría que cambiar las leyes, o al menos declarar inválida la presente constitución para que la de 1940 entre en vigor. Y luego hacer que las instituciones se rijan por la ley, y que los funcionarios aprendan los mecanismos legales en que debe funcionar el país. Eso no se logra en unos meses.

Pero habría retos aún más inmediatos que enfrentar una vez pasada la euforia por el gobierno depuesto y la justicia impartida. En La Habana, por ejemplo, la mayoría de los policías fueron importados desde Oriente porque el gobierno sabía que los locales se prestarían menos para el sucio trabajo de reprimir. ¿Qué pasaría con esos policías? No es difícil imaginar que abandonarían la ciudad inmediatamente, si es que quieren sus pellejos. ¿Y el orden público? ¿Qué ocurría con los cientos de miles de fusiles celosamente controlados en polvorines por todo el país hasta ese momento? Quedarán a merced del momento, y el pueblo se armará. Pero también se armarán los criminales que viven entre el pueblo. Y no es difícil imaginar las consecuencias que traerían todas esas armas en la calle, en medio del vacío dejado por las instituciones del orden desaparecidas.

Si pensamos con detenimiento en estas cosas, entonces nos damos cuenta que la transición que necesitamos debe ser ordenada, con tiempo para restablecer el reino de la ley, que nos traiga unas elecciones verdaderamente libres y transparentes. Donde los candidatos tengan las mismas oportunidades de dar a conocer sus programas, y los mecanismos que impiden el fraude estén firmes a infalibles.

Así que, regresando a tu pregunta, una transición liderada por una comisión del partido o por militares, si estuviera verdaderamente encaminada a la democracia, sería positiva. En cuanto a la posibilidad, existe, pero sólo Raúl Castro tiene la opción de llevarla a cabo. Y, aunque no quiero cerrar las puertas a ese hombre, dudo muchísimo que él tenga el coraje y el amor por Cuba como para iniciarla.

Por el contrario, me temo que sólo dará pequeñas libertades económicas para apaciguar al pueblo. Y si llegara a la estupidez de mantener las cosas como están, bueno… Este verano que se avecina los expertos lo prevén como el más caliente de la historia. También será el de mayor presión en la caldera social cubana. Y pudiera reventar.

9. ¿Está la nomenclatura militar tan ocupada en sus negocios que es incapaz de ver la realidad de los cubanos de a pie o acaso no les importa el pueblo en absoluto, hay algún negocio de el ejercito en particular que es desconocido y que le gustaría desvelar?

Claro que ven y dan la espalda a la realidad de los cubanos de a pie. Son corruptos y no les importa. Pero esa es la nomenclatura. No los confundamos con los hombres sencillos que sirven honorablemente, desinformados y acosados por el mito de la amenaza extrajera, en las unidades militares que están regadas por el país.

Lo que conozco de los negocios que realizan los generales de las FAR, lo he conocido aquí. Pero nada me sorprendería. El robo al pueblo es rampante.

Se puede hablar más alto, pero no más claro, ¿no les parece?
Todavía queda una última entrega, no se la pierdan.


Arbiter elegantiárum.
Arbitro de la elegancia.


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