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Cuba y su Realidad Social 26-04-2017

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‘Jineteras’ en el ‘Paraíso’

 

Amir Valle: ‘Jineteras’ en el ‘Paraíso’

Con su libro sobre la prostitución devela la ‘apacible’ imagen del turismo en la siempre amada isla de Cuba

Entrevistador: Manuel Gayol

Con un haber impresionante de más de 15 libros publicados, cursos, participaciones profesionales e importantes galardones literarios y de periodismo en Cuba y el extranjero, el escritor cubano Amir Valle (Guantánamo, 1967) se destaca no sólo por lo prolífico de su obra a una edad en la que muchos escritores reconocidos comienzan a dar los primeros pasos, sino principalmente por la calidad de sus textos en una variedad de géneros como el cuento, la novela, la crítica, el ensayo y su quehacer periodístico.

Es esto último, el periodismo, lo que ha marcado la obra literaria de este escritor; el interés y deseo por escarbar en las miserias sociales del mundo para transmitir su desacuerdo y rebeldía.

En realidad, Amir ha mostrado una irrefrenable inclinación por develar las entrañas de las más difíciles situaciones existenciales, apegado a una profunda solidaridad con el dolor y las desigualdades que sufren los seres humanos. Los marginales y, en específico, la mujer como objeto degradado son los personajes que están presentes en buena parte de su obra. En su interés se presenta una sed de indagación, en grado bien objetivo, que incide en su manera de investigar, imaginar y escribir la realidad circundante.

Cristiano convencido, este escritor inagotable aúna la fuerza de la fe con su talento literario, y con ello se convierte en un escalpelo incesante que hurga en el fenómeno de la prostitución para hacer surgir, de manera fehaciente y conmovedora, una buena parte de la pudrición que subyace en la siempre amada isla de Cuba.

La prostitución, según el oficialismo revolucionario, fue erradicada y prohibida en Cuba a partir del año 1959. Pero el flagelo resurgió y se desarrolló tan ampliamente que hoy en día una gran parte del turismo que va a la isla busca el disfrute del sexo.

De aquí su último libro titulado Jineteras, una investigación sociológica sobre las prostitutas en Cuba que le tomó alrededor de 10 años, publicada por la Editorial Planeta en febrero pasado, y que se puede considerar un libro de consulta por el rigor en las pesquisas y las descarnadas confesiones que saltan de los testimonios, historias y reportajes que contiene. “Éste es el gran libro sobre las jineteras”, dice la contraportada, “como llaman en Cuba a las mujeres que ejercen el más viejo de los oficios.

En esta ocasión, Amir Valle nos revela las variadas situaciones y entramados que se entrecruzaron en su texto y en su vida durante un proceso de años hasta llegar a la versión actual de este libro, que no tiene fin, porque los buenos libros nunca terminan de hacerse, sino que se rehacen girando con el mundo.

En estos momentos el escritor cubano se encuentra en Alemania, con su esposa Berta y Lior, su hijo menor, y todos aspiran a regresar a Cuba en el momento en que lo decidan, contradiciendo así las reglas del juego que siempre el gobierno cubano le ha impuesto a los cubanos que logran viajar al extranjero y pretenden seguir viviendo en la isla, el de salir autorizado por un límite de tiempo y con la posibilidad de regresar si la Administración comunista lo estima conveniente. Pero Amir, por su parte, está en contra de todo esto y con su actuación y su voz irreverente, siempre se ha definido como un hombre libre.

1.- Amir, para comenzar la entrevista, ¿podrías definir el término jinetera si es que éste tiene un origen histórico o netamente popular? Es decir, ¿por qué a las prostitutas en Cuba se les empezó a llamar así?

Amir Valle: Hay unas cuantas versiones sobre el surgimiento de este término, pero el más extendido, y creo que el más adecuado, responde a ese espíritu siempre bromista del cubano, a eso que Mañach llamaría “espíritu de choteo”, y además, aunque no lo parezca, demuestra el grado de cultura del pueblo cubano, porque es un término que se creó en el pueblo y luego se convirtió en vox populi. En tiempos de la colonia los mambises eran jinetes que cabalgaban contra el Ejército español para luchar por su libertad. En tiempos actuales, justo cuando surge el término, a principios de los años 90, el país que más enviaba turismo a Cuba era España y, en ciertos espacios intelectuales de la isla se hablaba, incluso, de una “segunda colonización”, debido, entre otras causas, a la proliferación de empresas españolas, hoteles regidos por españoles, convenios comerciales, etc.

Al ser los turistas, digamos, “más alcanzables”, por su presencia mayor y por la facilidad de hablar el mismo idioma (el segundo país emisor de turismo a Cuba era Canadá), comenzó a decirse que las prostitutas cubanas que pululaban en las calles de Cuba eran “amazonas”, “jinetas”, “jineteras” que cabalgaban contra el turista español, otra vez, como en el siglo XIX, para “luchar” por su libertad.

Así nació el término, y estoy casi seguro que por su sonoridad, porque sabemos que el cubano lleva la música en la sangre, se prefirió y se extendió la palabra “jinetera”, más sonora y hasta más original. Quiero señalar, también, y por eso lo entrecomillé antes, que fue precisamente por esos años cuando se hizo popular otro término que hoy es muy usado: “luchar”, no utilizado ya en su sentido de “combatir”, sino más cercano a “resolver”. Hoy el cubano no dice: “Tengo que buscarme la vida”; dice: “Tengo que luchar la vida”. Y ese, en apariencias sencillo cambio, visto desde la perspectiva del pensamiento social, significa algo muy duro: la vida en Cuba se ha convertido en una lucha cotidiana, lo cual nada tiene que ver con la panacea, con el paraíso que algunos insisten en ofrecer como imagen de la vida en la isla.

2.- En entrevistas anteriores has contado la manera tan singular en que un hombre del público, en uno de tus encuentros literarios, te habló de esa primera versión de tu investigación, porque había visto algo por Internet, y se refirió a ella como Habana-Babilonia. Tengo entendido que fue ahí cuando decidiste que tu trabajo se llamaría así: Habana-Babilonia. Sin embargo, el libro en su última versión por la Editorial Planeta salió con el título de “Jineteras”, en seco. ¿Me gustaría que explicaras un poco esta diferencia?

AV.: Yo envío el libro al Premio Casa de las Américas, en 1999, con el horroroso título de Sade nuestro que estás en los cielos ó Prostitutas en Cuba. Era el título original porque yo me decía que aquellas mujeres y todos los personajes vinculados a ese sucio negocio le estaban cantando una eterna canción al Marqués de Sade. He prometido no referirme a los detalles del asunto, pero obviamente le hicieron una jugarreta sucia al libro para que no se alzara con el premio, y lo marcaron. Y ya se sabe, si Ud. quiere que algo sea difundido, diga que está prohibido. Cuando yo fui a recoger las tres copias del libro, un mes después, me devolvieron solo una: las otras dos jamás aparecieron. No niego que me entró la paranoia, ese bicho que los cubanos tendremos que arrancarnos algún día, porque me dije: “La Seguridad del Estado debe estar leyendo el libro”. Y quizás lo haya leído, y hasta imagino, con fruición, no lo niego, que se hayan pasado el libro mano a mano, disfrutándolo. Pero lo único que me consta es que una de esas copias fue fotocopiada y empezó a circular por la isla, de modo clandestino, en una enciclopedia digital que alguien preparó, con la mayoría de los libros prohibidos en la isla. Lo que sucede es que en esa enciclopedia de libros prohibidos yo era el único autor que seguía viviendo en Cuba. Y el que pirateó el libro tuvo la indecencia de colocar, incluso, la página final donde uno pone todos sus datos, siempre que manda una obra a un concurso.

Me cayó “un 20 de Mayo”: mensajes electrónicos, cartas, llamadas a cualquier hora, y hasta visitas para saber si era verdad que yo estaba en Cuba porque, me decían algunos, “solamente a un loco o a un suicida se le ocurre escribir algo así y quedarse”. Fue, realmente, hermoso. En menos de un año recibí más de dos mil mensajes de personas que habían leído el libro por aquella vía y me agradecían su escritura. Hoy, pues todavía sigue leyéndose del mismo modo, ahora alentado por todas las prohibiciones oficiales que sobre el libro se han hecho, conservo más de seis mil mensajes. De modo que si aparece el pirata que copió el libro sin mi permiso y lo hizo circular en versión digital, tendré que agradecerle que lo haya hecho, pues hoy mis lectores son decenas de miles, sin exagerar, dentro de la isla. Y lo he dicho en otras entrevistas: a esos funcionarios estúpidos que lanzaron la censura sobre Habana-Babilonia, tengo que agradecerles que me hayan convertido en uno de los autores más perseguidos por los lectores de la isla, cuando antes era conocido, pero sólo en el entorno literario.

Gracias a esa circulación alucinante y gracias a mi hermano Guillermo Vidal se produjo el cambio del nombre. Ya, por decir las cosas que decía, y por escribir lo que escribía, el ministro de Cultura había “aconsejado” a los directores provinciales eliminar mi nombre y el nombre de Antonio José Ponte de todos los listados, los eventos, las publicaciones del país. Pero en Las Tunas vivió uno de los más grandes intelectuales que ha tenido la isla en la segunda mitad del siglo XX: el narrador Guillermo Vidal, un hombre poseedor, además, de una integridad descomunal. Y Guillermo, a quien me unía una hermosa hermandad, llegó a decir que si no se me invitaba a presentar el libro con el que yo había ganado un premio convocado por una institución de Las Tunas, sencillamente él no asistiría a la feria y si tenía que hacer una feria alternativa en su casa, para que yo asistiera, la haría.

Finalmente, me ratificaron la invitación y allí sucedió eso que cuentas: el hombre se levanta, me pide que lea fragmentos de Habana- Babilonia y yo me digo: “Carajo, me ha confundido con otro”, se lo hago saber y el hombre insiste: “¿Pero usted es Amir Valle?”, y cuando le digo que sí, el hombre me dice que era mi obra, que se llamaba Habana-Babilonia, me contó dos historias del libro y se puso a elogiar la parte ensayística. La verdad es que aquel título me pareció tan genial que decidí quitarle el anterior.

Lo del cambio a Jineteras ya fue un proceso editorial, y me alegro que me lo preguntes porque es algo delicado. A Planeta no le gustó mi título por razones comerciales, que comprendo, pero yo había leído una novela sobre el tema, escrita por la periodista Lissette Bustamante, y publicada en España con el título Jineteras y soy muy respetuoso con eso de los derechos de autor. Mi agente literario y yo se lo hicimos saber a Planeta, pero parece que ellos tenían alguna cobertura legal que les permitió insistir y publicar mi libro como Jineteras. Debo decir que tenían razón: el libro, con ese título, ha vendido muy bien y ha tenido buen impacto.

3.- ¿Por qué y cómo surgió en ti la idea de escribir un testimonio de estas características y envergadura, sabiendo incluso el riesgo que correrías no sólo por tener que indagar durante mucho tiempo en ese bajo mundo de la prostitución y la corrupción, sino también por los obstáculos que podrían surgir de las propias estructuras del Gobierno? ¿Cuál fue la idea germinal?

AV: Soy un periodista frustrado. Es una de las deudas que la Revolución tendrá que pagarme alguna vez. Elegí estudiar la carrera porque uno de mis modelos de ese tiempo, Hemingway, elogiaba la necesidad de ejercer el periodismo para consolidar el oficio de la escritura, y ya mi sueño era llegar a ser un gran escritor. Luego le cogí amor al periodismo y empecé a soñar con hacer el “gran reportaje”. Cuando me gradué tuve suerte, me mandaron a cumplir el servicio social en Cienfuegos [ciudad cubana al centro de la isla] y allí me pusieron a cubrir lo que, por esa época, eran las únicas “obras de choque de la Juventud”, las más importantes del país: la construcción de la Central Electronuclear de Juraguá y de la Refinería de Cienfuegos.

Asistí, como testigo de primera fila, al desastre constructivo, a las mentiras y a la manipulación informativa en torno a esas dos obras, fui censurado por querer decir la verdad, tuve problemas y encuentros desagradables con el poder que hoy no quiero recordar. Y el día que un funcionario del Partido Comunista me dijo: “No puedes olvidar que a ti te formamos nosotros, y que los periodistas cubanos deben ser los portavoces ideológicos del Partido”, tuve bien claras cuáles eran las reglas del juego si quería seguir como periodista.

El pago por mi silencio sobre lo que supe de cómo se encaró políticamente esas dos “obras de choque” fue enviarme a trabajar a la Corporación Cubanacán, un lugar envidiado y anhelado por muchos. Allí terminé de abrir los ojos. Eran tiempos en que no había desarrollo turístico y solamente existía Cubanacán y el Intur, que no tenía tanta fuerza. Y en esos lugares se concentró la naciente “nueva burguesía”, que estaba integrada, salvo raras excepciones, por familiares de dirigentes revolucionarios, militares y demás.

Allí tuve mi primer gran choque con la prostitución cuando vi que algunas de las lindísimas modelos con las que trabajábamos para hacer la publicidad (muchachas de entre 18 y 25 años) eran pleiteadas y compradas por los jefes de las divisiones de Cubanacán, y algunas más “avispadas” se prestaban para “atender oficialmente” a los empresarios que venían a Cuba para hacer negocios. Muchas de ellas eran mis amigas y luego me contaban cosas.

Así empecé a tener interés en contar aquello, escribir una novela sobre el tema. Y buscando información descubrí que aquel quizás sería ese “gran reportaje” que siempre soñé escribir. La coincidencia de que Cubanacán decidiera mandarme a un curso de superación a México, que me encontrara en el mismo aeropuerto con una amiga de la Vocacional [escuela especializada en diferentes carreras y profesiones] donde estudié, y que esa amiga fuera una de las prostitutas más renombradas de La Habana, hizo lo demás y permitió la mayoría de los contactos que utilicé luego para bajar hasta este submundo y llegar donde otros no llegaron antes.

Recuerdo que, a fines de 1998, cuando terminaba de escribir el libro luego de varios años de recopilar información, mi amigo Pablo Vargas (quien fue la única persona que leyó pedazos enteros del libro en ese momento) me dijo que era una bomba, que si yo estaba loco. Pablo siempre ha sido así conmigo, como un padre, y aunque intentó prevenirme de lo que vendría, hice lo que casi siempre hacen los hijos con los padres: sonreír y no hacer caso.

Seguí escribiendo, sin miedo, jamás he sentido miedo al escribir algo. Y creo que esa falta de miedo se debe a que hubo algo de ingenuo en la escritura del libro: yo quería llamar la atención, honestamente, creyendo que podría resolverse el asunto si se hacía conocido, entendiendo que la enfermedad que no se conoce, no puede curarse. No pretendí criticar nada, simplemente llamar la atención sobre un fenómeno que me parecía preocupante y del cual, en esos años, nadie hablaba.

Los problemas más graves los tuve con algunos elementos de ese mundo, pues a pesar de mis contactos, a pesar del apoyo que recibí de muchos amigos que vivían de ese negocio, y a pesar de mis cuidados para no ofender y perturbar la tranquilidad de nadie, hubo altercados violentos de los cuales no salí muy bien parado. Las violaciones de todos mis derechos como ciudadano, que se impusieron a partir de la censura invisible que se decretó sobre el libro, fueron algo posterior a su escritura.

4.- ¿Es cierto que el fenómeno de la prostitución en Cuba obedece a que el gobierno se “hace de la vista gorda”, como se ha llegado a decir, para dejar el camino abierto a un determinado turista que va buscando sexo, y así “romper el embargo”?

AV.: Creo que esa fue una de las barrabasadas cometidas que en mi libro llamo “ceguera oficial”, pero sólo una. Yo mismo fui testigo, en 1992, de una gira que hicimos en Cubanacán con cierto empresario español que venía acompañado de un famoso jefe de Seguridad de una zona turística de mucho renombre en España. Ese jefe de Seguridad nos contó personalmente, estando en un yate, en un cayo virgen cercano a Santa Lucía, que uno de los objetivos de su viaje era asesorar a los jefes de seguridad de las instalaciones de Cubanacán en cómo aprovechar a las prostitutas de modo que, en vez de convertirse en una carga, sirvieran para que el turista gastara más dinero dentro de la instalación.

También recuerdo que los directivos incitaban el uso de “la sensualidad” de nuestras mujeres para garantizar un mayor impacto publicitario y no se me olvida que eso comenzó a hacerse de modo tan abierto que la propia Vilma Espín tuvo que intervenir por “la imagen denigrante de prostituta que se le está dando a la mujer cubana en el exterior”. Ese conflicto nos lo explicó Abraham Maciques, por entonces el presidente de Cubanacán, en una reunión convocada para “ablandar la imagen” de la mujer en nuestra publicidad.

Recuerdo también a cierto funcionario de mucho poder, que luego sería ministro de Turismo, criticando nuestro trabajo porque habíamos puesto una muchacha blanca en un anuncio publicitario. El hombre dijo: “Tiene que ser una negra, bien sabrosa y con un c… de elefante. Ese cartel va dirigido a España y a los ‘gallegos’ les gustan las negras”. Nadie va a convencerme, entonces, de que esos fueron deslices, de que no había detrás de todo una estrategia para atraer al turismo, a costa de lo que fuera.

Luego pude entrevistar a personas que me dieron las pruebas de que, efectivamente, se utilizó la prostitución para atraer el turismo, aunque fuera de modo oportunista encubierto en estas campañas. Otros entrevistados me dijeron que era un problema menor y hasta un funcionario, con un descaro total, me dijo que “Cuba tiene otros problemas más graves que resolver que le impiden dedicarse a ponerle cinturón de castidad a cuanta jinetera hay por ahí”.

Todavía continúa esa ceguera: ahora dicen que ha disminuido, llevan casi cinco años diciéndolo, y resulta que ahora el fenómeno es más dañino, pues antes las prostitutas estaban en las avenidas, en las zonas turísticas adonde el cubano de a pie no podía llegar, pero ahora, como las han reprimido allá, se han trasladado a los barrios y operan desde allí, convirtiéndose en una figura más de la fauna social que abunda en la marginalidad cubana con la que cohabita, día a día, el pueblo cubano. La jinetera no es despreciada ya, como en épocas anteriores se despreciaba a las prostitutas; ahora son figuras de éxito en una sociedad depauperada social, moral y económicamente. Y por desgracia hoy no se les cuestiona nada porque ellas, también, están luchando su vida, a su modo.

Y aunque algunos parecen olvidarlo, quiero precisar que el gran culpable de esa ceguera es el propio Fidel Castro. En Cuba, bien lo sabemos, todo lo que él condena se hace condenable, y por eso, en aquel discurso en el que él reconoció que en Cuba había prostitutas, pero que eran las prostitutas “más sanas y preparadas del mundo”, se le dio luz verde al pensamiento conformista y se extendió como concepto la permisibilidad; es decir, había que preocuparse, pero no tanto, porque si “el Jefe” lo tomaba tan a la ligera, ¿para qué preocuparse de más?

5.- La perspectiva oficial es que no existen drogas en Cuba, o que al menos el Gobierno no las permite, de aquí que grandes cantidades no pudieran entrar en una isla cerrada, vigilada fuertemente, ¿cómo es posible entonces que las drogas pululen en todo el país y sea un elemento inseparable, digamos, del jineterismo? ¿Te importa, por favor, ahondar un poco en este tema?

AV.: El primer intento de desmentido contra Habana-Babilonia-Jineteras fue ese: en Cuba no había drogas. Un editor al cual le presenté el libro, un viceministro que me dijo acercarse a mí “como un asunto personal” (técnica de presión muy utilizada por el gobierno hacia la intelectualidad), y un periodista de esos que hoy salen en la mesa redonda en Cuba, se atrevieron a decir que yo mentía. Apenas un año después, en primera plana del Granma, se reconocía oficialmente que el fenómeno se les había ido de las manos y que a Cuba habían entrado en esos años cantidades asombrosas de droga, algunas de las cuales pudieron ser detectadas y decomisadas.

Yo podría hacer otro libro sobre ese tema, y tendría que responder muchas preguntas que todavía no he podido responderme. Por ejemplo: viví hasta el 2005 en la calle Perseverancia de Centro Habana, una calle que sólo tiene cuatro cuadras. Es la misma cuadra donde vive mi querido amigo, el escritor Pedro Juan Gutiérrez. Y no lo menciono por gusto. La pregunta sería: ¿por qué dos escritores de dos generaciones distintas, con dos formaciones intelectuales distintas, dan fe en sus libros de la existencia de la droga, la prostitución, el mercado negro?

Recuerdo que en una “recogida policial” contra el mercado de la droga, solamente en una cuadra de mi calle se encontraron dos casas de fabricación de droga y se recogió medio centenar de vendedores. Eso es público, lo vio la gente. Y los que fueron presos eran mis vecinos. La pregunta que me hice entonces fue ésta: ¿por qué no se detuvo a quienes todos conocíamos como jefes de las bandas de la droga en aquel barrio? De los cinco que conocíamos solamente uno sigue preso.

Lo que me consta es que esos jefes, casualmente, eran informantes de la policía, y ya se sabe bien a quién responde la policía en Cuba. Es una cadena de corrupción que va desde la base hasta esos cielos donde están los grandes personajes de la política cubana. Yo mismo, estando en Cubanacán, fui amigo de algunos “hijitos de Papá” que se burlaban de mí cuando yo mencionaba que en mis barrios la marihuana era más popular que los cigarros Populares.

“Eso es prehistoria”, me decían. Y gracias a mi noviazgo de varios meses con la hija de un general cuyo nombre siempre apareció vinculado a la creación de la empresa turística Gaviota S.A, tuve mi primer “vuele” con lo que ella llamó “cocaína directo de la mata”. Nunca supe cuál era la mata, pero me vi frente a otro de esos nubarrones que uno siente que alguna vez, alguien, le debe despejar, cuando ella me confesó que se la robaba a su padre. Hoy esa “hijita de Papá” tiene su propio negocio en un país de Europa.

¿Mi opinión?: ellos juegan con este tema, igual que han jugado con todo, en función de la política; cuando les conviene, lo aprovechan y lo permiten, y cuando no, lo combaten, porque me queda claro que tienen toda la infraestructura para poner un freno al fenómeno, incluso en el ámbito regional.

6.- Amir, en la página 47 de tu libro, preguntas a uno de tus entrevistados: ¿por qué él cree que siempre se piensa que los chulos son negros? Y de aquí se desprende otra pregunta: ¿crees tú que ciertamente ha existido racismo en Cuba durante estos años de revolución, que incluso sea considerado un gran tema y merezca un estudio significativo como éste, de Jineteras?

AV.: Creo que esa es una de las asignaturas pendientes de la Revolución. Recuerdo que hace unos años, en el último Congreso de la Unión de Escritores, luego de que un grupo de artistas negros demostraran, con ejemplos bien palpables, la existencia de conceptos discriminatorios dentro de varias instituciones del esquema de propaganda ideológica del país (TV, radio, cine, básicamente), el propio Fidel reconoció que el racismo era un gran problema a resolver y que el error de la Revolución había sido creer que se eliminaría simplemente al establecer como ley la supresión de la discriminación racial.

Lo que me sorprende es que un hombre como él, supuestamente un genio de la estrategia social, haya pensado que un fenómeno del pensamiento social y el comportamiento social de tanta complejidad como el del racismo, se eliminaba así, con ponerlo en una ley. O fue una ingenuidad o fue cinismo. Y creo más en esta última variante cuando veo que el discurso político ha utilizado con muchísima frecuencia las pocas ventajas que se le ha dado a la población negra para fomentar el odio contra quienes quieren un cambio en el país, para convertir en “enemigos de raza” a los enemigos del actual proyecto cubano de Revolución.

Un simple estudio de la estructura de real poder político en la isla echa por tierra cualquier tesis sobre la igualdad del negro y la mujer en Cuba. Ese, como escritor, ha sido uno de mis temas preferidos: la marginalización del negro cubano dentro del proceso revolucionario, y fue uno de los motivos que se me dieron para impedir la publicación en Cuba de mi novela Las puertas de la noche.

7.- En Cuba, por parte de la población, se ha justificado siempre la corrupción, como necesidad imprescindible de supervivencia. Pero esto lo maneja el Estado como un gran problema político que le ha creado el embargo o bloqueo. Viéndolo más allá, ¿piensas que la “supervivencia” justifica realmente el grado de corrupción y la forma de ver la vida del cubano de hoy? ¿La prostitución de todo tipo, la bolsa negra, la indolencia ante los demás y el consumismo, entre tantas cosas, son realmente necesarios para sobrevivir en la isla?

AV.: Lo que más me preocupa de la situación social en Cuba hoy no es su aspecto económico, sino los cambios profundos ocurridos en la conciencia social. El desastre económico que es hoy Cuba podrá solucionarse, confío, con más rapidez de la que muchos piensan. Pero para recuperar los valores morales que se han perdido pasarán muchos años. He visto cómo, 15 años después de la caída del muro de Berlín, esos traumas de la conciencia social sobreviven en la población alemana que vivió en la antigua RDA en tiempos del comunismo.

Y el cambio más terrible es ese: la creencia de que no se es corrupto cuando uno se ve obligado a delinquir para poder comer, para poder sobrevivir en una sociedad podrida. Yo lo he llamado “marginalización de la sociedad” y he dicho que el cubano hoy es un ser marginal y que la sociedad es marginal.

Es tan lamentable la pérdida moral que significa que alguien te diga que compra en el mercado negro la comida necesaria para mal alimentarse una buena parte del mes, como es lamentable y bochornoso la amoralidad que significa que los gobernantes le echen toda la culpa de esa situación al bloqueo (que existe, nadie puede negarlo) y no a su falta de gestión y a la negativa de fomentar facilidades para que la industria nacional y la iniciativa privada ayuden a paliar la crisis.

Pero no se puede olvidar algo: en Cuba todo está preparado para que el control del país, hasta en sus movimientos mínimos, quede en manos de Fidel Castro y su grupo de poder. Si quieres sobrevivir utilizando las estructuras creadas por el gobierno, debes acatar sus leyes y aún así tienes que “luchar” la vida. Y es simple, o luchas tu vida en los ámbitos de la ilegalidad, de la doble moral, de la corrupción social, o sencillamente te mueres. No justifico nada, pero la corrupción social que hoy existe en Cuba, a todos los niveles, es una prueba de esa teoría biológica que explica cómo el ser vivo lucha, bajo cualquier condición, por la conservación de la especie.

8.- ¿Crees que el jineterismo (con todo lo que conlleva: drogas, alcohol, asesinatos, extorsión, soledad, desamparo, desamor, etc.), sea producto de un rompimiento o división de la familia, como célula social, y también a la falta de una moral y cívica desde las mejores tradiciones cubanas y universales; por ejemplo, te menciono como causa de rompimiento familiar y falta de orientación de valores las escuelas en y al campo, las becas en Cuba y en el extranjero, el “amor libre”, etc.?

AV.: Todo forma parte de esos cambios en la conciencia social de los que te hablaba antes. Y fíjate que todo parece estar englobado en un mal más amplio: la doble moral, y te aclaro que, aunque se manifiesta en algunas otras sociedades, la doble moral es una regularidad como fenómeno social extensivo en todas las sociedades totalitarias. Resulta lógico: te ves obligado a vivir en una sociedad que te impone leyes que no compartes pero que debes obedecer; si te enfrentas, te aniquilan social o físicamente, y entonces te ves lanzado de cabeza a fingir que acatas las leyes porque crees en ella. Pienso que la doble moral, de algún modo, es también una forma de rebeldía: es la única libertad que tienes, la libertad de manifestarte en contra de lo que se te ha impuesto, aun cuando sea a la sombra de tu vida íntima, en secreto.

El jineterismo (y otros males de la Cuba actual), efectivamente, encuentran su caldo de cultivo en el rompimiento de la familia como célula social, en la pérdida de esa moral y esa cívica que caracterizaba a la sociedad cubana antes de la Revolución del 59, pero también en el impacto que en materia de pensamiento y conciencia social significó la implementación de una sociedad totalitaria con todo lo que esa sociedad trae de populismo, ateísmo y fascismo.

Y, es obvio, tampoco hay que olvidar el impacto de la depauperación económica. Todo eso puede responderse con otra pregunta: ¿dónde está hoy la sociedad civil en Cuba? Por suerte, recuperar esa sociedad civil puede ser un proceso muy rápido, una vez ocurrido el necesario cambio en la isla; pero por desgracia, los resultados del funcionamiento de esa sociedad civil dentro de la conciencia social del pueblo cubano será un proceso mucho más largo.

9.- ¿Realmente en Cuba existe ese flagelo de la prostitución infantil? ¿Por qué unos cuantos de tus entrevistados no quisieron tocar fondo en este tema? ¿Es demasiado el riesgo y el horror que se corre en ello?

AV.: Siempre que toco este tema empiezo por hacer una pregunta: ¿a qué edad se es mayor según la norma internacional? La respuesta: a los 18. Cuba ha querido negar siempre la prostitución infantil y, sin embargo, de las 12 mil jineteras que fueron capturadas en la operación de 1995, se dijo que más de un 20% eran menores de 18 años. Estadísticamente eso quiere decir que 2,400 de aquellas jineteras eran menores de edad.

Entonces, ¿hay o no hay prostitución infantil? En mis estudios, en los cuales también hice un fuerte trabajo con la estadística, obtuve un resultado preocupante: en 1997 el promedio de edad de las jineteras oscilaba sobre los 24 años; ya en el 2001 en otro estudio realizado por una investigadora de la Iglesia Bautista de Cuba (del ala oficialista de esta Iglesia) el promedio había descendido a los 17 años, con mayor incidencia en muchachas y muchachos estudiantes de 11 y 12 grados.

Hay prostitución infantil visto desde esa perspectiva, y lamentablemente, algunos cerebros enfermos propician la prostitución infantil de niños, aunque en mucha menor escala. Las causas del silencio de mis entrevistados está en tres caminos: el primero, creo es el esencial: quienes se atreven en Cuba a ese asqueante negocio son delincuentes sin ningún tipo de escrúpulos, gente muy temida dentro de la marginalidad porque son capaces, incluso, de matar y tienen el poder y los contactos suficientes, en el mundo de la marginalidad, para hacerlo sin consecuencias legales; el segundo, negarlo es estúpido, es la existencia de un código penal muy fuerte para ese tipo de delitos; y el tercero tiene que ver con la sensibilidad social: para el cubano, por suerte, un niño sigue siendo algo para amar, para cuidar, para venerar incluso, y hasta dentro del mundo de los delincuentes es mal visto el uso de niños para los delitos y existen leyes no escritas en la marginalidad que los protegen, que los mantienen al margen hasta que tienen uso de conciencia y pueden decidir por sí mismos.

10.- ¿Cómo se puede explicar que la corrupción, y en particular, la prostitución, no haya hecho mella en la inteligencia y la sensibilidad de unos cuantos reconocidos intelectuales cubanos, todavía dentro de la isla desde hace muchos años, y que no hayan tomado una postura decorosa, para denunciar las causas verdaderas de este fenómeno?

AV.: Para ser honesto, debo decir que la mayoría de los intelectuales cubanos se han hecho eco y han manifestado su preocupación ante esos problemas, ante la pérdida de valores, ante los cambios que se estaban produciendo en la conciencia social del cubano. He sido testigo de ello. Y es asunto bastante común en las conversaciones privadas y públicas en el escenario cultural cubano. Pero hasta para eso el gobierno tiene una solución: las instituciones y las entidades creadas para “atender” esas quejas, se convierten en bunkers cerrados de los cuales sale a la luz, exclusivamente, lo que conviene, lo que no afecta a la política oficial, y no en cualquier momento, sino cuando el Gobierno estima que es conveniente.

Por eso ese pensamiento intelectual sobre esos fenómenos se ha quedado en la nada, en la invisibilidad. Sería injusto no mencionar, dentro de ese movimiento del pensamiento social cubano de hoy, los espacios ganados por (o cedidos a) las revistas Temas y Criterios, en las que se ha publicado mucho de lo mejor que sobre estos asuntos (la corrupción, el racismo, la discriminación, la marginalidad, etc.) se ha escrito en la isla. Pero sucede lo mismo: las revistas se agotan el mismo día, no circulan más, y lo fundamental: no salen del país, pues ofrecerían una pésima imagen. Es un mecanismo de censura muy útil: se le da la ilusión al intelectual de que es escuchado y es publicado, pero se invisibiliza su criterio hasta que desparece.

Lo único que sí creo puede criticárseles es que no hayan logrado rebasar esas barreras, unos porque creen que ya han hecho lo suficiente diciéndolo al gobierno y se sientan a esperar con paciencia milenaria, otros por miedo a la represión, otros porque creen que utilizar otros escenarios es “prestarse a manipulaciones del enemigo”, y así por el estilo. Yo escribo de esos males, no para criticar; escribo de eso porque vivo en esos barrios y sufro esas cosas, y como soy un escritor realista no puedo escribir de otro modo. Y en los últimos años, cuando a través de mi obra me he abierto espacios en los medios de prensa, tanto de Cuba como del exterior, he empezado a buscarle una explicación a por qué mis libros pueden ser considerados “críticos”; he empezado a buscar una relación entre el pensamiento existente en esos libros y mi propio pensamiento. Pero creo que la intelectualidad cubana, por cobardía, conveniencia o fidelidad a la Revolución, ha perdido su protagonismo como generador y motor del pensamiento social de la isla.

11.- ¿A qué atribuyes la degeneración que ha habido en Cuba desde hace tantos años: a la autocracia de Fidel Castro, al grupo de sus colaboradores, a esa generación que tomó el poder en el año 1959, a la presencia histórica de Estados Unidos (en su relación de amor y odio con la isla) o al miedo, el choteo y la indolencia de un pueblo consigo mismo? ¿Estás de acuerdo de que si se diera la transición, un cambio sustancial, Cuba volvería a la democracia real algún día? ¿Cómo ves este cambio, cercano o será otro proceso también dramático y penoso para el pueblo?

AV.: Cada una de esas preguntas merecería un ensayo bien enjundioso, de modo que intentaré sintetizar: en mis estudios sobre la personalidad de Fidel Castro (cuyo resultado es la novela Las palabras y los muertos, que publicará Planeta en el 2007), he llegado a la conclusión de que el gran mérito de su vida es haber logrado lo que se propuso: ser alguien que removió la historia del siglo XX. Es el mérito que nadie podrá quitarle. Es el ser más camaleónico que existió en ese siglo, un hombre sin más credo que el del poder: cuando tuvo que ser matón fue matón; cuando tuvo que enfrentarse al sistema que creó a los matones se hizo líder de la oposición estudiantil; cuando tuvo que ser ateo abandonó hasta el recuerdo de su formación religiosa; cuando ser comunista era una peste, dijo no haber creído jamás en el comunismo y cuando ser comunista le garantizó el mantenimiento del poder bajo la égida soviética, dijo que siempre había sido comunista.

En ese sentido, su hermano Raúl ha sido más consecuente. De Raúl siempre se supo qué esperar, pero de Fidel jamás. Incluso un hombre muy cercano a él en los primeros tiempos, tomando café en mi casa de La Habana, me dijo que la decisión de aliarse a la URSS no había sido forzada por Estados Unidos como muchos pensaban. A él y a otros más el propio Fidel les dijo: “Puestos a escoger entre dos imperialismos, el norteamericano y el ruso, es más inteligente elegir el que queda más lejos”. Luego, si analizas la concentración del poder que tuvo en sus manos hasta hace unos meses, es infantil e ingenuo exculparlo.

Como es ingenuo exculpar a Estados Unidos y a todas sus presidencias, que no han logrado establecer una política inteligente en relación con Cuba y han propiciado la permanencia de Fidel en el poder. Como, a pesar de estar amordazado, controlado y desinformado totalmente, tampoco se puede exculpar al pueblo cubano por su inopia y su mansedumbre medrosa, que a pesar de su inconformidad mayoritaria con la situación no ha logrado sacar fuerzas para sacudirse del yugo de Fidel y el totalitarismo.

El que Cuba llegue a ser una democracia real alguna vez dependerá de los políticos. El cubano hoy es un animal apolítico porque ninguno de los políticos que ha conocido les ha resuelto sus problemas. Y el cubano no acaba de reconocer que la culpa es de él mismo, que siempre esperó por la llegada de un Mesías, de un caudillo, en vez de confiar en las instituciones democráticas más que en el hombre, que siempre es imperfecto. El cubano está herido de política. En ambas orillas. Y por eso hacer política resultará difícil, especialmente luego de que los cubanos hayamos visto cómo en ambas orillas se lucra a costa de nuestro sufrimiento. Hará falta una cuota de honestidad y de transparencia aplastante, y paciencia, mucha paciencia. Y sí, creo que Cuba volverá a ser una nación democrática, donde funcione la democracia, aunque en lo personal piense también que el cubano es más cercano a la anarquía que a la democracia.

Ese cambio, por desgracia, será penoso y largo. Ha sucedido así en todas las naciones que salieron de sistemas totalitarios: España ahora es que está saliendo del bache en el cual la hundió Franco; los países del ex campo socialista no acaban de alzar cabeza; la propia Rusia sigue empantanada con tantos problemas sociales como tuvo durante el socialismo, con la diferencia de que ahora el mundo puede conocerlos. Deberán pasar años porque el país ha tocado tan a fondo en sus aspectos sociales, económicos y morales que hará falta hacer mucho. Lamentablemente, no lo veo cercano: lo que está sucediendo en Cuba apunta a un reacomodo del sistema y de sus personajes de poder, no a su desaparición.

12.- Es conocido que eres creyente, y que sostienes una fuerte fe en Cristo, por lo que debes estar al corriente de las relaciones entre las religiones y el gobierno. De este tema me surgen varias preguntas, por ejemplo: ¿en qué medida la Iglesia Católica y las demás religiones cristianas (protestantes), así como las manifestaciones de la santería, están conscientes y tratan de combatir este trasfondo de pudrición y corrupción generalizada en Cuba? ¿Cómo es que estos sectores espirituales luchan contra la institucionalización que hace el gobierno del materialismo, del aborto y de cómo se enfrentan al “apartheid” que sufren los cubanos? ¿Es cierto que hay extranjeros que van a la isla a iniciarse en la santería y pagan en dólares?

AV.: Creo que todas las iglesias en Cuba se han dedicado, honestamente, a combatir esos fenómenos dentro de la hermandad cristiana por algo obvio: todos los males sociales que hoy afectan la isla van contra la moral cristiana, están enfrentados a la verdadera razón de vida de alguien que ha conocido el amor de Jesucristo. Algunas Iglesias se han atrevido a pronunciarse contra esos males y han llamado a los culpables por sus nombres, pero ya hablamos de eso en otra pregunta: el Gobierno invisibiliza esas críticas, de modo que su efecto se queda exclusivamente en el marco de los que seguimos a Dios.

Las Iglesias en Cuba no tienen ninguna voz, ninguna presencia, en los medios oficiales. Y excepto algunas tímidas revistas de escasísimo alcance, todo su accionar queda dentro de las mismas Iglesias. Y el Gobierno cubano, lo ha demostrado, no le hace caso a ninguna de sus críticas. Por suerte, la membresía crece y ese influjo de rescate de la moral, de la necesidad del civismo, va siendo escuchado por más cubanos. Es una forma de frenar, al menos un poco, el vaciado de cerebro que ha hecho el Gobierno cubano mediante la politización de la sociedad.

Me da mucha gracia cuando algunos ilusos piensan que el Gobierno ha priorizado a la religión afrocubana por encima de la Iglesia tradicional en Cuba: la católica y la protestante. No se han dado cuenta de que todo responde a una estructura de poder: la santería no está organizada internacionalmente, no cuenta con los medios de propaganda que sí tiene la Iglesia Católica. Al Papa se le escucha en todos lados (y hasta se le hace caso); los líderes internacionales de la Iglesia Protestante tienen influencias fuertes en muchos partidos políticos y naciones donde predomina ese credo; al jefe de la religión yoruba (no me sé su nombre) sencillamente nadie lo menciona, no existe. Fidel Castro no le da poder a la Iglesia cubana (sea cual sea su denominación) porque sabe que históricamente ha tenido en el pensamiento social un poder que los gobiernos mismos no han tenido, y se sabe que él no está dispuesto a perder terreno de modo tan inocente.
Sobre tu última pregunta: es cierto, incluso se ha convertido en un negocio turístico que los extranjeros vayan a Cuba, se “hagan santo” y paguen en dólares por ello. Hace poco leí en una entrevista, en la revista Consenso, a un babalao cubano reconocer que se estaba imponiendo la corrupción dentro de quienes oficiaban en esos cultos de origen africano.

13.- ¿Cómo pudiera explicarse que el Gobierno cubano, cuando lo ha entendido necesario, ha penetrado y controlado las distintas manifestaciones activas de la oposición que han existido históricamente en la isla, y en lo que se refiere a la corrupción, las drogas y las jineteras no haya podido lograr lo mismo, permitiendo que se convirtieran en un fenómeno proliferado y sistemático?

AV.: Quizás se deba a lo que te comentaba en una pregunta: hay cosas priorizadas dentro de la batalla política de la Revolución, y ellos saben bien que las prostitutas no tumban un gobierno, o al menos hasta este momento de la historia no ha sucedido, que yo sepa. Jamás voy a olvidar un hecho real, sucedido allá en Santiago cuando yo estudiaba en la Vocacional. Se despertó una pequeña ola de terror porque una banda de delincuentes que se hacían llamar “Los diez negritos” secuestraban niñas y niños de las escuelas primarias, las violaban, y al menos uno de ellos había muerto porque le cosieron la boca para que no pudiera llorar. Durante meses Santiago estuvo asolado por aquel miedo. Pero la banda cometió un pequeñísimo error: pintó una svástica en la tumba de un mártir de la Revolución en el cementerio Santa Ifigenia. Dos días después los habían capturado a todos. La moraleja es bien clara.

También, para ser justos, la disidencia puede ser controlada más fácil que la corrupción por una causa simple: hoy son pocos los que se atreven a dar la cara. Eso se mantiene a raya con un poco de control (y el Gobierno sabe bien de esas cosas). Pero para frenar la prostitución, la delincuencia, el mercado negro, el influjo de la doble moral, hay que hacer cambios rotundos en la sociedad, pues no basta con recoger un poco de jineteras hoy, o de vendedores de droga: cuando pasen un par de semanas habrá otras tantas, o más, prostituyéndose, vendiendo droga, etc.

14.- Ahora, para terminar, Amir, sabemos que estás en Alemania disfrutando de una beca que te han concedido para escribir, debido al reconocimiento que te has ganado como escritor; además, estás junto con tu esposa e hijo; pues bien, nos puedes hablar un tanto de qué clase de beca es, y de qué te propones en el futuro inmediato?¿Podrás realmente regresar a Cuba? ¿Piensas que el gobierno pudiera tolerar tu libro y tu presencia en el país?

AV.: La beca la otorga el P.E.N Alemán (de la Asociación Internacional de Poetas, Ensayistas y Novelistas) a través de su programa Writers in Exile, proyecto creado para ofrecer este tipo de ayuda a escritores con trayectoria reconocida que tengan problemas en sus países de origen y necesiten permanecer un tiempo alejado del país, o alejarse definitivamente en otros casos. En las circunstancias actuales, luego de todas las acusaciones internacionales que he hecho contra el gobierno cubano desde que decidieron no otorgarme mi permiso de entrada al país, luego de la publicación de Jineteras precisamente en una editorial que ellos consideran enemiga; y luego del anuncio de mi próxima novela, más dura que Jineteras, también en Planeta, regresar es casi un suicidio, de modo que he decidido seguirle exigiendo a Cuba mi derecho a entrar y salir del país, pero cuando yo lo considere conveniente, y no cuando ellos digan, como es hoy con todos los cubanos. La prueba de que no estaban dispuestos a tolerar mi libro y mi presencia en Cuba es esa: aprovecharon un viaje mío al exterior para no dejarme regresar. Un amigo escritor, el también novelista Raúl Antonio Capote, dice que yo soy un mal ejemplo, pues las autoridades creen que puedo resultar “contagioso” si la intelectualidad de la isla ve el respeto que uno se gana, dentro y fuera del país, cuando mantiene una posición como la mía: de independencia desde el pensamiento intelectual.

Amir, ha sido una satisfacción haberte entrevistado. Asimismo agradezco la atención que le has prestado a esta entrevista, y el hecho de que con ella se pueda constatar ese alto grado de humanismo que emana de tus respuestas tan transparentes y esclarecedoras. En fin, te damos las gracias por todo el tiempo que nos has concedido, y que es precioso.


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