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La cúpula cubana o el reino de los “desvermoriados”
25-05-2008

Es increíble la mañosa forma con que el gobierno de la Isla organiza sus campañas mediáticas de descrédito a cuantos osen oponerse a sus designios.
Y no es que sea nueva práctica, ni hayan dejado de contar con una amplia gama de políticos, “intelectuales”, "opinadores" de cualquier tema, blogueros y un sinfín de inclasificables categorías de gentes que con relación a Cuba siempre pasan por “entendidos”. Es que a estas alturas al asco que nos inspiran se une un incontrolado deseo vomitivo.

En los años sesenta se popularizó en los institutos cubanos un juego verbal que consistía en casar diferentes epítetos de manera tal que cada pareja de “adjetivos” creara uno nuevo de mayor índice de objetividad ofensiva. Así conocimos entre otros del matrimonio entre “tarado” y estúpido” que arrojaba como híbrido al popular “tarúpido”; aplicable a un amplio espectro del zoológico cubensis, extensible ¡cómo no! a la gran esfera del zoológico solidario asociado en escala global al disparate que convirtió a nuestra nación en un estercolero.

En esa especial categoría clasificábamos a los profesores que nos perseguían por oír canciones de José Feliciano, Julio Iglesias o los Beatles tildándonos de portadores de no se sabe cuántas “desviaciones ideológicas” y de forma más general a una inmensa masa que ante cualquier duda e inquietud debía esperar los discursos del dictador para “oír la palabra orientadora del Comandante en Jefe” y a estas alturas de rememoración las asqueadas que vaticinan la desasimilación contra natura impiden que continuemos haciendo uso de esos “detalles” de la memoria.

Recientemente y después de casi dos años durante los cuales nos han querido vender a toda costa la ficción de que un anciano en artículo pre-morten “recorría por las noches, campos y villas” –según palabras de su clon circense- y después también que han completado el ciclo continuista de la misma dictadura que después de llevar la nación a la peor de las miserias, convertir a los cubanos en mercenarios de cuanta “causa” les pareció buena para expandir el sistema comunista a nivel internacional, suprimir todas las garantías ciudadanas de derechos humanos civiles y políticos, elevar los índices de prostitución a niveles jamás vistos en la República y un larguísimo etcétera que ocuparía muchas cuartillas; después de eso nos venden el argumento de que son un “gobierno legítimamente constituido” y que sus opositores son “mercenarios del imperio” con el simple “argumento” de que reciben ayuda económica del exterior.

No nos queda otra opción que volver a crear adjetivos para tratar de calificar lo incalificable; como unen a la desvergüenza la calidad de desmemoriados creemos que merecen el calificativo de desvermoriados.

Porque quienes han aplicado a lo largo de toda su historia de más de medio siglo, la práctica confesa de suministrar recursos – los que expolian a la nación- a cuantos grupos insurgentes, terroristas, aventureros políticos, dictadores de tomo y lomo y un sin número de faunos politiqueros de todo el orbe –incluidos políticos de partidos tradicionales en democracias constituidas- son a no negarlo unos verdaderos desvergonzados. Crean una especial filosofía donde todo aquello que les apetece hacer está amparado en términos de “progreso”, con un sentido tal de pragmatismo oportunista, que a aquellos mismos que llamaron “mandarines” durante el discurso de la parada militar del 2 de enero de 1976 los convierten ahora en sus principales aliados en la anunciada “apertura”.

Porque quienes olvidan que desde sus inicios políticos han aceptado dinero de cuanta fuente quiso suministrarle recursos –según reconoció el propio dictador en un discurso para los miembros del Comité Central del PCC y que después fuera obligatorio estudio para los militantes del Partido y las Juventudes Comunistas en 1979- son innegablemente unos desmemoriados a voluntad. Crean un especial vacío de la memoria donde cualquier cosa es buena para ellos y constituye un delito para sus oponentes.

La oposición interna une a sus limitaciones de movimientos y de capacidad crónica de llegar a las masas – por multiplicidad de factores que tienen su inicio y fin en la propia acción de las fuerzas represivas y en el tipo de sistema que impera en el país- la dificultad enorme del financiamiento de su actividad opositora. Ese ha sido y sigue siendo su talón de Aquiles.

No hay actividad humana organizada que pueda desarrollarse al margen de la economía, las personas no sólo deben cubrir sus necesidades de subsistencia individual, sino además deben contar con recursos para poder ejecutar su actividad política. Eso lo saben perfectamente los inventores del “impuesto revolucionario” que saquearon a propietarios, comerciantes, industriales y a cuanta fuente de dinero tuvieron acceso en su etapa de lucha por el poder político –que incluía sonados métodos terroristas- aunque después, al llegar al poder lo primero que hicieron fuera expoliar las propiedades de aquellos mismos que les ayudaron económicamente. En buena medida para adueñarse a nombre del pueblo mediante “nacionalizaciones” de todos los recursos económicos y en otra buena medida para cortar la fuente probable de ayuda a la oposición política.

La actual campaña de descrédito, amén de que da juego a cuanto “tarúpido” a voluntad se sume desde la Red o desde otros medios –incluidas las numerosas “asociaciones de solidaridad”, que en su nueva variante de “asociaciones de cubanos en el extranjero” suma una nueva clase de tarado oportunista nacional- la nueva campaña, está ante todo dirigida hacia el interior del país. Mencionar en una “mesa redonda” –que por su línea política es más que cuadrada- entregas o remesas de algo más de 150 dólares por persona –es decir para una familia que tiene a un miembro en prisión- es por estos lares risible, pero crea el efecto deseado en una parte importante de la población interna.

¡Divide y vencerás! ¡Miente que algo queda! Han sido siempre las verdaderas consignas prácticas del sistema. La imagen que nos quieren vender de aperturismo, sacando a la palestra a nuevas figuras mediáticas del régimen –del clan deberíamos decir- no sirven más que para justificar los intereses propios de la dictadura totalitaria y de sus aliados, porque a fin de cuentas ¡El negocio es el negocio! Y con ello cuentan los que pretenden que todo siga como hasta ahora, para ello deben simular que todo cambia para que todo siga igual.

Mientras desacreditan a sus opositores, consolidan el continuismo y siguen haciendo lo de siempre, es decir, ¡lo que les dé la gana!, utilizan el viejo reclamo colonial ¡Hombres y pesetas, que estamos ganando!; sólo que estos reclamos suelen ser parientes cercanos de la plaga de cucarachas que invadió al imperio romano poco antes de pasar a ser historia antigua, porque ¿Se han dado cuenta del bajón de referencias de Fidel castro en la Red? Y eso que según dicen, aún no ha muerto.


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