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Los olvidados
05-05-2007

No vamos a hacer referencia en estas líneas a la película homónima del realizador español en su etapa de cine mexicano, aunque sí a un tema que increíblemente sigue pasando inadvertido para la opinión pública; el de los jóvenes cubanos que han de cumplir el Servicio Militar Obligatorio.

A diferencia de numerosos países - España hasta un pasado reciente- los jóvenes cubanos no pueden declararse objetores de conciencia y el único destino que les espera en caso de negarse a cumplir el servicio militar es la cárcel.

Incluso hasta principios de los años setenta, los reclutas que desertaban de las unidades militares o cometían “indisciplinas”, cumplían sanción en las galeras destinadas a los presos comunes. Las galeras del castillo del Morro, la fortaleza de la Cabaña y la casi totalidad de los campos de internamiento y trabajo forzado de la Isla conocieron de la presencia de jóvenes que se negaban a cumplir las exigencias militaristas del gobierno totalitario.

La creación, tiempo después, de cárceles destinadas sólo a militares no mejoró en nada la situación, sólo las envolvió en el hálito de “secreto militar”.

A la fecha de hoy, sólo en las inmediaciones de la capital de la Isla, esta Redacción tiene perfectamente documentada la existencia de al menos tres centros de castigo e internamiento para militares, en su mayoría reclutas del Servicio Militar Obligatorio.

La prisión de Lanuza, en las inmediaciones de San José de las Lajas, no es por más conocida, la única; otras dos dependencias, conocidas por los nombres de “Vaca Muerta” y “El Seis”, ponen la carne da gallina a los jóvenes cubanos que deben soportar durante su reclutamiento, los maltratos y vejaciones a que son sometidos dentro de los campamentos militares, con mucha más frecuencia de la que se pueda imaginar.

Los más de cuarenta años de existencia del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, han arrojado un saldo incalculable de traumas psicológicos y familiares. Durante todo ese tiempo han sido frecuentes las mutilaciones y suicidios de jóvenes, sin contar los muertos en maniobras militares, a las que siempre se calculan a priori la cantidad de lesionados y muertos en “accidentes”. No hablemos ya de los muertos en combate en lejanas tierras, durante la época de aventuras internacionalistas del gobierno de La Habana o los que regresando con vida de dichas “misiones”, trajeron consigo numerosas enfermedades –SIDA incluido- y que se dejaron la salud o la vida como consecuencia de ellas.

Son extremadamente conocidos por nuestros jóvenes los abusos de poder de oficiales, que no sólo maltratan de hecho o de palabra a sus subordinados, sino que se sirven de ellos para fines personales, tanto en las unidades militares regulares como en las prisiones y unidades militares de castigo.

Son muchas las viviendas de oficiales, construidas o mejoradas con la mano de obra de reclutas o presos militares, e infinitas la lista de labores –ilícitas según las propias leyes del estado totalitario- en las que se ven obligados a participar de grado o por fuerza. Muchos los oficiales que medran económicamente de los recursos fruto del trabajo de los jóvenes reclutas del Ejército Juvenil del Trabajo.

No es de extrañar entonces que en menos de un año hayan saltado a la luz pública al menos tres hechos violentos protagonizados por reclutas.

En estas mismas páginas publicamos recientemente la noticia sobre brutalidad carcelaria que reproducimos a continuación:

“Ciego de Ávila, Cuba, 10 de febrero de 2007/ Luís Esteban Espinosa/Payolibre/ Un grupo de reclusos políticos y comunes de la prisión Disciplinaria de Kilo 9, en la provincia de Camagüey, acusan a militares de ese centro penitenciario de usar tratos crueles, inhumanos y degradantes, responsabilizándolos de la muerte del recluso Jeile Rodríguez Aguilar, de 19 años de edad.

Virgilio Mantilla Arango, secretario nacional de atención a presos políticos de la Fundación Cubana de Derechos Humanos, dio lectura desde ese penal a una misiva por vía telefónica a Juan Carlos González Leiva, presidente de dicha organización, la cual expresa:

Nosotros, los abajo firmantes, damos fe abiertamente de que vimos y escuchamos a los carceleros Nelson Meriño, al oficial de guardia superior llamado Reynaldo y al reeducador conocido por “El Indio”, cuando golpearon salvajemente en uno de los pasillos de este centro penitenciario al joven Jeile Rodríguez Aguilar; seguidamente lo arrastraron para una celda de castigo y confinamiento y allí pudimos escuchar como le dieron otra descomunal paliza y lo dejaron encerrado, sin asistencia médica, lo que lo llevó a la muerte.

Este hecho ocurrió este 23 de enero de 2007, aproximadamente a las 6 de la tarde, porque a Rodríguez Aguilar querían introducirlo por la fuerza en el destacamento #8, donde tenia problemas con otros reos y por eso el exigía ser trasladado de galera.

A sus familiares que nos han pedido esta carta abierta y acusan actualmente al gobierno en la fiscalía militar, les enviamos nuestro pésame.

Ante la comunidad y la opinión pública internacional le reiteramos que acusamos a los militares de la prisión camagüeyana de Kilo 9 por sus actos criminales, así como por las agresiones físicas diarias contra los presos.

Todos los reclusos de este centro penitenciario alzamos nuestras voces, pues esto constituye una amenaza de muerte constante para nosotros y un sufrimiento profundo en los corazones de nuestros familiares, como el que hoy padece la familia del joven fallecido Jeile Rodríguez Aguilar…”

Otras noticias en este mismo lapsus de tiempo relatan sobre hechos de sangre protagonizados por reclutas que hastiados del régimen disciplinario a que son sometidos toman el camino de la rebelión armada contra los abusos.

El domingo 29 de abril se produjo un hecho escenificado por reclutas en el campamento militar de Managua - a pocos kilómetros de la capital- que continuó con el secuestro de un oficial y el intento de rapto de un avión civil y cuyos pormenores han sido diseminados por todas las agencias de prensa. El luctuoso hecho, que terminó con la muerte del rehén y de uno de los reclutas sublevados fue endosado inmediatamente por la propaganda totalitaria al “imperialismo norteamericano” y por supuesto al Acta de Exclusión Cubana.

Como siempre, la dictadura hurga en la paja del ojo ajeno olvidando la viga que enceguece su mirada. Es en la propia existencia de un ejército que se sirve de conscriptos a la fuerza donde se han de buscar las causas de hechos de este tipo y sobre todo en las condiciones de vida y de servicio de tantos jóvenes a los que se les niega el derecho a decidir según su conciencia y que sufren con mucha más frecuencia de la imaginada los abusos de poder de sus superiores.

Recientemente documentamos el regreso de un joven -después de cumplir sentencia en “El Seis”- a su unidad militar de origen y cómo sus propios compañeros de unidad reservaban para él diariamente, una parte de sus raciones de alimentos para devolverlo a su peso, pues según las palabras de sus compañeros, “parecía un judío salido de un campo de concentración nazi”; tal era el estado físico del joven cubano, después de pasar por un campo de castigo.

No por merecidamente publicitados son los opositores y disidentes cubanos los únicos cubanos que sufren los rigores carcelarios de un estado totalitario, Cuba entera sufre y desde hace muchos años nuestros jóvenes reclutas.

Las organizaciones internacionales y los gobiernos que tan buenas relaciones suelen tener con la dictadura cubana, debieran exigir que ¡al menos! pueda implantarse en la Isla la figura jurídica del Objetor de Conciencia. Es lo menos que indica la decencia y por supuesto lo mínimo que debemos a nuestros muchachos.

 


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