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Oposición Dislocada.
07-10-2006

Según se comenta, cuando se encuentran cuatro cubanos los más probable es que al despedirse se hayan fundado cuatro partidos políticos; cuando menos dos, por el no estar solos en el próximo café. Esto solo acontece cuando el grupo no esta compuesto por humanistas sino por aficionados políticos, aunque justo es reconocerlo de estos últimos hay demasiados.

Ante la actual situación política que atraviesa Cuba, es el momento de aunar esfuerzos entre todos los movimientos cívicos, pero antes de esto se debe clarificar el posible mapa de partidos.

Día a día nos llegan comunicados de diferentes partidos tanto de la Isla como del exterior. Algunos de ellos pueden ser consultados en secciones fijas de nuestras páginas, otros aparecen en las noticias que editamos en portada; si pusiéramos sobre un tablero la cantidad de siglas diferentes, nos encontraríamos ante un puzzle imposible de resolver.

Algunos piensan que desde que el gobierno cubano actuó contra la oposición en el 2003, esta dejó de existir; lo cual obviamente no es cierto. Los movimientos están en activo, trabajan y efectivamente están mucho mas unidos y realizan mas acciones conjuntas que la disidencia exterior, comparando las posibilidades reales de unos y otros.

Lo realmente grave, es que mientras los que sólo lloran y -en sus recuerdos o fantasías-, trazan planes utópicos e ilusorios expresados con voz airada, mientras se acusan unos a los otros de no ser suficientemente patriotas; olvidan que otros que no tienen ni pan que llevarse a la boca realizan un trabajo sordo y sobrehumano por la transición nacional, luchando dentro de la cueva del dragón.

A esta oposición interna con independencia de su matiz ideológico es a quien tenemos obligación de ayudar; los partidos cubanos, son cubanos donde quiera que radiquen, sin embargo los que residen en el exterior no han de ser más que una extensión de la Isla y complementar a las organizaciones internas. Otra cosa sería debilitar el trabajo del interior, que tarde o temprano fructificará en la posibilidad de encausar un cambio.

Tampoco se pueden desde el interior, obviar los derechos de los cubanos que residen en el extranjero, esa es también una forma de debilitar el trabajo que ha de ser forzosamente conjunto y justo es reconocer que una buena parte del exilio militante exterior proviene de las filas de la oposición interna y no ha cejado, en sus objetivos pese a encontrarse fuera.

Desde este Madrid, en el que editamos el periódico y a partir la lejanía física que no espiritual, en oportunidades tenemos perspectivas más bien desoladoras del comportamiento de una parte de la oposición en el exilio; lenguajes de barricada, ideas exaltadas y fijaciones utópicas de toma del poder con sangre si es preciso – sin dejar claro cuál de ellos pondría el primer muerto en el empeño- y por supuesto sin ningún tipo de unión efectiva.

Olvidan puntos esenciales de la realidad cubana de hoy; los cubanos son gente educada bajo la batuta de un régimen que se ha encargado de cambiar la historia que enseña. Por lo tanto, piensan tal como les han enseñado y tienen pavor de perder su realidad y lo que tienen, que no es nada, pero que es su tesoro. Al escuchar estos lenguajes, los residentes en el interior del país piensan van a perder sus casas, que van a perder sus trabajos, que cualquier cosa podría ocurrir. Por otra parte están hastiados del vocabulario político de barricada, quieren vivir ¡al fin! como personas normales y les aterra con razón la probabilidad de un cambio por ruptura.

Pensamos que no se deben usar ni estos lenguajes ni estas ideas bárbaras – la vía armada no es posible dada la superioridad militar del contrario y la certeza de que sería llevar al país a una guerra civil- , ni expresar mensajes de futuro llenos de irrealidades, por que lo único que se va a conseguir es miedo, miedo y más miedo. El pueblo cubano no se lo merece.

Lo más terrible es que cada grupo dice que representa la Cuba Libre, cuando no se representan más que a ellos mismos. ¿Por qué si no, hay tantos y tan dispares Partidos? ¿Por qué se ponen zancadillas los unos a los otros?

Desde la oposición en el exilio, se tiene la obligación de aunar esfuerzos para un mismo fin; la clarificación del mapa político -que ha de estar por encima de las individualidades- y dar un mensaje de futuro firme, pero no exaltado.

Por último hemos de indicar que los partidos existen, entre otros motivos porque trabajan por unas ideas que están por encima de las individualidades, pensando en trabajar por el estado del bien estar y ser capaces de transmitir confianza al pueblo. Sin esa confianza nada será posible y todos los esfuerzos caerán en saco roto.

Pónganse nuestros líderes políticos manos a la obra. Es su obligación; de lo contrario, renuncien al liderazgo y den paso a una nueva hornada, es en definitiva, ley de vida. Lo que no se renueva perece, pensemos en ello.


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