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LA MISMA PIEDRA
20-11-2006, Oscar Espinosa Chepe

Según se dice, el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra. Esta antigua aseveración provoca dudas cuando se examina la política norteamericana hacia Cuba, y puede constatarse que en 15 ocasiones Estados Unidos ha sido condenado en la Asamblea General de las Naciones Unidas por mantener un embargo económico, comercial y financiero de naturaleza virtual.

El 8 de noviembre fue la última oportunidad, con una votación de 183 países a favor de la condena contra 4 en contra. Israel, uno de los tres aliados de Estados Unidos, desde hace años se caracteriza por ser un importante socio económico del gobierno cubano, con fuertes inversiones en cítricos, suministro de mercancías varias para las tiendas de venta en divisas y la construcción de edificios de apartamentos y de oficinas, por tanto su voto es pura formalidad.

Estas votaciones contra Estados Unidos se han producido desde 1992 y, si no son un record, constituyen un poderoso average, demostrativo de la absurda obcecación de una nación con tanta experiencia política y diplomática. Como en ocasiones anteriores, muchas naciones que históricamente han condenado al gobierno cubano por las reiteradas violaciones de los derechos humanos, se han visto obligadas a alinearse con La Habana en contra de Washington.

Australia, este año, trató de compensar un poco el proyecto de resolución presentado por los representantes de Cuba, mediante una enmienda que pedía el respeto a los derechos humanos. Lamentablemente, lo hizo sólo una horas antes de la votación, lo cual impidió que prosperara la propuesta, bloqueada por una moción de no acción. Aun así concitó el apoyo de 51 importantes países.

En la isla todas estas votaciones se han celebrado con gran algarabía. Sin embargo, más que una victoria de la diplomacia cubana, ha sido otra derrota de la política exterior norteamericana, que apartándose de sus experiencias exitosas en el Este de Europa o en el Sudeste Asiático, donde la firmeza de principios se ha combinado con la flexibilidad requerida, se mantienen y refuerzan políticas fracasadas e inconsecuentes, al parecer destinadas a satisfacer determinados sectores del exilio cubano, por cierto cada vez menos numerosos y caracterizados por la falta de creatividad.

Esta política norteamericana es paradójica porque en la Isla, la mayoría de los ciudadanos, no la aceptan ni la quieren. Sólo sirve de coartada al régimen para sus campañas de propaganda internacional y justificar su inmovilismo y represión. Con ello, de hecho, aunque no sea el propósito, durante muchos años ha constituido un elemento de apoyo a los sectores más intransigentes y duros dentro del régimen. No por casualidad, algunos llaman a la Ley Helms-Burton, la Ley Helms-Castro.

Por otra parte, La Habana tiene poco que festejar. En realidad sólo puede hablarse de un embargo virtual. Una de los principales ingresos en divisas de Cuba son las remesas provenientes de Estados Unidos, de las cuales el gobierno se apropia un 20,0% mediante impuestos y depreciaciones injustificadas del dólar, y después a través de precios de monopolio aplicados en las tiendas de recuperación de divisas. Según CEPAL, su monto anual podría estar en el entorno de 800-1000 millones de dólares, lo que representa uno de los principales ingresos netos actualmente.

Asimismo, Estados Unidos se ha constituido desde 2001 en el principal suministrador de alimentos. Al cierre del 2006 las compras hechas en estos años se aproximarán a un total de 2 mil millones de dólares, lo que convierte en más absurdo y ridículo al embargo y otras medidas, tanto como que los cubanos residentes sólo puedan visitar Cuba cada tres años. Esto conviene al totalitarismo, pues lo libera de la “indeseada” contaminación ideológica.

Debe añadirse, que el gobierno cubano ha realizado cálculos muy manipulados sobre los daños ocasionados por el embargo a la economía cubana. En ellos se señala la pérdida de 5,5 miles de millones de dólares por un supuesto impacto del robo de cerebros, cuando todo el mundo conoce que los profesionales y toda la población desean abandonar el país debido a la miseria y la falta de perspectiva existentes.

El gobierno cubano debería calcular la depreciación presente en el capital humano de Cuba actualmente por la falta de motivación e información, incluidas las restricciones de acceso a Internet.

Hoy existe una inversión de la pirámide social, por lo cual un parqueador de autos, un maletero o un sirviente en un hotel para extranjeros puede ganar en un día con propinas lo que un cirujano, un ingeniero, un físico, un economista, u otro profesional no gana en meses. En modo alguno puede menospreciarse el valor del indispensable trabajo sencillo y humilde, pero muy mal anda un país cuando estos desequilibrios se presentan masivamente.

Sería de gran utilidad que el gobierno de Cuba, además de entretenerse en hacer cálculos superficiales sobre el supuesto embargo, cuantificara las pérdidas causadas a la economía y la sociedad cubana por el bloqueo que tiene impuesto al pueblo cubano. Allí pudiera tomar en cuenta la destrucción de la industria azucarera, la ganadería y toda la agricultura; la continuada devastación de la infraestructura, incluidos edificios, industrias, calles, centros deportivos y culturales, escuelas, hospitales; prácticamente todo. También debería incluir, los enormes daños causados a los valores espirituales de la ciudadanía, con un sistema que ha promovido la doble moral, la hipocresía, la corrupción y el delito. Habría que sumar a ello el dolor causado por la separación y destrucción de las familias, la conversión en delincuente de muchas personas que en condiciones normales no hubieran cometido delitos, y que hoy sufren condenas en inhóspitas cárceles. Si las autoridades quisieran ser honestas deberían añadir todos los sufrimientos causados en casi medio siglo al pueblo cubano, fundamentalmente por haberse adulterado los principios originales de la revolución.

Podría decirse que el embargo es contraproducente. De mantenerse sólo servirá de instrumento a los peores designios de los elementos más recalcitrantes dentro del gobierno, al tiempo que el mundo seguirá observando la ironía de una gran nación haciendo el ridículo a escala planetaria.

Esperamos que con los cambios que seguramente traerán las elecciones parciales realizadas en Estados Unidos recientemente, se incremente el sentido común, y el tema cubano pueda ser tratado con mayor racionalidad y sin ingerencias. Tradición y experiencias existen.


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