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Una escuela de Santos Suárez
03-01-2009, Vega Castillo, Asela

Cubamatinal/ A propósito del Día del Educador, mi hijo comentó en la casa necesitaba siete pesos convertibles, algún comestible para la fiesta de ese día, y un regalo aparte del de la maestra para entregarlo a una trabajadora de la escuela del área de servicio.

Se entiende la importancia de la fecha, pero otros acontecimientos permiten reflexionar sobre el tema de la escuela José Manuel Lazo de la Vega, situada en Santos Suárez, Ciudad de la Habana.

Primero: se informó que al cierre del primer período de clases, la nota de todo el grupo en la materia Computación es de B, que en una escala del 1 al 5 viene siendo 3 puntos. Esa nota nos alarmó, ya que conozco los conocimientos del niño en esa asignatura. Cuando indagamos el por qué de la calificación, se nos informó: “El maestro de computación dice que todos tienen B porque él no conoce suficiente a cada niño, ya que sólo lleva quince días trabajando”.

Segundo: al comienzo del segundo período, le aumentaron las horas de clases. La salida de la escuela era a las 4:30, y ahora es hasta las 5:05 P.M. Todos los días le dedican 10 minutos a Información política, y los miércoles tienen 45 minutos más al tema. Los martes terminan después de las 5 porque agregaron un turno de Ajedrez y otro de Deporte Participativo, sin contar los dos turnos semanales de Educación Física. Los jueves tienen otro turno de Deporte Participativo y les quitaron 1 hora de su almuerzo para impartir Arte, aparte de Educación Artística, con 3 turnos semanales. Por último, el viernes tienen un turno de actividades de pioneros (recoger materias primas, etc.) y otro de círculo de interés.

Se han incrementado las actividades escolares en detrimento de las asignaturas básicas del grado, y ya los resultados se empiezan a ver. Solamente en el grupo de mi hijo hay cuatro suspensos en dos asignaturas (Ciencias Naturales y Matemática), lo cual es más alarmante si tenemos en cuenta que dos de ellos son los más inteligentes del aula; las notas más altas rondan entre los 70 y 80 puntos en base a 100. Pedimos una revisión de examen para saber exactamente cuáles fueron los errores, y comprobamos que el niño no domina el concepto de fuerza de gravedad y mucho menos los ángulos de los triángulos.

Este último contenido fue materia nueva en el curso anterior y sólo fue repasado una vez antes del examen de Matemática. Faltan los resultados de Lengua Española. ¿Cómo será lo que viene si les entregaron la semana pasada un texto para examinar Lectura, el cual tenía errores de ortografía? En Ya se han ido dos niños del grupo, trasladados a otras escuelas, y otros cuatro anunciaron que también se trasladarán.

El pasado 5 de diciembre, a las seis y cinco de la tarde, el niño no había llegado a casa. Normalmente llega a las seis. Salimos a buscarlo, y estaba todavía en la escuela en una “acampada”, donde, supuestamente, los muchachos aprenden a amar la naturaleza y técnicas de supervivencias en situaciones difíciles.

Todas las escuelas del área habían terminado desde las 5:30, pero la directora de nuestro centro escolar decidió que los niños debían permanecer hasta las 6:30. Cuando entré para ver las actividades que estaban realizando, los niños se decían, a ritmo de reggaetón, oprobio tras oprobio. Cuando pregunté a mi hijo, dijo que eran lemas; uno de ellos estaba dedicado a un maestro y decía: “Lao, tú eres un punto, todos esos lemas y esas tallas son por gusto”.

En casa no escuchamos reggaetón, no porque estemos en contra del ritmo, sino porque lo que se escucha en Cuba promueve la infidelidad y la violencia doméstica. Y el lenguaje es impropio para nuestros hijos, a quienes debiéramos alejar de esta corriente. Aunque, sacando la cuenta, la permanencia en la escuela de un educando es de 9 horas diarias; por más que se insista en librarlo de polvo y paja, la escuela influye más en ellos que el hogar.

En un artículo del periódico Granma del 12 diciembre, el profesor general integral Serrano Abreu, expresó: “La familia nos exige celosamente que sus hijos tengan maestros bien preparados; sin embargo, es casi nulo el apoyo que brindan a la escuela para que sus pupilos sigan nuestros pasos. Casi se olvida a Martí: Todo hombre tiene derecho a que se le eduque y en pago debe contribuir a la educación de los demás”.

Es cierto que las familias exigimos que nuestros hijos tengan maestros bien preparados. Lo hacemos porque es nuestro derecho. El apoyo que brindamos a las escuelas para que los muchachos estudien, es casi nulo, debido a la indiferencia de las autoridades.
Si nuestros hijos no quieren estudiar Magisterio, quizá sea porque no ven perspectiva a la carrera, que no es bien remunerada, sino también por las malas condiciones laborales, ya sea por la escasez de materiales para trabajar, como por la atención al trabajador, si se tiene en cuenta que los horarios se extienden desde las 8:00 AM hasta las 4:30, y a veces hasta las 5, con una sola comida mal elaborada.

Si estamos a tono con el momento que nos tocó vivir, ¿para qué nuestros hijos van a estudiar una carrera universitaria si luego se hunden en la desesperanza? Se opta muchas veces se opta por el camino más fácil: me hago técnico medio, estudio menos y gano más o menos lo mismo. El conflicto está presente en casi todas las escuelas de la nación.


 


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